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Carmen Julia Holguín Chaparro

 

Carmen Julia es doctora en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Nuevo México. Actualmente es profesora consejera de estudiantes de licenciatura con especialidad en español y Coordinadora de los niveles de español intermedio en el Departamento de Español y Portugués de la UNM, en Albuquerque, NM. Enseña literatura y cultura hispanoamericana, además de impartir clases de escritura creativa. Escribe cuento y poesía y ha publicado en diferentes revistas y antologías en España, Colombia, Uruguay y Estados Unidos. Textos de su autoría son: A tu prójimo amarás (poesía, 2008), El que tenga oídos… (poesía, 2014), La Oviedo rifa (cuentos, 2015), …Y a pesar de las cicatrices (poesía, 2016). Le interesa la edición y revisión de textos y en este rubro tiene: Tres mujeres al borde de la escritura de Kathleen Doherty, Judy Nickell y Diane Orchard (cuento y poesía 2015), La mariposa del alma de Laura Saldarriaga (poesía 2016), Easy, Casual, Every Day Spanish de Judy Nickell (2018) y más recientemente Desnuda ofrenda/Naked Offering de Vielka Solano (poesía 2019) libro que además introduce.





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Me arrebataron mi nombre en el desierto, Juan.

Garras de odio me lo quitaron a jirones

y lo arrojaron entre los muéganos congelados

de una noche sin luna.

 

Me lo hicieron pedazos

en medio de un silencio de siglos,

de horas sin infinitas

cargadas de dolor y humillación,

ante cada sílaba ensangrentada

que se perdía en aquella oscuridad maldita.

 

No pude defenderlo, Juan.

Maniataron mi aliento,

vendaron mi corazón,

amordazaron mis manos y mis piernas

y me lo arrancaron de a poquito

disfrutando el despojo.

 

Cuando el sol despertó entre las dunas

me encontré sin nombre,

y empecé a sentir un frío

que me abrazaba los huesos,

y que no me deja incluso ahora

a pesar de esta sábana blanca

que cubre los restos de mi carne desorientada.

 

Estoy muy sola sin mi nombre, Juan.

Durante días han desfilado frente a mi rostro,

de cuencas vacías,

mi padre y mi madre

y no han podido llamarme hija;

mis hermanos,

y no han podido llamarme hermana;

mis hijos,

y no han podido llamarme madre

porque no tengo nombre.

 

Tengo miedo del silencio eterno, Juan.

De que nadie pueda

volver a pronunciar mi nombre,

desbaratado sobre la arena

que ahogó mis sueños.

 

Sálvame, Juan.

Nómbrame Ana, Luisa, Rosario, Yolanda.

Bautízame, Juan.

Llámame Clara, Rebeca, Lucía.

Ayúdame a decir presente

cuando Dios llame a todos sus hijos

por su nombre.


Foto de interiores: David Law (@ddvdlw) / Unsplash.






Luis López




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