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Feminicidio infantil: el rostro de la vergüenza social e institucional

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SOMOSMASS99

 

LA COLUMNA ROTA

Frida Guerrera*

Jueves 16 de julio de 2020

 

La pregunta que a veces me confunde es: ¿Lo estoy yo o son los demás los que están locos?

Albert Einstein.

 

El 18 de marzo de 2017 una pequeña de entre tres y cinco años fue encontrada asesinada en la avenida Bordo de Xochiaca y Virgen del Camino, en Nezahualcóyotl, Estado de México. Los asesinos de Lupita, Pablo y Yadira, padrastro y madre de la menor, fueron sentenciados a ochenta y ocho años de prisión cada uno.

Desde que me dedicó a documentar y contar historias de mujeres y niñas víctimas de feminicidio, el alma la tengo en un hilo. Abrir la computadora me hace temblar, deseando con todo el corazón que hoy no encuentre a ninguna niña asesinada.

El feminicidio infantil nos debería romper el alma. Cada vez que documentamos un caso de niñas o bebas, un sinfín de pensamientos llegan a la mente. Pensar en lo que esas pequeñas vivieron. Las miles de preguntas que se hicieron. Imaginar el terror en sus ojitos. Es incompresible que como sociedad nos mantengamos impávidos ante situaciones como estas.

En Morelia, Michoacán, el 29 de junio de 2018, luego de ser violada por su padrastro cuando su mamá salió a trabajar, Valentina de cuatro años perdió la batalla. Desde ese día su presunto feminicida se encuentra prófugo. Brenda, la madre de la niña, sumida en el dolor, la culpa, destruida por una sociedad que la señala, la responsabiliza asesinándola con cada acusación, porque no se fijó, porque no se fue a tiempo. Responsabilizando nuevamente a las víctimas, autoridades incapaces que siguen sin encontrar al responsable.

EL 14 de octubre de 2018, en Melchor Ocampo, Estado de México, antes de comer y a cuarenta pasos de su casa, Valeria de 12 años salió a comprar un refresco para la comida. Ya no regresó. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente en un terreno muy cerca de su casa, violada y estrangulada. Su feminicida, que por otro caso había sido sentenciado a 22 años de prisión, fue liberado sin cumplir su sentencia en febrero de 2018. Salió a seguir lastimando niñas. El feminicidio de Valeria fue su última fechoría, con la pronta intervención de las autoridades fue detenido el asesino. Jesús García Sandoval, fue hallado culpable y sentenciado a ochenta y tres años de prisión en enero de 2020.

El 1 de enero de 2019 volvió a suceder. Tan pronto abrí mis redes sociales leí lo indescriptible, una vez más. Camila tenía nueve años, no estaba lejos de casa, sólo a unos pasos de sus padres. El 31 de diciembre de 2018, en la víspera de año nuevo, a las siete de la noche aproximadamente, Marciano se la llevó de la puerta de su casa. Los padres de la niña, en cuanto notaron su ausencia, comenzaron a buscarla y pedir el apoyo de sus vecinos. Lamentablemente, ya entrado el año nuevo, en uno de los cuartos usados como caseta de vigilancia fue encontrado el cuerpo de la pequeña Camila, violada, estrangulada. Su padre fue quien la tomó en sus brazos. “Pensé que solo estaba desmayada”. El primer feminicidio del año, el primer feminicidio infantil. Me causó vergüenza, impotencia. ¡¡¡Chingada madre!!! Cómo era posible, una nena, otra más que vivió sus últimos momentos llena de terror frente a un ser repugnante de no más de 1.50 de estatura, y que decidió que Camila sería su víctima para saciar sus asquerosas necesidades. Marciano fue condenado a prisión vitalicia el pasado 24 de febrero de 2020.

Hemos acompañado los casos de estás menores y otras más, y aplaudimos las sentencias que con mucho esfuerzo y perseverancia de las familias se alcanzan. Pero no deberían existir sujetos como estos que a diario nos siguen arrancado a nuestras pequeñas.

