SOMOSMASS99
Pepe Ramírez*
Miércoles 2 de diciembre de 2020
El triunfo del MAS en Bolivia,
por donde quiera que se vea,
es una hazaña de su pueblo.
“¡Jallalla (esperanza, festejo y bienaventuranza)!”
se grita en las calles[1]
El pasado 8 de noviembre Luis Arce tomó posesión como presidente del Estado Multinacional de Bolivia. La abrumadora mayoría de votos obtenida por el candidato del MAS dio cuenta de la resistencia de los bolivianos al golpe de facto perpetrado desde la oligarquía boliviana y sus aliados en Washington, golpe que pretendió descarrilar el proceso de transformación, democratización, inclusión y desarrollo del país sudamericano. La historia jugó en favor de la mayoría del pueblo de Bolivia, fue una historia construida por los de abajo.
En octubre de 2019, el presidente Evo Morales, quien asumió la dirección del gobierno boliviano en 2006, se presentó a elecciones buscando un cuarto periodo de gobierno, con el propósito de dar continuidad a las políticas que por más de 13 años empujó en contraposición al modelo neoliberal imperante en esa nación hasta el año 2005, un modelo que privilegiaba a muy pocos y excluía a los más pobres y necesitados, especialmente a la población indígena. De la inestabilidad política, económica y social que vivió la nación por siglos, se entró a una etapa de estabilidad y crecimiento con el ascenso de Evo Morales al poder en el año 2006.
Evo Morales y su proyecto alternativo al neocolonialismo y al neoliberalismo económico, llevaron a Bolivia a niveles de bienestar, desarrollo y progreso no vistos en ninguna otra nación sudamericana. En su informe presentado ante la Asamblea Legislativa en 2019, “destacó la construcción de más de 34 hospitales de segundo nivel, mil 61 nuevos establecimientos de salud… En cuanto a educación, Morales indicó que Bolivia es uno de los países con mayores niveles de asistencia escolar en primaria. Mientras que se han construido mil 206 unidades educativas para un total de 16 mil 733 durante 13 años de Gobierno. El mandatario se refirió a los alcances en cuanto a igualdad de género y dijo que antes en el Parlamento sólo había un 18 por ciento de mujeres y ahora conforman el 51 por ciento… aseguró que se han construido 5 mil kilómetros de carretera“.[2]
En lo económico, “el presidente recordó que en 2005, antes de asumir el mandato, el salario mínimo en Bolivia era de 440 bolivianos. En la actualidad es de 2 mil 60 bolivianos, un 470% de crecimiento… el modelo económico de su gestión permitió que el 62 por ciento de la población tenga ingresos medios. También dijo que en 2005 Bolivia era el segundo país con mayor nivel de deuda externa con el 52 por ciento del PIB. Para 2018, se convirtió en el séptimo país menos endeudado de América del Sur, con 24 por ciento de deuda. El Producto Interno Bruto (PIB) nominal de Bolivia creció 327 por ciento en los últimos 13 años y llegó a 44 mil 885 millones de dólares en 2018”.[3]
“Durante su gestión, Bolivia fue uno de los países con mayor crecimiento económico en Sudamérica, con un crecimiento promedio del PIB del 5% anual, lo que le valió el mote de ‘el milagro económico boliviano’. La pobreza extrema en Bolivia disminuyó de 36.7% a 16.8% entre 2005 y 2015”.[4] Todo ello en medio de la recuperación del orgullo y la dignidad de un pueblo excluido por siglos de colonialismo.
La derecha boliviana, ante la creciente pérdida de privilegios, así como el interés de los Estados Unidos de América por los grandes yacimientos de litio descubiertos en suelo boliviano (Bolivia cuenta con las reservas más grandes del planeta) dieron lugar al golpe de estado de noviembre del año 2019. El pretexto: fraude electoral en el proceso en el cual Evo Morales pretendía asumir un cuarto periodo de gobierno. La legitimación de este golpe de estado vino de la OEA y su patético Secretario General, Luis Almagro, aun cuando el supuesto fraude nunca fue comprobado.
