SOMOSMASS99
Laura Cuevas Rodríguez*
Miércoles 5 de agosto de 2020
Después de los recientes acontecimientos violentos acaecidos en muchos municipios del estado de Guanajuato, en torno a la banda del llamado Marro, vale la pena preguntarse: ¿por qué Guanajuato, una tierra conservadora, gobernada desde hace tres décadas por el PAN, se destaca en los últimos años por ser el estado más violento del país?
Para responder esta pregunta es necesario recordar el contexto político de los últimos dos años. Recordemos que en la histórica elección del 2018 el partido Morena obtuvo en el estado el segundo lugar en esa votación y gobierna cinco municipios. Persistió, sin embargo, la mayoría azul, que encabeza la mayoría de las alcaldías, así como el gobierno estatal y tiene una amplia superioridad numérica en el Congreso del Estado.
Se pudiera pensar que el PAN ha permanecido en el poder en Guanajuato porque ha tenido grandes logros para la sociedad guanajuatense. Pero no es así, o no es así del todo, porque si el progreso y bienestar hubiesen predominado en todos los estratos sociales no habría razón para que una gran cantidad de personas, jóvenes en su mayoría, se involucrasen en bandas criminales por dinero.
Los gobiernos panistas del estado han presumido de la creación de empleos a través de la instalación de corredores industriales estimulados por la llegada de industrias del ramo automotriz y del acero que contratan a personas de los diferentes municipios como obreros.
Sin embargo, es evidente que las condiciones que ofrecen estas industrias no son satisfactorias para muchos jóvenes, quienes prefieren otro tipo de alternativas que estar en una empresa en la que tienen que rolar turnos y recibir un sueldo miserable; es decir, no se resignan a ser esclavos de nuestro tiempo, prefieren la alternativa del empleo informal, emigrar a Estados Unidos, o unirse a la delincuencia.
Al parecer los habitantes de esta tierra nos hemos acostumbrado a esa condición social para la sobrevivencia, pero dista mucho de ser normal y en una tierra gobernada por un partido que ha demostrado ser represor cuesta inmensamente alzar la voz para decirle al gobierno del estado que miente en sus discursos risueños acerca del progreso de nuestro estado. Las cifras que nos presenta Saúl Arellano[1], con fuentes del CONEVAL, son determinantes:
- 40% de los habitantes de Guanajuato viven en pobreza.
- 40% de la gente de Guanajuato se encuentra en condición de vulnerabilidad.
- Es decir, 80% de la población del estado es pobre o vulnerable, sólo un 20% se encuentra en una situación de bienestar.
- La mayor desigualdad en el mundo entre capital y trabajo se da en esas empresas del ramo automotriz, del acero y agrícolas que han traído los gobiernos panistas para que exploten a los guanajuatenses
Más claro ni el agua. No es que ser pobre sea sinónimo de ser delincuente, pero las circunstancias de la pobreza orillan a que las personas se vean sometidas a presiones de las que en muchos casos es difícil resistirse.
Por lo anterior, ya va siendo hora de que estos datos se vean de manera objetiva, de modo tal que el gobernador asuma su responsabilidad y deje de tirarle la pelotita al gobierno federal.
En caso contrario, de poco servirá para la pacificación del estado el hecho de que el cabecilla en turno sea detenido, como ocurrió con José Antonio Y. este domingo.
[1] De los casi 6 millones de habitantes que hay en el estado, 4.78 millones son pobres o vulnerables y únicamente 1.17 millones son considerados como no pobres y no vulnerables. Saúl Arellano; Pobreza en Guanajuato, un nuevo descalabro; Agosto 5 de 2019.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.
Imagen de portada: Diego Sinhué Rodríguez Vallejo, gobernador de Guanajuato. | Foto: Gobierno de Guanajuato.
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