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La resiliencia en el año de la pandemia

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Slider Inicio / Top News / 18/12/2020

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©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Viernes 18 de diciembre de 2020

 

Casa Integrativa de Potencial Humano es un centro de atención en Tepic, Nayarit, que proporciona atención psicológica y trabaja en la prevención de riesgos de las niñas, niños, adolescentes y sus familias.

Fue en el marco de su 15 aniversario que su directora, la psicóloga Luz del Carmen Aguilar, nos convocó a dialogar con el psiquiatra y psicoterapeuta argentino Lucas Raspall.

¿Qué se necesita para salir librados de esta pandemia?, fue la pregunta detonadora de dicho espacio reflexivo. Tres conceptos pueden resumir lo que dijimos en respuesta a tal cuestionamiento: vínculos, adaptación activa a la realidad y juego. Sí, tres elementos fundamentales para salir adelante ante un virus cuya característica obliga a salvarnos juntos. Tres elementos parte de la biología de los seres humanos, afortunadamente.

En marzo del presente año cuando se declaró la cuarentena en México y la Covid-19 aún generaba más preguntas que respuestas para los epidemiólogos e investigadores, la angustia y el estrés intenso fue la constante en la población.

Dos elementos sumaron a tal emocionalidad. Por un lado, la ignorancia ante el fenómeno, es decir, el desconocimiento del virus, su dinámica de contagio, potencial letal, etcétera. Por otro lado, la incertidumbre ante el desconocimiento de la duración de la pandemia, sus consecuencias y dimensiones que tomaría.

Y es que los seres humanos necesitamos la certeza, la calma y el control que otorga la predictibilidad. De tal manera que cuando se nos coarta dicha predictibilidad, el piso se nos mueve, la ansiedad hace su aparición, y si las circunstancias adversas crecen, se torna en angustia y desesperación.

Con el paso de los meses el miedo ante lo desconocido del virus y la pandemia disminuyó. Pero para entonces ya había dejado sus múltiples secuelas individuales, sociales, laborales, económicas, culturales, académicas: afectaciones físicas y mentales, muerte, violencia y fracturas en las relaciones familiares y conyugales, cesantía, deterioro financiero, cierre de escuelas, teatros, cines, plazas, y con ello la obturación de los espacios de encuentro que constituyen el sello humano: la necesidad profunda del encuentro social que ratifica la existencia y produce cultura. Espacios que posibilitan la celebración de los rituales y las ceremonias que hacen que la vida resulte festiva y mágica, cuya “desaparición degrada y profana la vida reduciéndola a mera sobrevivencia”, en palabras del filósofo Han.

Nueve meses después la llegada de la vacuna vislumbra la posibilidad de la superación paulatina de la incertidumbre. No obstante, los daños, el desgaste, las muertes y pérdidas de todo tipo son muy grandes, abriendo un boquete en la sociedad que requerirá de mucho trabajo y tiempo para repararlo.

¿Cómo salir de esta situación? ¿Aprenderemos de la experiencia y saldremos más fuertes, sabios, solidarios y humanos de esta situación o una vez que todo vuelva a la “normalidad” seremos las mismas personas de siempre? La moneda está en el aire: Lo primero será fruto de la resiliencia. Lo segundo será sólo resistencia.

Para que la resiliencia sea una posibilidad se requiere mantener el trabajo constante para la creación, sostenimiento y fortalecimiento de los vínculos humanos. El estrés, las pérdidas, la angustia y el miedo ante la adversidad empuja a nuestro cerebro social a buscar apoyo en quien pueda proporcionar apoyo, protección y consuelo. Será la posibilidad de encontrar a ese otro, a esa otra, lo que permitirá vivir en consciencia las emociones detonadas por el mal momento, con lo que la evitación o recuperación del trauma será posible.

Los vínculos construyen redes sociales que posibilitan salir adelante de los problemas que la pandemia ha ido dejando a su paso. No es posible salir delante de manera individual.

La adaptación activa a la realidad, en términos del psicoanalista Pichon-Rivière, es la capacidad de poder asumir nuevos roles, junto al abandono paulatino de los roles anteriores que sean inadecuados para a la situación actual. Para el despliegue de este tipo de adaptación se requiere de toda la creatividad, imaginación y disposición posible.

Finalmente, el juego es fundamental para la vida en general y, de manera especial, para transitar la adversidad. El problema es que aún antes de la pandemia jugábamos poco. Nos hicimos trabajadores y dejamos de ser jugadores hace mucho tiempo. Toca recuperar este atributo que posibilita la experimentación del goce y la alegría, elementos fundamentales para vivir y no solo sobrevivir.


* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Chapman Chow (@ch49man) / Unsplash.






Luis López




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1 Comentario

el 18/12/2020

Gracias Gaudí, por aproximarnos a las posibilidades profundamente humanizantes de la afirmación de Lucas Raspal: vínculos, adaptación activa y juego… salida resiliente de las pérdidas en ésta pandemia.



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