Raúl Muñiz Torres / SomosMass99
León, Gto. / 7 de septiembre de 2014

- Según el reporte semestral -enero-junio 2014- sobre las agresiones a periodistas en nuestro país, Artículo 19 destaca: la repetición crónica de ataques a la libertad de expresión y la inacción gubernamental.
En el año 2012, Artículo 19 presentó “Silencio Forzado”, un documental en donde “se revela a un Estado que, por acción u omisión, se ha convertido en cómplice de la violencia contra la prensa en México”.
Dicho documental tuvo también como fin, “hacer un recuento de las agresiones contra periodistas y medios de comunicación durante 2011”, pero también “se proponía ser una memoria más amplia de años recientes (especialmente de 2009 a 2011) y ofrecer una lectura de cómo las represalias que tradicionalmente se dirigían contra quien desafiaba a la figura presidencial o cuestionaba la actuación de los encargados de la función pública, se transformaron y escalaron en magnitud y frecuencia, merced al control que las autoridades –las legalmente instituidas y las de facto-, ejercen sobre la información en varias regiones”.
Sin embargo, en “Silencio forzado”, destacan varias voces que lanzan también un mensaje a los dueños de los medios de comunicación para que reflexionen sobre su responsabilidad en torno a la garantía que debe tener sus periodistas, en su vida e integridad física:
“El periodismo nacional está muy jodido. Que lamentable que los dueños de los medios de comunicación no se interesen por su base, por los obreros. Nosotros somos los reporteros, el primer contacto con la gente, somos la primera cara de su empresa”, dijo el periodista, Ely Castillo Nava, de Morelia.
Por su parte, Lydia Cacho, que fue víctima del poder del Estado por revelar a la mafia de la pederastia en México, asegura en el documental:
“Los reporteros no tienen ningún tipo de protección. No tienen las mínimas garantías de seguridad social, no tienen derecho a la salud, no están protegidos adecuadamente, cuyos directivos o editores no están preocupados por su integridad física, por las de sus familias, por su integridad incluso moral y emocional cuando cubren ciertos casos delicados”.
Y Antonio Ramos Tafella, periodista en la ciudad de Morelia, hacía eco sobre los magros ingresos que los reporteros ganan en algunos medios:
“¿Cuánto gana un periodista que está anexado a una redacción? ¿Dos mil pesos quincenales? No gana más”.
Uno de los problemas que los dueños de los medios tienen que visualizar también, es la forma en que se ve al periodismo como negocio y en ese tenor, Adela Navarro, directora del Semanario Zeta de Tijuana, establece que “en el momento en que se empieza a ver el periodismo como un negocio, el último de la cadena viene siendo el reportero y es un error porque lo estamos dejando sólo, cuando es (el reportero) de lo que se nutre una estructura editorial”.
En su informe semestral (enero-junio 2014) sobre las agresiones a periodistas en nuestro país, Artículo 19 establece que “las agresiones a la prensa en México, durante el segundo trimestre del año, se han caracterizado por dos graves violaciones a los derechos humanos que han puesto en riesgo la labor periodística: La repetición crónica de ataques a la libertad de expresión y la inacción gubernamental”.
Y así mismo, Artículo 19 recuerda lo que Frank La Rue, relator especial sobre la Promoción y Protección del derecho a la Libertad de Opinión y Expresión, dijo sobre la impunidad: “constituye un obstáculo fundamental para la protección de la vida y la integridad personal de las y los periodistas, puesto que anima a atentar a sabiendas de que no habrá consecuencias legales”.
Sin embargo, los periodistas se encuentran en la vida diaria con otra realidad, la imposibilidad de garantizar el futuro de su familia en cualquier compañía aseguradora:
“Si tú vas y tratas de comprar un seguro de vida, en el momento en que les digas que eres periodista, te niegan que lo compres o te ponen una cuota mucho muy alta por el riesgo que representa ser periodista”, dice en “Silencio forzado”, el periodista moreliano, Juan Ignacio Salazar Rodríguez.
Karla Silva y la posible impunidad
El jueves pasado, Karla Silva, corresponsal en Silao del periódico El Heraldo del Bajío, fue agredida por tres hombres, uno de ellos armado con un cuchillo. Las lesiones llevaron a la joven reportera al hospital.
El caso de Karla se une así a la reflexión que Artículo 19 hace en su informe cuando señala que “la repetición de las agresiones y la impunidad que suele acompañar a los casos documentados, ha provocado que la violencia contra la prensa tienda a incrementarse, pero también un efecto amedrentador para las y los profesionales de los medios, quienes optan por continuar con su trabajo a pesar de los riesgos de informar en un país como México donde más del 90 por ciento de los delitos denunciados quedan en la impunidad”.
En “Silencio forzado”, hacia su parte final, los periodistas entrevistados, responden a la pregunta del por qué siguen en el ejercicio de su profesión, las respuestas son diversas pero todos coinciden en que seguirán al frente, que no desfallecerán, que nada los detendrá para continuar con su trabajo.
Son respuestas que debieran poner también a pensar y actuar a los medios de comunicación y a sus dueños para que dignifiquen el periodismo, a sus reporteros y lancen también un mensaje de que de este lado, la tarea se está haciendo.

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