Durante 2019, 150 niñas menores de 17 años fueron asesinadas, la mayoría de ellas en casa, por padres, padrastros, vecinos, primos. Algunas por predadores, otras tantas más por asesinos invisibles que hasta hoy siguen en la oscuridad. Los nombres a diario se repiten. El tema es que cada una de estas pequeñas debió ser protegida, todas tenían una vida, historia, sueños, el amor de su padres en muchos de los casos, quienes hoy se ven condenados por una sociedad inquisitiva que, sin más, los señala haciendo que el peso de la culpa y la pérdida sean insostenibles. La documentación sólo de aquellos feminicidios infantiles recopilados por la prensa de todo el país debería helarnos el alma.

2019: Camila Espinoza, Vanessa Vázquez, Daniela González Pérez, Tábata, Samantha, Elda Camila Rodríguez Soto, Milagros, Kymberly Sandoval Reyes, Mónica Aidé Serrano, Leydi Magaly, Ximena Gómez Sánchez, Leslye Danae Zamora Esquivel, Itzel Noemí Quiroa Seratos, Esmeralda Estefanía Tornero, Azamar, Gisell Garrido, Joselyn M.V , Jazmin S.J, Merary Flores Ruíz, Patricia Feliciano Miranda, Luz María, Guadalupe Villaseñor Delgado, Miriam Soto Monroy, Vanesa Trejo Córdoba, Ana Sofía Rivera Andrade, Claudia Ivón Ruíz Torres, Gabriela, Jeimy Trinidad Peréz, Deyana Monserrat, Melani Yamileth Solis De La Cruz, Elda Graciela, Daniela, María Yessenia, Ana, Isabela Fernandez, Romina N, Luz Nayeli, Alexandra, Armenia Vaquera Carreño, Sujheyli, Claudia Iveth Lomas Ramírez, Kesha Córdoba, Julieta, Nazarete Bautista, Ana Karen Castro Aguilar, Ana Paola Trejo Chávez, Zoe, Jennifer Sánchez, Perla Jaqueline, María De Jesús «N», Wendy Cabrera Canchola, Valeria Yazmín Coronado Hernández, Laura, Pamela, Adriana Michelle Álvarez Orozco, Karla Liliana Valdez Olague, Vanessa Michelle, Dulce Ivana, Monserrat Ángeles Salinas Ramos, Leonor Anahí Ojeda López, Adriana Jacobo Rocha, Anahi Ojeda Lopez , Jazmin N, Karla Alejandra, M.Y.C.C , Elizabeth, Karla, Concepción, Judith Jazmín Bedolla Haros, Patricia De La Cruz. Flor Aldana Aldana, Jhoana Alejandra Cruz Ortíz, Ana Karen Brito Curiel, Saraí Silvia García, Pamela, Victoria, Ximena Sara, Emily Sherlyn, Ilse Elizabeth Aguilera Ávalos, Xiomara Yatsel, Milagros.

Otra vez el cuestionamiento: ¿Realmente estamos haciendo algo por evitar este tipo de feminicidios? ¿Cuántas niñas conocemos que podrían ser las próximas y no hacemos nada por impedirlo?

El objetivo de estas líneas es primeramente tomar conciencia de que la saña, sadismo, crueldad, con la que están asesinando a nuestras niñas, crecen sin medida. Niñas que se convierten en blancos de predadores, que sólo las ven como si fueran dulces, que sacian sus instintos. Padrastros que por el círculo de confianza que existe desde el momento en que las madres los introducen en sus vidas, ven que se les facilitan las violaciones y asesinatos contra las pequeñas, muchas veces y, lamentablemente, en contubernio con ellas, con esas mujeres que deberían de dar la vida por sus pequeñas. Padres biológicos que las ven como propiedad y que las toman, tal cual, como suyas. Y madres que sólo por el hecho de llorar, las asesinan a golpes.

Desgraciadamente, como sucede en el feminicidio en general, la falta de investigación, la insensibilidad de las autoridades ante estos hechos aberrantes sigue generando que aumente el número de pequeñas vidas arrancadas, y que siga engrosando la lista de la “indignación”.

