Breaking

Amazonas: cuando volvamos a viajar

Para Ver, Oír y Comer / Slider Inicio / Sociedad Global / Top News / 31/07/2020

SOMOSMASS99

 

Manuel Cabañas* / MIRevista Cultural**

Viernes 31 de julio de 2020

 

Cruzando las montañas, detrás del abra de Porculla, entre ríos, sauces, quebradas y valles, así como pueblos con historia, se erige en el Nororiente peruano, uno de los paraísos terrenales con que cuenta Perú y lleva por nombre Amazonas.

Amazonas es un departamento peruano que abarca 39.249 km² de territorio, siete provincias y 83 distritos con más de 385 mil habitantes que conviven con la belleza, magia, tradiciones y grandes oportunidades de desarrollo futuro.

Imaginariamente podemos recorrer el departamento, volar como águilas por su espacio y podremos verificar que Amazonas tiene todo lo que se pueda encontrar en el país. Además de nuestra variada geografía, nuestros diversos microclimas, la belleza natural de nuestras provincias, la riqueza cultural e histórica, hace que seamos un territorio privilegiado, bañado por las aguas de sus ríos como: Marañón, Utcubamba, Sonche, Chinchipe, Nieva o Santiago y custodiada por las montañas de la Cordillera de los Andes.

Si se viaja a Condorcanqui, encontramos además de la natural belleza salvaje amazónica, una de las reservas humanas más valiosas con que contamos: Los Jíbaros, representados por los awarunas y wambisas, un grupo étnico emblemático del país, “volamos” a Rodríguez de Mendoza y contemplamos sus extensos valles cual mesas de ajedrez que son bañados por el río Huayabamba y se hace llamar el Egipto Peruano, en Luya, encontraremos los legados emblemáticos dejados por los Sachapuyo, como Kuélap, Revash, Pueblo de los muertos, en Bongará sus impresionantes cataratas, como Gocta y Yumbilla o su mágica laguna de Pomacochas, sobrevolando Bagua y Utcubamba, apreciamos sus inmensas extensiones de producción diversa que la hacen una potencia regional para la agroindustria y Chachapoyas donde se respira historia y tradición.

Bajando a tierra, sea como pasajero o conductor, se puede enrumbar por cada una de las provincias y respirar la historia viva de pueblos milenarios que pese al paso de los años y el renacimiento de otras generaciones, lleven marcado en el alma el pasado y la proyección del futuro por lo nuestro.

Si viajas a Leymebamba, a Bagua Grande o Bagua, pasando por Pedro Ruíz, soplará la brisa del río Utcubamba, te bañara con sus voces multicolores, respirarás pura vida y darás vida a tu existencia y menos de tres horas podrás estar con una casaca abrigadora a quedarte con un sencillo polo para soportar los golpes de nuestros placenteros climas que rotan dependiendo de la altura.

Puedes subir al tope de una montaña y estar en Jalca Grande, donde se fundara por vez primera la histórica ciudad de Chachapoyas, regresarás a 200 años en el tiempo, convivirás con lo añejo, lo moderno y el color del tiempo, caminarás entre piedras y polvo, entre barro o agua dependiendo del tiempo, elevarás la mirada al infinito para contemplar sus torres y recrear viejas leyendas de nuestros pueblos.

Estarás en Leymebamba, Atuén o Chuquibamba, tierras prodigiosas llenos de valor, historia y producción agrícola y pecuaria, recrearás los pasos de los incas, los legados de su imperio y sus puertas pétreas que desafían a los tiempos, besarás las aguas de sus ríos y beberás energía, disfrutarás de sus comidas y encontrarás el sentido que tiene la vida.

En Chachapoyas confundirás en vacío con la nada al ver que todas sus casas son de color blanco. Blanco como la limpieza de la mente de un ser puro, blanco como la mente presta para llevarse de “buenos conocimientos”. Recorrerás sus calles, entrarás en sus viejas casonas, disfrutarás de un buen desayuno con tamales, queso fresco y café negro y puro o sus guisos ancestrales que te hacen recordar de qué estén hechos los dioses.

