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De tiempos ficticios

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 13 de julio de 2020

 

(…) Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma. 

«Ficciones» (1944)

– Jorge Luis Borges

 

Foto: Gwenn-Aëlle Folange Téry

En estos tiempos de “Tengo tiempo”, “No sé qué hacer con mi tiempo”, “Cuánto tiempo va a durar esto” y tiempos estresados, he vuelto a leer algunos clásicos de ciencia ficción. Tengo varias antologías que me gustan mucho porque van por tema: robots, seres divinos o, el que acabo de cerrar, 4ta dimensión.

Al principio de cada antología hay un prólogo que explica el por qué se escogieron ciertos textos y otros no, una explicación del tema en sí y comentarios que son como una onda de justificar que la ciencia ficción pueda ser catalogada como  literatura.

La primera vez que leí uno de esos prólogos me sorprendí mucho. Para mí no había cuestionamiento en cuanto a la calidad de la ciencia ficción como tipo de literatura. Pero parece que hay muchas personas que opinan lo contrario, igual que los que piensan que el rap no es música, ni el rock de hecho y mucho menos el Heavy Metal.

Al final de cada libro hay una biografía de los autores, construida como una manera de explicar el porqué de la incursión temprana o tardía de cada persona en la sci-fi escrita. Y me vuelvo a sorprender. Hay personas que en su vida escribieron una sola novela y aquí están, otros que no hicieron más que eso, otros más que conjugaban trabajar de arquitectos por ejemplo con la escritura. Estas biografías me motivan a seguir con lo que hago, hay mil caminos pues.

Concluyo, a mitad de mi escrito, que toda literatura me hace crecer, hasta los textos apenas entrevistos en línea y las novelas rosas, muy rosas, incluyendo lo que no leo porque no me gusta o porque no lo entiendo.

Quise escribir, quiero todavía porque no lo he logrado, algo usando lo de la 4ta dimensión, el tiempo.

Usar el tiempo de manera no lineal e intentar ver si estoy muerta aquí o en el pasado pero viva mañana.

Y me hice bolas, – no lineales- en ese concepto del tiempo que va y viene igual que el espacio. No logro envolver mi mente alrededor de eso, soy más astuta con los lugares, será que es más fácil ir de la cocina a la sala que ir y venir entre la edad de piedra y el último día de la tierra.

Intenté entonces apoyarme en un cuento, el de la Bella Durmiente, tratando de mandar al rey a su pasado para que no ofendiera a la bruja y no hubiera castigo [que recaerá sobre tus hijos y los hijos de tus hijos].

En una versión el rey pudo arreglar todo y ya. Era aburrida, la verdad, escribir sobre una princesa a la que no le pasa nada es como ver infomerciales, miras pero no compras.

En otra, el rey no cabía en el pasado, todos los lugares (¿temporales?) estaban ocupados y rebotaba eternamente de un momento a otro, pasando su eternidad cual pelota de voleibol, entre eternos saques y bloqueos.

Me gustó mucho la versión en la que el rey lograba no ofender a la bruja, pero era porque en el tiempo al que había llegado, no tenía hija  ni había a quien ofender y terminaba sus días en un rincón de la plaza hablando de su hija inexistente. La gente le daba pan duro y agua, y su ocupación principal era ver como una mujer cardaba la lana en una rueca negra, reluciente.

Luego sólo cambié el tiempo de espera, que cien años de soledad ya lo escribió otra persona tantito más ducha que yo, sólo durmieron todos dos días y sus noches, sin sueños ni pesadillas. Pero el príncipe al ver a la bella durmiente eligió no besarla porque le pareció  que iba a despertar levantando un cartel de Mi cuerpo es mío. Sí, el tiempo era hoy, futuro de quien escribió aquél cuento, que ¡vaya qué imaginación tenía ese señor Perrault!

Mandé luego al pobre rey, que ya se estaba cansando y desorientando, al futuro, uno de esos en los que nadie tiene recuerdos y viven todos en calma. Resultó menos aburrida esta versión que la de “No pasó nada, no hay castigo, ni princesa en peligro”, pero tampoco fue interesante para mí. Los recuerdos que no existen no me mueven.

Y decidí al final dejar mi mente descansar; al rey lo dejé en el futuro, solo, desmemoriado, pero tranquilo. La princesa dejó de existir, la bruja pudo dejar de ser ruin y rencorosa y el príncipe siguió buscando dragones y bosques espesos, ya que nadie le avisó de la desaparición del cuento.

Esto del tiempo envolviéndose, doblándose sobre él mismo me causa conflicto intelectual y luego hasta emocional.

Siento que hay ahí algo que me fascina pero no lo alcanzo.

Tal vez en uno de los futuros que me esperan lo logre.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Foto de portada: Pete Linforth Pixabay






Luis López




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2 Comentarios

el 13/07/2020

Tal vez lo que te falte, querida Gwen Aëlle, sea el conflicto, una constante en los cuentos, sí, pero también en la vida, al que nadie quiere y todos crean, porque ¿qué sería la vida sin él?

el 13/07/2020

No creo.
Fue lo del tiempo, lograr manejar el concepto de manera racional



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