Desde 2016 que inicié la documentación diaria del feminicidio en México, hasta el 14 de julio de 2020, 522 niñas de 0 a 17 años han sido violadas, asesinadas a golpes porque no dejaban de llorar. Exterminadas junto a sus madres. Asfixiadas. Estranguladas. O abandonadas recién nacidas en terrenos, donde en algunas ocasiones son semi devoradas por la fauna del lugar. La más pequeña de ellas tenía cuatro meses, fue violada y asesinada por su padre el 8 de febrero de 2019. Él ya fue detenido y se encuentra en proceso. Pero, ella, tenía cuatro meses de edad y la impotencia abraza mi ser. Con esa pregunta a la que aún no logro encontrar respuesta: ¿por qué?

La lista es vergonzante, debería de habernos ya puesto a trabajar como sociedad para evitar estos hechos, y con esto empujar a las autoridades de todos los niveles a prevenir la violencia contra nuestra niñez.

Sesenta y siete niñas en 2016. En 2017, ciento catorce. Cien en 2018. Ciento cincuenta en 2019, y noventa y uno en lo que va de 2020.

Las cantidades y saña van en aumento, la falta de respuesta y prevención genera que sean descalificadas y no tomadas en cuenta como feminicidios, demeritando la violencia con las que las aniquilan.

En 2010, cuando documentaba el desplazamiento por grupos paramilitares de una comunidad triqui en Oaxaca, una mujer embarazada perdió a su bebita al nacer. Tramité lo necesario para que la pequeñita fuera sepultada en su natal San Juan Copala, Oaxaca. Las palabras del padre de la niña, escondido en alguna parte de la región, me encabronaron: “Para qué hizo todo eso, si eso (refiriéndose a la beba) es para echárselo a los perros”.

En ese momento pensé (absurdamente) que era por los usos y costumbres. Sin embargo, conforme pasan los años y los días, ratifico: que dicho de otra manera, en otros contextos, eso es lo que piensan quienes asesinan a nuestras niñas. Son desechables. Inservibles. Para la basura, para los perros.

La mayoría de padrastros, padres y madres que asesinan a las pequeñas son jóvenes de entre 17 a 29 años. Confirman que las generaciones actuales han crecido bajo el manto de la impunidad, al no presentarse consecuencias. Ante un acto tan inhumano, muchas de estas menores ni siquiera fueron registradas, como era su derecho.

Las Instituciones dedicadas a proteger la vida e integridad de la niñez, el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SNDIF o sólo DIF), deberían realizar censos poblacionales por lo menos cada año para detectar a esa población vulnerable, cerciorarse del estado integral de nuestras niñas y niños, evaluar periódicamente a sus padres. Y respetar la Declaración Universal de los Derechos de la Infancia.

No sólo es la historia de #CalcetitasRojas, #Lupe, de Ivanna Nicole, de nuestra #BebaDeAragón, Eimy, Kimberly, Camila, Verónica, Fernanda, Fátima, Camila. Son muchas más de las que es necesario contar sus historias de viva voz de quienes les han llorado, tal vez no sus madres, pero sí sus abuelas, sus tías.

Conocer quiénes eran, dónde inició esta cadena de indiferencia familiar y social. Y el cómo, lamentablemente, fueron ignoradas por las autoridades hasta después de ser violadas y/o asesinadas.

Que conozcamos a sus familias y a quienes se atrevieron a asesinarlas, tratar de escudriñar en los sentimientos de estas sociedades por qué han normalizado ya que sea exterminada nuestra niñez. 

Desde hace dos semanas nos ocupa nuestra #BebaDeAragón, una pequeña de la cual contamos sólo un poco de lo que sabemos. Es urgente dar con su identidad porque a 17 días de que su cuerpo fue encontrado dentro de una mochila, debajo de un puente en Valle de Aragón, en el municipio de Nezahualcóyotl nadie ha reclamado su cuerpo. Sin embargo, seguimos en la búsqueda por dar con su identidad, familia y asesinos. Ojalá en este país cada vez que nace un bebé se registrará su ADN y el de su madre, o padres, para asegurar su integridad física y para que si volviéramos a encontrar una pequeña como nuestra beba, de inmediato se conociera quiénes son los padres de esa beba o bebé.