El gobierno de la presidenta de facto, Jeanine Añez, impuesta por la ultraderecha boliviana en la dirección del país en pocos meses hizo todo lo posible por echar atrás los logros del proyecto de nación de Evo Morales y de todo un pueblo ansioso de continuar por la ruta del desarrollo, el crecimiento y la dignidad. Según comenta Alberto Betancourt Posada, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM: “Una vez en el poder, esa ultraderecha recurrió numerosas veces a la violencia contra protestas pacíficas. Quemó la Wiphala. Impuso la Biblia. Armó listas negras de militantes. Incendió casas de gobernadores. Vapuleó a alcaldes. Solapó a un grupo paramilitar que golpeó a las bartolinas en Cochabamba. Acechó a las personas en las redes. La corrupción se generalizó escandalosamente. El gobierno de facto infligió mucho sufrimiento al pueblo y destruyó vertiginosamente las conquistas sociales y económicas alcanzadas desde 2006”.[5]
Sin embargo, un pueblo paciente, organizado y movilizado, resistió la embestida brutal de la derecha, aun a costa de muchas vidas humanas que en la resistencia al golpe quedaron tendidas en suelo boliviano. La resistencia tuvo sus frutos: el 18 de octubre pasado se realizaron elecciones para la elección del presidente del Estado Plurinacional de Bolivia. Estas elecciones, aplazadas por tres ocasiones (el calendario original señalaba su realización para el 3 de mayo) por razones de la pandemia del Covid19, tuvieron como resultado el triunfo de Luis Arce, integrante del proyecto de Evo Morales y artífice del milagro económico de Bolivia durante los últimos 15 años. Se recuperó la esperanza. Triunfó el pueblo.
Son muchas y variadas las lecciones que para los mexicanos arroja el proceso de empuje progresista en Bolivia. Destacan:
- a) La consolidación y avance de los procesos de cambio de largo plazo, como el que se inició en Bolivia en 2006, y como el que se pretende en México a partir de la llegada de la izquierda lopezobradorista a la Presidencia de la República en 2018, no es responsabilidad única del gobierno que accede al poder. Es responsabilidad del pueblo organizado.
- b) Este pueblo organizado debe ser un pueblo cada vez más consciente del papel histórico que le toca vivir, debe ser un pueblo informado, claro de su realidad, que le obligará a mantener altos niveles de movilización para defender sus conquistas.
- c) El pueblo movilizado será el cimiento de los cambios profundos que se pretenden. Este pueblo es medio y es fin de los logros que, en el caso mexicano, persigue la Cuarta Transformación. La movilización popular será la garante de la preservación de los logros obtenidos durante años de la lucha del pueblo mexicano, lucha que debe leerse como un continuum de formas organizativas a través del tiempo: el Taller de la Gráfica Popular de los años 30 del siglo pasado, el movimiento de los Ferrocarrileros en los 50, de los Médicos en los 60, los Movimientos Estudiantil y Universitario en general en los 60 y 70 y las luchas por la participación y democratización de la vida pública de los años 80 a la fecha, entre otros. “Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”, repite constantemente el presidente Andrés Manuel López Obrador, en referencia a Benito Juárez.
- d) La derecha, en todo el mundo, se resiste a perder sus privilegios y ajustarse a un estado de derecho. Así como promovió el golpe de estado en Bolivia (noviembre del año 2019), no hay duda de que en el caso mexicano insistirá en derrotar al movimiento progresista encabezado por López Obrador. Ahí están los Frenaa 1 y los Frenaa 2, agazapados por momentos, embravuconados en otros, con una oligarquía detrás, oculta, que financia a grupos e “intelectuales” en su afán de tener a su servicio a gobiernos antipopulares que respondan a sus intereses muy particulares.
El pueblo organizado, consciente y movilizado, tiene el deber de estar atento, vigilante, para evitar situaciones que den lugar a retrocesos en este camino que ha decidido andar. En el pueblo está depositada la esperanza de seguir transitando por el camino que nos llevará a un futuro mejor.
Notas:
[1] Rayuela, www.jornada.com.mx/2020/10/19/
[3] Idem
[4] A. Arauz, M. Weisbrot, A. Bunker, J. Johnston; La transformación económica de Bolivia: políticas macroeconómicas, cambios institucionales y resultados; Center for Economic and Policy Research, octubre de 2019.
[5] www.jornada.com.mx/2020/11/09/opinion/020a1pol
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo, de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Foto de portada: Partido Comunista Revolucionario.
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