SOMOSMASS99
Agustín Ramírez Agundis*
Miércoles 17 de junio de 2020
El lunes de esta semana, en el transcurso de la conferencia matutina organizada por el presidente de la República, el gobernador de Veracruz, quien fungía como anfitrión, en un momento de su mensaje calificó de golpistas al grupo de conservadores que promueve que López Obrador deje el cargo, de la manera que sea. Casi de inmediato, el gobernador Cuitláhuac García atenuó el calificativo y les llamó separatistas. Posteriormente, en el uso de la palabra el presidente dijo que no eran golpistas, ni tampoco separatistas.
La verdad es que a todas luces se comportan como golpistas. Andan por todo el país haciendo campaña en contra de la gestión de quien con todas las de la ley y de manera legítima despacha desde el 1 de diciembre de 2018 en Palacio Nacional, histórico lugar que también ha convertido en su lugar de residencia.
En las elecciones del 1 de julio de 2018, AMLO obtuvo el 53.2% de la votación emitida, 30 millones 113 mil 483 ciudadanos cruzaron la boleta en su favor, superando con más de 17 millones y medio a su más “cercano” adversario; la participación de la ciudadanía fue la más alta de la historia reciente con 63.43% de los registrados en el padrón electoral. Considerando la historia de las elecciones en México, para quienes gustan de los récords, ese día se rompieron varios:
- a) El ahora presidente se convirtió en el candidato con más votos recibidos en una elección.
- b) Se manifestó el mayor número de ciudadanos que acuden a las urnas a lo largo de una jornada electoral.
- c) Fue la cantidad más alta de mujeres en ejercer su derecho al voto en unas elecciones.
- d) Se presentó la mayor participación de ciudadanos con 18 años de edad (64.7%).
- e) Ocurrió la mayor cantidad de votos emitidos en el extranjero para un candidato (63 mil 863, representando el 64.86%).
- f) Se dio la mayor diferencia de votos entre el candidato ganador y el que ocupó el segundo lugar, esto al menos desde que las elecciones en nuestro país se volvieron competitivas.
Cito estas cifras y récords porque dan cuenta de la manera amplia y diversa con la cual Andrés Manuel López Obrador obtuvo el triunfo electoral alcanzando con toda legalidad y legitimidad la máxima magistratura del país. En este sentido, cabría recordar que obtuvo la victoria en 31 de las 32 entidades federativas; sólo en Guanajuato no ganó.
Los golpistas no están de acuerdo con las acciones que ha venido realizando el Presidente de la República. Pues ése es un problema de ellos y no del hombre que gobierna en todo momento de acuerdo con las directrices que ha venido planteando desde hace muchos años, de manera destacada las que delineó a lo largo de la campaña presidencial del 2018 y que lo llevaron a la victoria, en tanto que respondían a los reclamos y anhelos de la gente.
Sobre todo, se niegan a aceptar las consecuencias del principal propósito enunciando por el presidente, erradicar la corrupción. Los golpistas no son capaces de concebir un gobierno en el que no valgan el compadrazgo, el amiguismo, el influyentismo, el nepotismo, la evasión de impuestos, las facturas falsas, las empresas fantasma, y otras tantas lacras que por mucho tiempo han significado para los mexicanos una gran sangría de los recursos públicos.
Primero los pobres… para los golpistas es un insulto el escuchar esa frase que encierra otro de los propósitos centrales del presidente. Si la mera mención de esa directriz fundamental del gobierno federal les causa gran desazón, mucho más les duele darse cuenta que se materialice a través de los programas sociales, la mayoría de los cuales han quedado garantizados en nuestra Carta Magna, desde luego, con el voto en contra de los legisladores del PAN, partido que cobija a buena cantidad de los golpistas, aunque no a todos, algunos andan escudados tras las siglas del partido naranja propiedad de Dante Delgado.
Los conservadores todo el tiempo se han asumido como adalides de la democracia. Bueno, pues todo lo malo trae consigo ciertas bondades. Hoy es claro que la democracia sólo les va bien cuando la pueden utilizar para darle cobijo a sus intereses personales o de grupo, no a los de la nación en su totalidad y, mucho menos, a las aspiraciones populares. Para ellos la democracia es un concepto vago que hasta ahora sólo se ha materializado cada tres o seis años en un solo instante, ése en el que se introducen unos papeles llamados votos en unas cajas a las que les llama urnas.
En la mente de los golpistas no cabe la idea de la democracia “como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”, según lo establece el Art. Tercero de nuestra Constitución. No, eso es mucho pedir.
Los golpistas no han podido asimilar el resultado del 1 de julio de 2018. No han terminado de darse cuenta que en esa fecha abrumadoramente el pueblo le dio el apoyo a Andrés Manuel López Obrador, con lo cual se abrió la puerta a una profunda transformación que hoy está en curso y no les agrada en cuanto a que el trato privilegiado que recibían no existe más.
Hoy, su desesperación va creciendo, de manera mezquina intentan aprovechar la grave situación de salud y económica provocada por el coronavirus para intentar destituir al Presidente. Su irritación se intensifica al constatar que las preferencias de AMLO se mantienen muy arriba, casi el 90% de quienes votaron por él están de acuerdo con su forma de gobernar. También, casi enloquecen cuando las encuestas señalan que en las elecciones del próximo año es muy alta la probabilidad de que Morena gane la mayoría de las gubernaturas que estarán en juego y que ese partido mantendrá la mayoría de curules en ambas cámaras del Congreso Federal.
Por eso, los golpistas se están viendo obligados a quitarse la careta y a actuar y mostrarse tal como son: antidemocráticos, violentos, sectarios, abiertamente contrarios a los intereses populares…
Sus argumentos son muy pobres. No se cansan de tildar a López Obrador de comunista y de pedirle que se vaya a Cuba o a Venezuela. Esas acusaciones no tienen ningún fundamento. Es aventurado, incluso, catalogar al presidente como una persona de izquierda. Lo que él expresa todos los días es una posición contraria al neoliberalismo, pero nunca se ha pronunciado como anticapitalista, mucho menos socialista y ni pensar en comunista. Eso sólo cabe en el enfermo cerebro de los golpistas que se niegan a aceptar la realidad.
La Constitución, las normas electorales, los procedimientos judiciales, el trabajo parlamentario, todo eso no les importa. No saben o no pueden utilizar la legalidad para conducir sus inquietudes y desacuerdos. El propio López Obrador promovió los cambios constitucionales para establecer la Revocación de Mandato, proceso que se realizará, en el 2022 (la propuesta de AMLO fue que se realizará en el 2021). Pero no, se les hace tarde, quieren que se vaya y ya.
Sí Chucha, y sus calzonsotes.
Somos muchos, muchos más, los que estamos en favor de la legalidad. Ellos son unos cuantos, pero allí andan exhibiéndose como lo que son… unos burdos golpistas.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Imagen de portada: Reunión de gobernadores del PAN en Dolores Hidalgo, Guanajuuato. | Foto: Diego Sinhue Rodríguez Vallejo Facebook.
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