Abrazando estas historias, estoy segura, daremos pauta para revisar qué pasa en estos círculos de marginación, de pobreza humana y cómo, desde la sociedad, debemos reiniciar un cambio y voltear hacia las pequeñas que a diario vemos en las esquinas de las ciudades pidiendo limosna o vendiendo chicles, o voltear a ver a aquellas que son parte de nuestra familia y que a pesar de tener conciencia de que son maltratadas no intervenimos porque según la moral no nos toca. Es menester entender que la niñez es de todos y que al estar más atentos de nuestro entorno, podremos evitar mayores daños.

Nos corresponde trabajar como sociedad para saber qué hacer ante la violencia, la escuela (apología de la violencia) que los más pequeños están aprendiendo y reproduciendo y que tal vez perpetuarán luego de que asesinen a una mujer o niña. Una vez más, el llamado a la sociedad es para que dejemos de permanecer omisos ante la podredumbre humana.

Sólo de esta forma, estoy segura, lograremos exigir a las autoridades mayor atención. Para prevenir que sigamos encontrando más niñas y niños, porque ya está pasando, que son violados y desechados como basura.

Y para cerrar este pequeño texto (homenaje), les dejo sólo algunos de los nombres de las bebas y niñas asesinadas durante este 2020; en la mayoría de ellas se mantienen reservadas sus identidades.

Sofía Yaretzi, Jarid, Sulmi Yesenia Cortés Espinosa, Paloma, Jacqueline Vázquez Aguilar, María Fernanda, Yareyci, Angélica Riaño Merino, Sinaí Merino Quiroz, Nadia, Mayra, Jade Aidé Hidalgo Rodríguez, Fátima Cecilia, Jaqueline Ramírez, Verónica, Karol Nahomi, Kimberley, Hannia Guadalupe Márquez Serna, América, Dennise, Marisol, Karla Lizet, Magda Ferrer, Ivana Nicole, Ana Kriceli Mora Flores, Fátima, Celia, Arely Santiso Álvaro, Ana Paola, Alison Gabriela, Elizabeth, Naomi Paulina, Fani, Jenifer Milagros, Abigail Del Ángel, Guadalupe Montserrat, Araceli, Carolina, Paulina, Ana Cristina, Kimberly Citlali, Saraí Argueta Calvo, Maicha Pamela, Ana Rosa Islas Marmolejo, Yamil, Jean Aliyah, Melanie Yuliet, Dulce Dayan Torres Ortega, Britanny Geraldine, Ariana Velázquez, Alondra, Beba De Aragón, Concepción, Reyna Isabel Márquez Morán, Mía Guadalupe Dimas Gómez, Karen, Yanahi, Abril, Eimy Sofía. Nuestra última beba solo tenía un año, su padrastro fue detenido el 14 de julio de 2020, en Saltillo, Coahuila.

No sé usted, pero yo ya me cansé de sólo documentar nombres, de aplaudir cuando un asesino de bebas y niñas es sentenciado. Deseo con todo el poder de mi corazón que jamás vuelva a ser arrebatada una de nuestras niñas. Y ahora, como hace décadas, parece que es una utopía. Esto está creciendo y parece que no queremos darnos cuenta.


¿Eres madre, padre, hermana, hermano, hija, hijo de una mujer víctima de feminicidio o desaparición? ¿Eres sobreviviente de una relación violenta o intento de feminicidio? Búscanos, ayúdanos a visibilizarlas y a contar sus historias: Voces de la Ausencia.

* Comunicadora libre, bloguera mexicana.

@FridaGuerrera

Facebook: FridaGuerrera Guerrera

[email protected]

Voces de la Ausencia @VocesDLAusencia

Retrato de interiores: La beba de Aragón.

Foto de portada (ilustrativa): Isabel Sierra Gómez de León (@isasierra_gl)-Unsplash.






Luis López




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