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Pude ser una gran gimnasta… pero me bajó

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SOMOSMASS99

 

Raquel Vázquez Rivera*

Martes 01 de septiembre de 2020

 


APÚNTELE A MI SANGRE. Irela Casañas,2007

He visto la sangre bajar entre mis piernas sin monedas que puedan censurarla.

La misma sangre fértil pudiera violentarse.

No responder al saludo militar.

No responder a veces puede ser como un grito una vez que el sargento ha dicho firme.

Venga, sargento, apúntele a mi sangre.

Tal vez así el flujo se detenga y yo pueda salir a cumplir mis deberes.

Yo también sería útil si usted me liberara de estas densidades.

Tan cándidas, que suelen desbordarse cuando retorna la emoción perdida.

Venga, sargento, apúnteme.

No con la salva juguetona ni con las flechas de sus hijos.

No se detenga pensando en el futuro.

Yo nunca tendré hijos, le temo a las respuestas.

Apunte como un hombre que ama la justicia, y luego, rocíeme la piel con agua de geranio.


 

Imagen del proyecto fotográfico Period. Kaur 2015

– ¿A poco tú también practicabas gimnasia?

– Sí, de chiquilla, poco tiempo la verdad, pero me encantaba, ahora que veo a mis hijos me arrepiento de no haber continuado.

– ¿Y qué pasó?

– Pues no sé, ahora que lo pienso creo que fue porque me bajó.

Esa conversación me dejó pensando varios días, pues aunque difícilmente las mujeres y personas menstruantes nos podemos olvidar de la sangre, muchas no somos conscientes de lo que significa realmente este acontecimiento fisiológico para muchas otras en diferentes contextos de vida.

Tuve la menarquia a los 11 y hasta ese momento tuve un poco más de información al respecto. Siempre relaciono ese recuerdo con la escena de la película de Carrie, no fue tan dramático, pero sí fue un momento de miedo.

Era apenas una manchita y cuando se la mostré a mi mamá suspiró el trillado “ya eres señorita” y me dijo las reglas del juego, que eran básicamente: secreto, discreción y cuidado con los niños.

Mi mamá llamó a mi papá y le dijo LA frasecita: – Tu hija… ya es señorita.

– ¡Ay, ya van a empezar! – contestó y salió del cuarto.

Cuando empecé a menstruar quería preguntar cosas a mis amigas, me di cuenta de que a varias les había llegado mucho antes, pero cumplían fielmente con la regla del secreto. Un par de años después, en secundaria, cuando el grupo de sangrantes era casi total, las pláticas eran más fluidas, pero siempre cargadas de vergüenza. Todas tenemos el recuerdo de la pregunta constante cada vez que te parabas de la silla ¿Me manché? ¿Te fijas si se me nota? ¿Me prestas un suéter?

El colegio de monjas al que asistía pensó que era buena idea poner un nuevo uniforme de deportes, cambiaron el pantalón rojo por una falda-short ¡BLANCA! hubo un par de compañeras que se mancharon, pero al ser colegio exclusivo de niñas, la experiencia era 100 veces menos traumatizante que las que me contaron compañeras de escuelas mixtas.

En ese entonces yo practicaba gimnasia, ahora les permiten llevar una licra sobre el leotardo, pero antes no nos daban chance, así que menstruar era una pesadilla.

Todos los tabúes alrededor del tampón lo hacían descartarlo a priori, entonces te ponías un calzón ajustado y rogabas que no se te notara. Pero, ¿cómo no se te iba a notar semejante toalla, sin alas, gruesa como submarino (Marinela) con un leotardo de gimnasia? Y no se digan los vellos, siempre fui muy peluda, así que la rasurada de tobillo a nalga hizo que mi deporte favorito se convirtiera en un infierno.

Además de la sangre, había que protegerse del flujo diario, que a veces era tan líquido que hacía mancha y tal pareciera que parte fundamental de las actividades de la clase era fijarnos y señalar este tipo de cosas entre las compañeras. Así que lo dejé.

No creo, la verdad, que hubiera sido una gran gimnasta, era tan flexible como un poste de luz, pero era algo que disfrutaba mucho.

Me da gusto ver que ahora muchas deportistas tratan de dignificar la menstruación, como el caso de la baterista Kiran Gandhi que, aunque confiesa que en algún momento sintió vergüenza, decidió ir adelante con la decisión de sangrar libre por sobre usar un producto que le molestara al correr el maratón.

Imagen: KiranGhandi.com.

Ese fue mi contexto, un poco privilegiado, pero a muchas otras niñas y adolescentes de México y el mundo les representa tal estigma, inaccesibilidad a productos de higiene o experiencias tan traumáticas que es motivo para dejar la escuela (les dejo en recomendaciones un documental desarrollado en una comunidad rural en India).

La inaccesibilidad obedece en gran parte al costo de los productos, que para muchas familias es difícil de solventar.

