SOMOSMASS99
Laura Cuevas Rodríguez*
Miércoles 4 de noviembre de 2020
Desde hace tiempo he escuchado que conceptualizar a una sociedad o a un conglomerado electoral dividiéndolos en derecha e izquierda, en conservadores y progresistas, en neoliberales y liberales, en explotados y explotadores, en obreros y capitalistas, en ricos y pobres, en buenos y malos, en fifís y chairos, es algo pasado de moda; que es maniqueo si se lleva el análisis social a dichos términos.
Se nos dijo, desde las políticas neoliberales imperantes en las últimas tres décadas en nuestro país, y sobre todo desde los medios masivos de comunicación, que las divisiones en la sociedad no existían, que eso quedó en capítulos perdidos de la historia. Y en los mensajes falsos de la publicidad nos quisieron hacer creer que no había explotados ni explotadores. Aunque en la realidad más de la mitad de los mexicanos vivía, y sigue viviendo, en la pobreza.
Era un engaño. La realidad se impone. Los explotados y los explotadores existen y para comprobarlo basta con ver, sin el aturdimiento de los distractores actuales −entiéndase las redes sociales−, el salario de un obrero, su calidad de vida con los horarios laborales que tiene que cubrir día con día, las prestaciones y, en general, las condiciones contractuales que acepta para tener un trabajo.
Otro ángulo de la realidad que nos dice que la división social existe es la cantidad de mexicanos que se tienen que ir a Estados Unidos a ganarse la vida de manera ilegal y el número de mexicanos que sobrevive con un subempleo, un empleo informal, un changarro. Sin embargo, a pesar de las evidencias, el discurso de moda nos decía que no, que este país no se componía de pobres y ricos, de explotados y explotadores, de pueblo y burguesía.
Es decir, se logró que una gran parte de la población mexicana perdiera la conciencia de clase, que viviera en una confusión creada a través de la televisión, y que se conformara con ver las comodidades de la clase media a través de las telenovelas.
Pero fue tal el descaro, el abuso y la corrupción de los gobernantes priistas y panistas, que a pesar de ese adormecimiento o alienación de una porción significativa de la población y, sin duda, gracias a lo que el presidente Andrés Manuel López Obrador llama “las benditas redes sociales”, se impone en las elecciones de 2018 un candidato de carácter progresista (comunista para los conservadores, panistas, neoliberales o como se les llame), después de años de lucha y trabajo.
Y sucede que este presidente, desde que comenzó con su gobierno, en sus conferencias mañaneras diarias, nos repite de forma cotidiana que el espectro político en nuestro país se divide en liberales y conservadores, que no hay más.
Los opositores se enojan, dicen que el presidente divide, que polariza, que no propaga la unión en el país, que todos somos mexicanos.
En mi opinión, divididos ya estábamos, no se puede hablar de unión cuando más de la mitad de la población del país vive en los límites de la pobreza y tres o cuatro personas acaparan la riqueza nacional y forman parte de los más ricos del mundo. Polarizados también, por eso una mayoría contundente de los ciudadanos votó a favor del ahora presidente
Lo que es evidente es que a esa clase minoritaria hasta hace poco dominante en la esfera política de nuestro país, y representada de manera fiel por FRENAA, no le gusta que se nombre la realidad, quieren que se siga encubriendo. Pero, por fortuna, años de lucha de muchos mexicanos se han visto reflejados en una mayoría que ya no está dispuesta a seguir tolerando el engaño y la corrupción para que aquéllos sigan siendo beneficiados con los bienes de la nación y continúen impidiendo el progreso en este país.
Les molesta que exista la conciencia de clase en el mexicano común, pero considero que es un requisito indispensable para conseguir una sociedad más justa.
Es por ello que cuando el presidente nombra las dos vertientes políticas que han imperado en nuestro país, no está promoviendo la división, ni es una acción retrograda de manera alguna. Por el contrario, eso es dar un paso hacia la sociedad que queremos construir.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo, de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.
Imagen de portada (ilustrativa): Ricardo Salinas Pliego, propietario de TvAzteca y Elektra, quien sostuvo que los empresarios no deben aportar a las pensiones, sino que los trabajadores son los que deben «sacrificar el consumo personal y de su familia para disfrutar en un futuro de su ahorro». | Foto: AJ+ Twitter.
Comparte en Facebook
Twittéalo








