SOMOSMASS99
Víctor Corona*
Gaviotas en el patio

Las tardes se escurren súper lentas
lastimosamente lentas en una casa desconocida
he vuelto a lo que
-torpemente-
-arbitrariamente-
-neciamente-
-hasta el cansancio-
he llamado origen
este barrio no es mi barrio.
Me estiro en la cama
la misma cama en la que yació mi padre
esos últimos días de vida
en los que yo estuve ausente
y me lo imagino
destartalado
abandonado a la tristeza
desahuciado
buscando en el fondo del vaso
esa razón
como diciendo
¿por qué pistiaba yo?
¿en dónde estuve yo tanto tiempo?
Las tardes se derriten bajo el sol de esta ciudad
-que llamo ciudad casi por costumbre-
que cada vez se parece más a un campamento de carretera
construcciones al lado de un océano magnífico
voraz
donde deambulan shingos de cuerpos salados
sin hogar
jaipos enrolados en la esperanza.
Una ciudad cada vez más rota por una pandemia
que cala bien hondo
que deja las calles aún más vacías
y proyecta toda la ridiculez de todas estas tiendas
y bares
sin gringos pobres de crucero.
Las heridas recientes
las del alma y las del cuerpo me han recluido
en esta misma habitación en la que estuvo mi padre
antes de morir
y mi madre me dice
harta de mí
-cada vez te pareces más a tu papá-
en lo amargo
en lo triste
en lo gris.
Las tardes se diluyen muy lento y yo abro un poco la ventana
para que circule esa brisa fresca
casi helada
que siempre hay por aquí
yo me miro los pies
me miro las piernas
me miro los brazos
me miro el vientre
subir y bajar
y respirar.
La Diana me dice
vato zarra
a nadie gustan los tristes
túmbate ese rollo
ponte de este otro lado.
Y me da tanta ternura
porque la veo allí
sentada con los pies sobre el sofá
inmensurablemente bella
inmensurablemente cruel
y pienso
no le falta razón
no hay clica
ni historias donde haya lugar para la épica
sólo las gaviotas que se asoman por el patio
siempre
antes de que el sol termine por caer.
Pero yo abro bien las cortinas
las sombras acarician las paredes
yo me escurro
-vato shiquión-
para que de refilón
me toquen el torso
-desnudo-
y el halo de la brisa recorra
los pezones
las piernas
los brazos
los labios
el cuello
el sexo
el cuerpo herido.
Cierro los ojos
apenas han pasado diez minutos
la soledad es perra
te hace creer
habrá sitios diferentes
pero la soledad
como decía Gloria Ortiz
una mujer que en realidad era una estrella
la soledad es un espejo.
* Víctor Corona estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato, México, y el doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona, España. Actualmente se dedica a la investigación.
Foto de interiores: Yanal Tayyem (@yantayyem) / Unsplash.
Foto de portada: Photoholgic (@photoholgic) / Unsplash.
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