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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 26 de octubre de 2020
Querido señor Germain:
He esperado a que se apagase un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, la mano afectuosa que tendió al pobre niñito que era yo, sin su enseñanza y ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y le puedo asegurar que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos, que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.
Le mando un abrazo de todo corazón.
Albert Camus, Carta a uno de sus maestros
Antes de ser “la que teclea y protesta bien a gusto desde su casa” fui maestra de primaria.
Recuerdo ese tiempo a través de mis pesadillas: es hora del recreo y los niños no quieren salir, o se multiplican, el salón no tiene luz, estamos ciegos todos, intento explicar que no, que ya no trabajo en esa escuela, o peor, la alumna soy yo.
Dejé esa escuela hace 18 años y los sigo soñando, y no de vez en cuando, sino varias veces al mes.
Por decirte lo duro que es ser maestro.
Que no es nada más enseñar que 2+2=4 pensando que algún día a estos mismos alumnos les van a hablar de números imaginarios, o enseñar cómo se hace un mapa a sabiendas que las fronteras entre personas y países rara vez se respetan.
Es ser responsable del aprendizaje de la vida en sociedad de seres humanos.
Sí, en casa se les enseña a compartir, a saludar, a respetar, pero sólo a la familia y a los amigos o vecinos cercanos. En la escuela el mundo se abre y entender que el compañerismo, la generosidad y valores éticos se aplican a todos es a veces difícil para un niño de 6 años o para un adolescente hundido en su tormenta existencial personal, enfrentando lo que vive como terribles traiciones a veces. Y luego lograr trasmitir el respeto de la fina línea entre el Compartir y el Agandallarse los lápices de colores, los dulces que trajo Pedrito o la lana de los demás en diversos fraudes de adultos es tarea a la que nos abocamos todos.
El famoso “vivir juntos”.
En Francia, el 16 de octubre de este año, un profesor de Historia-Geografía y de Enseñanza moral y cívica perdió la vida por ejercer su chamba, por aplicar los ideales de la República Francesa.
Comentó, al enseñar el derecho fundamental que es el de la Libertad de expresión, alguna caricatura del periódico de Charlie Hebdo, el mismo en el que murieron 12 personas y 11 más fueron heridas en enero del 2015, por, justamente, publicar caricaturas del Profeta Mahoma.
Se armó un tango, de los feos, nada que ver con Gardel. Un padre de familia, musulmán supongo, protestó, llevando el asunto hasta levantar un acta, convocaron al maestro, a los alumnos, directores y a cualquiera que pudiera tener algo que ver. Se esclareció que detrás de la clase del maestro no había más que un ejemplo de lo que es la libertad de expresión en Francia y se precisó que el maestro sugirió que “los alumnos que puedan no sentirse a gusto con lo que voy a enseñar pueden voltearse o cerrar los ojos”. Acto seguido el maestro levantó un acta por difamación. Las autoridades de la Educación Nacional Francesa, -equivalente de nuestra SEP- consideraron el asunto terminado, aun cuando en línea uno que otro video expresaba rabia contra el maestro.
Unos días después, un joven, ruso, musulmán, refugiado político en Francia con su familia, ofreció 300 euros a una joven para que ella le señalara al maestro. La joven y unos compañeros no nada más se quedaron hablando con él, pero mostraron del dedo a su maestro. Vino desde otra ciudad, a 80 km -distancia considerable para los franceses- armado. Se comentó que quien lo llevó en su coche no sabía cuál era el plan.
¿Habrán sabido esos chavitos no mayores de 15 años lo que iba a pasar, a qué se estaban prestando? ¿Fue el dinero el único factor de convencimiento?
El maestro salió de la escuela, ciudad pequeña, tranquila, caminó hacia su casa y fue atacado.
En las noticias francesas se tardaron en dar detalles, ¿tal vez no lo quisieran hacer?, me fui enterando de a poquitos: Un maestro fue atacado, fue asesinado, lo degollaron, hasta la terrible frase en una entrevista por el periodista Laurent Delahousse … Fue decapitado.
No es la primera vez que algo así sucede. No son nada más los de Charlie Hebdo.
Hay en Francia, y en muchos países, lo sé, algunas personas, extremistas, repito, extremistas, que creen que pueden llegar y asesinar a quien sea en nombre de su religión, de su Dios.
