Breaking

La pandemia: los rumores, el miedo y los derechos humanos

Diálogo País / Slider Inicio / Top News / 20/11/2020

SOMOSMASS99

 

Juan Manuel Ayala López *

Viernes 20 de noviembre de 2020

 

La sobreexposición informativa que sufrimos con la pandemia de la Covid-19, que está asolando al mundo, provocando una emergencia sanitaria y también una emergencia económica y social, está plagada de noticias falsas, rumores, pseudociencia o descontextualización. Desde el principio de la propagación del virus que la ocasiona, la Organización Mundial de la Salud (OMS) puso en marcha un programa piloto llamado EPI-WIN que tenía como objetivo garantizar la veracidad de la información oficial comunicada al público. Sin embargo, no hay vacuna informativa capaz de superar, la fuerza viral de la incertidumbre en una esfera pública digital dónde las noticias falsas tienen más de probabilidades de ser aceptadas que las verdaderas.

La gran diferencia entre esta y otras muchas epidemias que cambiaron el curso de la historia reside, no solo en que es “altamente contagiosa y potencialmente letal” (OMS), sino precisamente, en la capacidad de viralizar el miedo y el desconcierto que provoca; en la velocidad y efectividad con que ha amplificado las vulnerabilidades de un mundo conectado física y comunicativamente. Mientras se lucha por la contención del virus a escala global, nada es inmune a la “infodemia”, esa sobrecarga de información no fiable que se propaga rápidamente entre la población.

Del mismo modo, hay ejemplos contundentes de intentos criminales que usaron la desinformación para provocar una caída en los mercados bursátiles y ganar dinero con la especulación y con el encarecimiento de medicamentos y otros insumos. Y es que la desconfianza, el miedo y el pasmo gubernativo se han convertido en la nueva realidad.

“La desconfianza conduce al miedo, ya que en la actitud de sospecha hay miedo hacia el sospechoso. Así podemos afirmar que quien sospecha teme, y si sospecha de todos teme a todos. Y como una cosa conduce a la otra, al final surge la paranoia o delirio persecutorio”, asegura el investigador Carlos Castilla del Pino. 

Además hay una rentabilidad económica y política del capital del miedo, como en el caso del terrorismo y la violencia ligada al crimen organizado. Básicamente, la inseguridad presente e incertidumbre futura es lo que cría los temores imponentes e insoportables.

De igual manera, se ha hablado mucho de los rumores, como relatos anónimos y populares que recogen y reproducen el miedo, y expresan el enojo, según se perciba. Los rumores son considerados “enfermedades” cuya propagación contagiosa parece más fácil y rápida que la de un virus. Y en el caso de México no podría ser de otro modo cuando el virus del rumor resultó más contagioso que el del Sars-Cov-2. Se vivió realmente “una epidemia de rumores”, y es que el mal manejo de esta situación anómala desató la psicosis generalizada. En las páginas de internet, chats, blogs y correos electrónicos comenzaron a circular ‘leyendas urbanas’ sobre la pandemia. Otros,  hablaron incluso de “la mentira del siglo”.

Rumores que niegan la existencia misma de la enfermedad, evaden la realidad o bloquean emociones, que exageran las consecuencias de la misma o las minusvaloran dando cabida a un sinnúmero de teorías conspirativas. La sociedad se debate entre el riesgo y la esperanza, el miedo y la confianza. Los rumores reflejan el lado oscuro de la balanza. 

A parte de eso, también sabemos que, sin dinero, aunque se tenga calma y prevención, no se come. De qué manera pagarán la renta y la comida las personas que viven al día, trabajando de manera informal y/o combinándolo con ayudas. Gran dilema, para los gobiernos y las sociedades actuales: salvar vidas o salvar economías.

Los eventos históricos complejos tienen siempre muchas causas, como nos lo ha recordado Noam Chomsky. Las epidemias fueron, son y serán eventos inesperados y atemorizantes presentes, ponen en evidencia la fragilidad humana y la vulnerabilidad de su estructura social. Éstas son causadas por los mayores asesinos de la historia: los microrganismos, cuya función es infectar y continuar sobreviviendo, para la cual atacan sin piedad a todo aquel que se cruce en su camino, produciendo en los infectados múltiples padecimientos, entre ellos la muerte. 

La covid-19 nos ha traído un sinnúmero de sentimientos, la mayoría negativos por el aislamiento social obligatorio. Incredulidad en algunos; temor y miedo por la posibilidad de infectarse y morir, en otros. Preocupación por la familia y seres queridos que están expuestos, desconfianza por el vecino, el transeúnte que puede estar infectado, rabia por los que no se cuidan y no siguen las normas preventivas para evitar el contagio. 

Se ha demostrado como el desconocimiento y la incertidumbre provoca ansiedad. Esto nos obliga a estar alertas. El encontrarse ante una situación que no esperábamos; el hecho de que es un virus nuevo, que se propaga con mucha facilidad; el no saber cuánto durarán las medidas de restricción que se van tomando nos aboca a un estado de incerteza que no todo mundo puede gestionar.

