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©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 15 de octubre de 2020
Con cierta frecuencia me preguntan qué aspectos deben considerarse para que las niñas y los niños no se vean afectados cuando los padres se divorcian.
Lo primero que contesto es que se debe asumir que no sólo las hijas y los hijos, sino todos los miembros de la familia, resultarán afectados ante el divorcio. En todo caso, de lo que se trata es que la afectación no alcance niveles de sufrimiento, malestar crónico o traumatización. Para tal fin es importante cuidar lo siguiente:
– Evitar las mentiras sobre la situación de separación. Las niñas y niños pueden con la verdad, aunque sea dura o dolorosa. Con lo que no pueden es con las mentiras o las medias verdades. Estas confunden y se tornan fuente de ansiedad derivada de la incertidumbre de no saber, o no entender lo que pasa, o de no poder darle sentido a los hechos cotidianos que indican que algo cambió, por ejemplo, la ropa del progenitor que se fue de casa ya no está en el closet, tampoco sus pertenencias, etcétera.
– Hablar en pareja con las niñas y niños sobre la separación inminente, procurando anticipar la dinámica de vida que se avecina: con quién vivirán predominantemente, si habrá visitas del que se va de casa, qué días podrán ir a casa de este, etcétera.
– Ratificar con palabras, pero sobre todo con hechos concretos y constantes el amor y el cuidado hacia las hijas e hijos, señalando que el divorcio fue entre los miembros de la pareja y que seguirán siendo sus padres siempre.
– Lo mejor que le puede pasar a las hijas y a los hijos ante el divorcio es no tener qué elegir afectivamente a uno de los padres. Ellas y ellos desean tener a los dos en su corazón (y es su derecho). Cuando un padre critica al otro, el niño entra en conflicto de fidelidad, interpreta que debe tomar partido por uno de los dos, entonces sufre. De ahí la importancia de evitar hablar mal del otro en presencia de la hija o del hijo.
– Para la niña o el niño es sumamente difícil llevar y traer mensajes de los padres. Son los adultos los que deben asumir en todo momento su rol parental. Necesitan asumir que con el divorcio se acaban los temas de pareja pero que existiendo hijas o hijos de por medio un hilo los seguirá uniendo, el hilo de la parentalidad que posibilita hacer acuerdos en pro de estos. Por lo tanto, es importante evitar utilizarlos como correo o mensajeros.
– El pensamiento egocéntrico es propio de la etapa infantil y lleva a la niña o niño a pensar que todo lo que sucede a su alrededor tiene que ver con ellos. Es por esto que existe la tendencia a pensar que los padres se divorcian por algo que él hizo o no hizo. Es importante dejarle claro que el divorcio no es su culpa, sino una decisión de la pareja.
– Hacer acuerdos de convivencia y respetar el estilo parental y de vida del otro, de la otra. Las relaciones de pareja suelen terminar ante la aparición de conflictos, de diversos desacuerdos que aparecen y que no logran ser superados, lo cual puede ir enfriando la relación y agotando el cariño que se tenían. Por lo que una vez separados, es probable que dichas diferencias se mantengan y aparezca la tendencia a pretender que el otro cambie sus actitudes, conductas o dinámicas parentales y de vida. Es necesario asumir que el ex cónyuge es diferente y, por lo mismo, criará (y siempre ha criado) diferente. Sólo se trata de que el estilo parental esté en el marco de los buenos tratos. De hecho, al final lo que enriquece la personalidad de las hijas e hijos no es la homogeneidad de papá y mamá en cuanto a su respectivo estilo de crianza, sino precisamente lo heterogéneo de la parentalidad.
– Facilitar espacios de expresión para que la niña o el niño pueda expresar sus sentimientos de tristeza, enojo, miedo, etcétera: facilitar su expresión, validar y ofrecer apoyo. Que el divorcio lo afecte –sobre todo al principio–, no significa que lo dañará. Lo que evitará el daño será la posibilidad de conectar y expresar las emociones y sentimientos detonados por las múltiples pérdidas que implica la separación de los padres y conseguir darle un sentido a la realidad familiar. Y esto sólo lo podrá lograr si cuenta con adultos sensibles y disponibles a su lado.
Para que los padres puedan escuchar, acompañar y contener emocionalmente a sus hijas o hijos es necesario que aquellos elaboren y superen las implicaciones de la separación. Para lo cual puede ser de mucha utilidad que los progenitores mantengan viva una red de apoyo (amigos, familiares…) y en ocasiones apoyo psicoterapéutico. De lo contario no podrán con las emociones de sus retoños.
Cuidando este tipo de detalles se puede superar la etapa inicial y aguda de la separación y al final las niñas y los niños pueden no sólo salir bien librados sino hasta beneficiados y fortalecidos ante una nueva manera de vivir en familia, con menos tensión en los vínculos, con menos estrés en el ambiente, con más oportunidades en el entorno.
* Psicólogo / [email protected]
Foto de portada: Juliane Liebermann (@jule_42) / Unsplash.
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