Ha habido marchas, unas con pancartas, otras con velas y silencio. El presidente Macron ha hablado, si encuentras el video fíjate en sus manos, se tuerce los dedos para todos lados siendo que poco antes dio un discurso para lo del toque de queda que se acaba de implementar y se veía como el hombre más ecuánime del planeta. No cualquiera puede hablar de una decapitación, no cualquiera.
Maestros entrevistados, alumnos llorosos, indignación, enojo. Discursos. El ministro de la educación, en la misma entrevista con Delahousse, diciendo que no había por qué pensar que el maestro necesitaba protección, el asunto había sido catalogado como cerrado por la policía.
Reacciones en línea vitoreando al asesino.
¿Qué harías tú si fueras docente en Francia? ¿Prepararías tu clase igual que antes, porque enseñar el “vivir juntos” y la tolerancia es primordial, imprescindible? ¿O preferirías hablar de… de nada, que si hablas de biología se te echan encima los creacionistas, si hablas de reproducción sexual, las asociaciones de padres de familia mochos, de nutrición los veganos?
¿Vivir juntos, Libertad de expresión, son esos conceptos parte de una falacia, de una utopía? ¿Se vale arriesgar la vida por valores que en las altas esferas pocas veces se respetan?
Hay personas que opinan que sí.
Te pongo tres reacciones de tres docentes franceses. Son diferentes sí, porque eso es Vivir juntos. Y en Francia se vale opinar[i]. Hasta que te decapitan. Aunque te decapiten.
De Carolina M., profesora de Historia-Geografía y de Enseñanza moral y cívica
… Recuerdo cuando estos tres muchachotes de tercero se pusieron de pie frente a mí, buscando intimidarme, y afirmándome que todo lo que acababa de decir sobre el genocidio armenio era falso… Pues, hay que tener la última palabra, y encararlos con los argumentos.
[…]
Recuerdo esos padres de familia escépticos del clima que se me echaron encima en una junta padres-maestros porque me veían “demasiado ecologista” […] Tuve que encontrar otra vez las palabras para simplemente decir que yo respetaba al pie de la letra los programas de la Educación nacional francesa.
[…]
Entonces, seguiré enseñando la libertad de expresión y todas las libertades.
Y desde mañana.
De Serge C., maestro jubilado
Lo denuncié en 2010… Se me contestó “¡No le muevas!”, dándome a entender (todo con alusiones…, comunicación de los cobardes) que mi carrera podría verse afectada. Me fui. Feliz de haber dejado ese Titanic que no termina de hundirse al son de los violines del “VivirJuntos” al ritmo del “nogeneralicemos”.
Empecé a informarme, a leer… en particular a los autores de países que el Islam asola: Boualem Sansal, Kamel Daoud, Karim Akouche y muchos más. Lo comenté alrededor mío, para alertar sobre lo que iba a suceder… Fui percibido como un facho, un islamofóbico, un racista… inclusive por ciertos miembros de mi familia. Es tiempo de que los franceses “progresistas” abran los ojos. El problema sí es el Islam que irriga desde los pensamientos más “moderados” hasta los más extremistas.
“El Islam es el islamismo en reposo y el islamismo, es el Islam en movimiento. Es un solo y único asunto” (Ferhat Mehenni, poeta cabilio, presidente del gobierno provisional, en exilio en Paris)
De Charles Romero, maestro jubilado
Estoy a favor de una Francia multicultural, abierta y fraternal. Hoy por la mañana, hice mis compras en una tienda libanesa, y luego fuimos mi mujer y yo a comer a un restaurante iraní. Soy hijo de inmigrados españoles, mi mujer es francesa, mi mejor amigo cabilio y estoy orgulloso de mis tres nacionalidades. Soy francés, español y canadiense, a mucha honra.
Fui víctima de racismo durante mi niñez, milito hoy en asociaciones que ven por refugiados o por franceses en el extranjero. Y hay mucho trabajo por delante para rebasar los miedos y los odios.
Al asesino lo mató la policía al perseguirlo. ¿Es lo equivalente a salir impune de un crimen?
El maestro tenía 47 años, era papá y le gustaba jugar tenis. Su nombre: Samuel Paty.
[i] En México también hay decapitados. Lo sabemos. Y matan a los periodistas, aunque no por opinar, sino por divulgar.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Foto de portada: Pierre-Alain Weil
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