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La normalidad pospandemia

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SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 06 de noviembre de 2020

 

A raíz de los devastadores efectos de la pandemia ocasionada por el SARS-CoV-2, causante de la enfermedad Covid-19, mucho se comenta de la urgencia de un nuevo orden interno e internacional que permita enfrentar y reducir los impactos no solamente de crisis sanitarias o económicas, sino de todas las consecuencias derivadas de la acción humana o de fenómenos naturales.

Se ha planteado la necesidad de una nueva relación más justa y equitativa entre países así como en las sociedades que los conforman, pues de otro modo serán cada vez más vulnerables a los fenómenos naturales, meteorológicos, sanitarios, económicos o de otro tipo que se presenten y tengan como causa eventos naturales o la actividad irracional de esa parte de la sociedad que persigue la ganancia a costa de la vida misma.

Y como la crisis sanitaria coincidió y tuvo un efecto sinérgico con una crisis económica que desde tres años atrás mostraba signos de repunte, el resultado fue la agudización de las condiciones de vida y trabajo de los sectores sociales más vulnerables.

No obstante los efectos económicos, laborales y el dolor causado por la enorme pérdida de vidas, los consorcios e individuos poseedores de las mayores riquezas a nivel mundial experimentaron incrementos sustanciales en sus ganancias, lo que exhibe el carácter depredador e inhumano del capitalismo. Ejemplo de lo anterior: aprovechando la crisis sanitaria, en la pugna por el desarrollo de candidatos vacunales, los monopolios farmacéuticos experimentaron un incremento en el valor de sus acciones en las bolsas de valores.

La pandemia impuso en casi todo el mundo la adopción de medidas que trastocaron una «normalidad» que se desarrollaba en un ambiente de enorme desigualdad económica y social entre países y al interior de los mismos; y llevó a la conclusión de que cuando haya pasado esta crisis sanitaria, la «normalidad» será diferente.

Se habla de que la «nueva normalidad» implicará cambios en aspectos como movilidad, reuniones sociales y de otro tipo, relaciones individuales y laborales, sistemas de educación, servicios comerciales y financieros, en fin, en la forma en que previo a la pandemia nos comportábamos cotidianamente. Todo, en el contexto de la organización económica, política y socialmente dominante, la capitalista, en que vivíamos antes de la crisis sanitaria, y continuaremos viviendo cuando esta haya concluido.

Esa «nueva normalidad» dejará intactas las relaciones de producción, las capitalistas, causantes de la desigualdad, la inequidad, la pobreza y miseria, el desempleo, la inseguridad, la violencia y todas aquellas condiciones que influyen en la elevada vulnerabilidad de la mayoría de la población ante contingencias causadas en gran parte por este sistema.

Aunque es más que palpable la urgencia de transformaciones sociales, pareciera como si la necesidad misma de un mundo más justo, equitativo y solidario se fuera a dar por la presencia y los impactos del SARS-CoV-2, como si fuera un catalizador revolucionario capaz de acelerar la transformación de la sociedad actual. En este caso, pecaríamos de inocentes e ilusos, y estaríamos negando la importancia de las luchas sociales por un mundo mejor, de la participación social consciente y organizada, de la defensa de ideales y, en última instancia, renunciando a nuestro derecho a la vida.

Por ello, en la «nueva normalidad», además de extremar precauciones para, en primer lugar, cuidar colectivamente nuestra salud y nuestra vida, convendría también sumar esfuerzos en la búsqueda y creación de condiciones que nos conduzcan a vivir en un mundo cada vez mejor, que será posible en la medida que lo intentemos.


* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: @macauphotoagency / Unsplash.






Luis López




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