Ante la fractura moral de los gobiernos y de sus políticas públicas de salud, se desencadenan las fantasías de contagio más inconcebibles, con la difusión más irresponsable y, por ende, estratégica, de diseminación del miedo. La enfermedad se caracteriza, como se ha dicho, por ser mortal, además se promueve la imagen del “sospechoso” de estar infectado, o del paciente que llegó tarde y tiene que ser entubado, ante la imposibilidad que muestra de respirar. La muerte por asfixia es promocionada como lo que es, terrible. A la violencia delincuencial, se suma la confusión médica del reconocimiento y diagnóstico de un mal, mediante la exacerbación del virus y su pandemia.

Todo ello, ha dejado al descubierto, la profunda crisis institucional de los sistemas de salud en México y en la mayoría de los países, el nulo trabajo de prevención de cuadros epidémicos y la simbiosis entre el saber científico y los intereses de los sistemas políticos en cuanto a la toma de decisiones, haciéndose más clara la aseveración de que los gobernantes mienten o distorsionan la realidad a su conveniencia. 

Recordemos lo que dijo el periodista Raúl Villamil en el año 2010, con motivo de la epidemia de la influenza porcina: “¿Las autoridades tienen miedo de cumplir con su deber? Y si esto es irrecuperable, ¿podemos apostar a la rebelión ciudadana ante cualquier acto de negligencia, corrupción o impunidad, como la única manera de negarnos a ser cómplices?”.

Al mismo tiempo, es menester salvaguardar los derechos humanos en esta grave circunstancia, conforme a lo propuesto por Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y diversos colectivos defensores a lo largo y ancho del planeta:

La magnitud y la gravedad de la pandemia de la covid-19 claramente ascienden al nivel de amenaza a la salud pública que podría justificar restricciones a ciertos derechos, como los que resultan de la imposición de la cuarentena o el aislamiento y que limitan la libertad de movimiento. 

Los derechos principales que a menudo están implicados en emergencias de salud pública incluyen el derecho a la salud, a la privacidad y la confidencialidad, a la circulación y la libertad, al empleo, a la no discriminación, a la libertad de reunión y expresión y a la información.

Los gobiernos deben reconocer que las desigualdades y vulnerabilidades existentes pueden significar que la pandemia y la respuesta que se asuma pueden tener un efecto desproporcionado en poblaciones particulares y por lo que deben actuar para mitigar esta desigualdad como corresponde.

Las personas tienen que tener acceso a mecanismos y recursos de rendición de cuentas en situaciones donde sus derechos han sido, o corren el riesgo de ser violados.

Las y los trabajadores de la salud están en la línea de combate de cualquier respuesta y tienen la misma probabilidad de ser objeto de estigma y discriminación si se perciben que están en contacto con el virus. A los gobiernos, por ello, les corresponde tomar medidas para brindarles protección y evitar que eso ocurra. 

Las autoridades están obligadas a trabajar para garantizar que todo, desde la infraestructura de salud pública hasta los exámenes de detección, pruebas y atención hospitalaria accesibles y de calidad, cuente con recursos para ello, manteniendo un enfoque centrado en las personas, particularmente las más vulnerables. Los países, más que nunca, están en posibilidades de alcanzar acuerdos para compartir conocimientos y recursos para una respuesta coordinada y garantizar que todos tengan posibilidades de  responder eficazmente a esta contingencia sanitaria.

Es preciso e importante el diseño de estrategias para disminuir la incertidumbre con el objetivo de mejorar la salud de la población, superando las desigualdades sociales y de género existentes, con una protección social que luche contra esos males y provea medidas de ayuda económica para asistir a los trabajadores de bajos salarios o desempleados, así como a pequeñas y medianas empresas. 

En este momento, nos enfrentamos a una situación impredecible y altamente dinámica como comunidad global, por lo que nuestro accionar y conducta no debe ser el miedo y la estigmatización, sino potenciar una actitud y respuesta más efectivas, humanas, responsables y sostenibles ante esta circunstancia. 

Usar la covid-19, política y estratégicamente, para sembrar pánico, odio, xenofobia y discriminación puede que traiga algo positivo para gobiernos populistas o electoreros en el corto plazo, pero no para todos como humanidad. Es necesario, pues, como lo propone la doctora Carme Colomina, investigadora del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), restaurar nuestras defensas, recuperar la credibilidad de la información y de las fuentes que la generan. La restauración de la salud pública es inexcusable para recomponer la salud informativa.


* Profesor y Vocero del Observatorio Acambarense por los Derechos Humanos “Raúl Vera López”.

[email protected]

Foto de portada: Observatorio Acambarense por los Derechos Humanos Raúl Vera López.






Luis López




Entrada Anterior

Pellizcos al neoliberalismo

Siguiente Entrada

Atacan con armas de alto poder a brigada de ayuda humanitaria en Chiapas; una religiosa herida





2 Comentarios

el 20/11/2020

Buen articulo para reflexionar y sobre todo para saber decidir si acepto o no el contenido de la información que generan las redes sociales, Felicusades Maestro Ayala

el 14/08/2021

Nada como la mente abierta de un columnista que nos permite apreciar con un ángulo de 360 grados la situación actual. Para tomar criterio.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

Pellizcos al neoliberalismo

SOMOSMASS99   Alfonso Díaz Rey* Viernes 20 de noviembre de 2020   La cúpula empresarial se sintió traicionada...

20/11/2020