Para las personas en situación de calle, migrantes o en extrema pobreza se le debe sumar la dificultar para acceder a servicios básicos como un baño y agua, esto les obliga a utilizar lo que tengan a la mano para protegerse, aunque no esté limpio, exponiéndoles a infecciones y condiciones indignas.

A la estigmatización contribuyen muchas creencias y mitos que tienen origen en épocas prehispánicas. En algunas comunidades se llega al grado de hacer responsables a las mujeres por el éxito o fracaso de cosechas o de la intensidad de fenómenos naturales. Otros grupos aseguran y publicitan que el ciclo menstrual tiene relación directa con la Luna, envolviendo a la sangre de magia, misticismo y hasta poderes regenerativos, esto por demás peligroso, pues la sangre es un tejido que cuando se expulsa debe ser tratado como residuo biológico infeccioso y desecharse de inmediato.

Por si fuera poco, cargamos con las creencias religiosas, que consideran al sangrado como un castigo por haber sido las mujeres, representadas por Eva, las culpables de la expulsión del paraíso. Por lo tanto, debemos aceptar todos los sacrificios que esto conlleva, con resignación y en silencio para expiar las culpas.

Todos estos tabúes interfieren con la garantía de derechos, porque el acceso al conocimiento científico basado en evidencia es un derecho.

Pensé también que, si a las involucradas nos negaban información, muchos niños crecían sin ni siquiera conocer la palabra menstruación y cuando se enteraban creían que era una enfermedad y desarrollaban lástima, rechazo o asco.

Como madre de dos varones, creo que es importante romper el estigma también de este lado. He decidido que mi menstruación sea un proceso que se viva con normalidad y libertar en casa.

Les he explicado el proceso, les cuento si tengo síntomas premenstruales o cólicos; conocen las toallas y la copa, saben cómo se usan y han visto con naturalidad manchas de sangre en mi ropa o sábanas, esto con el afán de generar entre otras cosas, la empatía.

Imagen de Raquel Vázquez titulada: ¡Hijo, pásame una toalla, por favor!

Pues bueno, llegamos a una parte muy importante: te cuento que recientemente se ha formado un grupo que quiere hacer de la menstruación un asunto público.

Su proyecto se llama Menstruación Digna México y plantean, como ellas mismas dicen: “Posicionar a la gestión menstrual como un tema de agenda pública para crear condiciones estructurales que permitan a todas las mujeres y personas menstruantes vivirla con dignidad”.

Esta maravillosa iniciativa busca la gratuidad y la eliminación del IVA a los productos de gestión menstrual, así como la generación y visibilización de datos sobre la menstruación en México.

Esto último es importantísimo, nos permitirá conocer, entre otras cosas: cuántas personas menstrúan en México; cuál es el nivel de conocimiento sobre el tema; cuáles son sus contextos sociales y culturales; si han tenido problemas de accesibilidad y si esto ha sido impedimento para realizar actividades fundamentales; qué tipo de producto se utiliza más y cuáles son sus complicaciones. Por ejemplo, falta de agua que dificulta el uso de la copa; cuanto se gasta por persona en productos; etcétera.

Con todos estos datos se pueden planear estrategias efectivas y reales que tengan como meta la dignificación de la menstruación en México.

Por favor, entra a la página, conoce a fondo su propuesta y apoya.


Recomendaciones:

Period. End of Sentence. Documental.

https://www.youtube.com/watch?v=Lrm2pD0qofM

Salud Digna México

https://www.facebook.com/Menstruaci%C3%B3n-Digna-M%C3%A9xico-104656754633210/

Referencias:

https://www.youtube.com/watch?v=847_QWF8ZsY

https://www.fucsia.co/actualidad/personajes/articulo/kiran-ghandi-la-mujer-que-corrio-un-maraton-con-su-menstruacion/65936

https://de10.com.mx/cultura-digital/2015/03/29/fotos-sobre-la-menstruacion-que-incomodaron-instagram


* Estudié Química Farmacéutica Bióloga y la digna rabia me empujó al activismo. Defiendo el derecho a un medio ambiente sano desde una perspectiva feminista y escéptica; también soy atea militante, lo que me llevó a convertirme en la primer apóstata de Irapuato, trato de explicar el fenómeno religioso como uno de los brazos opresores más fuertes en el Bajío, defiendo la laicidad como fundamental para la democracia.

@RaquelVaRi @Ambiental_Ira @ApostasiaM

Foto de portada: MH / Pixabay.






Luis López




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4 Comentarios

el 01/09/2020

Excelente proyecto
Excelente texto
Gracias

el 02/09/2020

Que significa «mujeres y personas menstruantes»? Tengo entendido, según la ciencia, que solo las mujeres pueden menstruar!! Que afán de ser «políticamente correctos»

el 05/09/2020

Buen artículo, felicidades!!!!

el 05/09/2020

Me encantó! Es cierto, lo contamos desde nuestro caso privilegiado de ir con niñas, pero fué muy traumatizante para otras mujeres por no tenerlo normalizado y tenerlo en secreto como malo



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