Estarás en Mendoza, la tierra de las “mushas” y de las cajetas, te contagiarás de la sencillez de su gente, caminarás por sus meandros rodeado de pajonales y frondosas palmeras, navegarás sobre las aguas de Huamanpata, refrescarás tu cuerpo en las piscinas de Tocuya o te sentirás bajando al centro de la tierra en sus cuevas de Omia.

En Luya, tocarás el cielo cuando tus pies pisen “El Torreón” en la fortaleza de Kuélap. Sentirás la magia y la energía omnipresente de nuestros ancestros, recorrerá sobre tu cuerpo, rayos invisibles que sobrecargan tu piel y tus sueños y quizá te sientas una ave volando por su cielo dentro de un teleférico.

Irás a Bongará, donde millones de metros cúbicos de agua, rosaran tu piel y si eres intrépido “piedras” de agua golpearán tu figura que caen de las alturas y se convierten en la gigantesca catarata de Gocta; quizá cuando cierres los ojos, tus oídos escucharán las voces dulces de una sirena o la sentida melodía de pájaros multicolores que viven dentro de las montañas.

Foto: Anna Abramova.

En Bagua y Utcubamba, recorrerás en medio de un sol brillante, las campiñas y villorrios llenos de esperanza, bañados por inmensas sabanas de agua que hacen germinar el arroz, de visibles hectáreas sembradas de papayas, cacao y de viejos caminos llenos de ganado cebú y miles de chivos que mueven su cola y balan por encontrar en tierras secas, comidas que le prodigan de vida.

Y entrarás en un mundo de colores y olores para encontrarte con los pongos, los bosques y los gritos de las aves, pasarás Imaza, Wawico y llegarás a Nieva, recorrerás pueblos originarios, verás en los rostros de los hijos de Condorcanqui, la simpleza, gallardía y orgullo por ser herederos de una noble raza.

Fuiste águila, luego un viajero terrestre. Un día surcaste los cielos de Amazonas, luego conviviste, viviste la realidad misma de una serie de pueblos que osadamente retan al destino y se presentan tal como fuimos y al final, elevaste los brazos, gritaste en silencio y abrazaste a los tiempos para agradecer que tu visita es más que esto, más que dinero, sed o aliento. Es una experiencia que prevalecerá en tu recuerdo y recrearás lo vivido a tus hijos y ellos a sus nietos.

Amazonas, no es sólo literatura o leyenda, es realmente un espacio dentro de Perú que reúne todas las condiciones mínimas para disfrutarla en el tiempo que disponga cada viajero. Cuenta con hoteles, restaurantes, centros de distracción para todos los gustos y categorías; podrías pagar desde $10.00 dólares una cama, comer con $15 dólares todo el día, los pasajes interprovinciales no superan $4.00 dólares por ruta, es decir en Amazonas se valora el respeto, la atención y no la codicia.

Si alguna vez, luego de esta pandemia, tienes tiempo para viajar, nuevos horizontes observar, nuevos vientos que recorran tu cuerpo, sentir, nuevas sonrisas y miradas por contemplar, no te queda otra que visitar AMAZONAS, la tierra donde la magia no es un truco, es la PURA REALIDAD.


* Manuel Cabañas López es comunicador social, escritor y docente peruano de la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza de Amazonas. Escribe con frecuencia en el espacio virtual «Historias mundanas».

* * El texto y las imágenes se publican en alianza con MIRevista Cultural de Perú.






Luis López




Entrada Anterior

Estela de Carlotto: «Facundo es un desaparecido en democracia»

Siguiente Entrada

Tres poemas (en video), de Gilda Di Crosta; versos que se adelgazan, islas diminutas





0 Comentario


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

Estela de Carlotto: «Facundo es un desaparecido en democracia»

SOMOSMASS99   Estela de Carlotto, Abuela de Plaza de Mayo / La Poderosa / Pressenza Ciudad de Buenos Aires / Viernes...

31/07/2020