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Del retorno de Santa Anna, Dios nos libre

Diálogo País / Top News / 03/06/2020

SOMOSMASS99

 

Laura Cuevas Rodríguez*

Miércoles 3 de junio de 2020

 

Tras su derrota el 9 de agosto de 1855, Antonio López Pérez, conocido en nuestra historia nacional como Antonio López de Santa Anna, dejó la ciudad de México y emprendió su marcha hacia Veracruz, rumbo al último exilio de su vida. Terminó así el paso destructor de ese hombre inconsciente por la historia de nuestro país. 

Santa Anna ocupó –entre interinatos y de manera oficial- durante once ocasiones la presidencia de México; en ese lapso su desempeño se distinguió por sus desaciertos, su falta de constancia, su carencia de convicciones ideológicas, su desconocimiento de la política y, por supuesto, sus constantes y fallidas campañas militares, que tenía la costumbre de convertirlas en triunfos imaginarios.

Desde su inició en la vida política, en los tiempos del primer imperio, hasta su salida de la ciudad de México en 1855, Santa Anna cometió numerosos hechos en contra de la Nación Mexicana. Sin embargo la mayoría de los mexicanos recuerdan al “quince uñas” más que nada por la pérdida de los territorios del norte del país, gracias a su incompetencia. En 1843 permitió la anexión de Texas a Estados Unidos y después de una pésima campaña militar encabezada por él mismo contra el ejército norteamericano en territorio nacional, México perdió los territorios de la Alta California y Nuevo México en 1846.

Después de ese desastre, Santa Anna de manera voluntaria se exilió en Colombia. Y he aquí que los hechos acontecidos en 1853 son para no creerse. 

Autoexiliado lejos del territorio mexicano, Santa Anna recibió la invitación por parte de los conservadores mexicanos para volver a ocupar la presidencia, a condición de cumplir con las exigencias de éstos.

Santa Anna, incrédulo, regresa como dictador. En esta nueva epopeya suya se hace llamar “alteza serenísima”, cobra impuestos irracionales, y para rematar vende el territorio de La Mesilla a los Estados Unidos… el colmo.

Este pasaje de nuestra historia ha sido narrado por el presidente Andrés Manuel López Obrador en varias ocasiones durante sus conferencias mañaneras. Me llamó la atención la insistencia del presidente por narrar los desmanes de Santa Anna, y cómo Lucas Alamán lo instó a volver de Colombia, pues al cabo ellos controlaban a la prensa.

De manera personal considero que la narrativa de la historia de Santa Ana se ajusta en el momento actual al retorno que quiere hacer a la vida política el expresidente Felipe Calderón.

Calderón -un presidente usurpador para muchos- durante su sexenio cometió atrocidades tan graves como las de Santa Anna. Y como ejemplo baste citar su nefasta guerra contra el narcotráfico, que fue en realidad una guerra contra el pueblo de México, cuyas consecuencias seguimos padeciendo, dicho por especialistas y conocedores del tema. Guerra que nos ha costado cientos de miles de vidas, desaparecidos, torturados, extorsionados, secuestrados, gente encarcelada de manera injusta, por mencionar algunos de sus efectos nocivos.

Guerra infame que resultó ser una farsa. Farsa evidenciada por periodistas profesionales y con credibilidad y también por parte de gente cercana al círculo presidencial de ese momento. Dicha farsa consistió en que se aparentó una lucha contra los carteles de la droga en México, usando para ello los medios de comunicación, y de fondo, detrás de bambalinas, se atacaba a ciertos grupos delincuenciales y se protegía a otros a cambio de dinero. El encargado de dicho entramado fue el secretario de Seguridad de Calderón, Genero García Luna, quien en este momento se encuentra preso en Estados Unidos acusado de complicidad con el cartel de Sinaloa para traficar droga a ese país. Calderón dice que él no sabía de esos tratos sucios de su secretario de Seguridad. Periodistas como Anabel Hernández, Olga Wornat, Lydia Cacho, así como el general Tomás Ángeles Dauahare -perseguido y encarcelado en tiempos de Caderón por manifestarlo- han dicho que sus investigaciones les llevan a concluir que Felipe Calderón si sabía y por lo tanto debe ser juzgado.

Y en el colmo de la falta de decencia, Calderón no se baja de la escena política, opina como si fuera dueño de una gran autoridad moral, critica a través de su Twitter a quien le place, siendo, por supuesto, su blanco preferido el presidente y el gobierno actual. Se ha peleado a través de la mencionada red hasta con el embajador de los Estados Unidos en nuestro país.

Y la gota que derrama el vaso, ha reunido –según él y su esposa- las firmas necesarias para formar un nuevo partido, México libre. Una gran mayoría consideramos que debido a la aprehensión de su exsecretario de seguridad, no se debiera considerar siquiera la posibilidad de que este partido se registre. Además de que ya en una ocasión su esposa falsificó firmas para postularse como candidata independiente en las elecciones pasadas.

Por lo anterior y muchos atropellos más a la nación, Calderón es un personaje detestable, su regreso a través de un partido político para obtener fuero, sería como el regreso de Santa Anna en 1853, nefasto.

Esta vez, los medios de la prensa y la televisión siguen aplaudiendo a este personaje impresentable. Sin embargo existe una ventaja, los medios alternativos que hasta el momento han contribuido a un equilibrio en la comunicación. 

Considero que esto último es una herramienta para que el pueblo logre evitar que Calderón vuelva a la política de manera formal y lo que ello implica, y sobre todo para que sea juzgado por los hechos cruentos del sexenio que usurpó la presidencia.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.

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Foto de portada: El Soberano.






Luis López




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