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Dos opciones

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SOMOSMASS99

 

Víctor Corona*

 

Dos opciones

Nunca fui un buen lector

ni ordenado

o de gustos definidos

mi abuela me regaló mi primer libro a los 8 años

El capitán Fracaso de Théophile Gautier

historias de un fanfarrón

borracho

romántico

destruido

que abandonó su castillo

siguiendo el amor de una actriz.

 

Leer en mi barrio era algo como antinatural

nadie leía

nadie tenía libros en casa

mi jefe tenia algunos de estrategias contra la guerrilla

de guerrilla urbana

enciclopedias de medicina

el Koki y yo las leíamos por las tardes

imaginábamos todas las enfermedades posibles

de la A a la zeta.

 

Los sablazos del capitán Fracaso me pegaron

-debe ser-

porque a veces que me topaba con libros viejos

Corín Tellado

Arlequín

Stephen King

y los devoraba

hojas amarillentas

olor a tabaco.

Vampiros de Nueva Orleans que pistiaban cosas raras

que más que shupar sangre

cogían con brío

cogidas ruidosas

de cuerpos shocando

-una y otra vez-

de colshones sudados

de gritos que se escapan por las ventanas

pinshis vampiros de New Orleans

qué vergas hacían en Las Lomitas.

 

Seguía leyendo mal

saltándome páginas

avanzándome al final

dejando los libros a la mitad

o inventándome partes.

 

Nos decía un profe en Guanajuato

la vida sólo da dos opciones

vivirla o escribirla

lo decía

riéndose con sus dientes enormes

y se las curaba el vato

se la curaba de todos nosotros

estudiantes pobres de literatura

encerrados en las ruinas de un exconvento.

 

Nosotros bajábamos de Valenciana

sintiéndonos otro pedo

como tocados por una magia

o por algo especial

bajábamos a la ciudad muertos de hambre

pensando

qué haríamos esa noche

para comer

para pistiar

para coger

para dormir.

 

A mi me seguían los libros

o yo los seguía a ellos

viejos algunos

súper sobados

prestados algunos

la mayoría robados de las raquíticas librerías

o abandonados por estudiantes aventureros

franceses

gringos

quebecois

alemanes

que volvían a sus países exhaustos

sin espacio para libros.

 

Nosotros los pepenábamos

los recogíamos

nos extasiábamos

a veces

sólo a veces

los leíamos.

 

Al Oti le gustaban los de historia en alemán

Al Nubes todos los comunistas

de Nicaragua

del Salvador

de las Islas Marías y de José Revueltas

a mí me maniacaban los de poesía

-vales verga pinshi poeta-.

 

Nos reíamos

me gustaba que se rieran de mí llamándome

despectivamente

-poeta-

porque las escaleras del Bar Ocho se hacían peligrosas de noche

y el Nubes ya pedo bailaba sin parar

se quitaba las botas

y la camisa

y juntaba su espalda sudada con la del pinshi texano ese mamador

que le decían el Snake.

 

El Oti aun más pedo me preguntaba si yo pensaba

-si yo pensaba-

que esa morrita del fondo lo estaba guashando

pero yo veía al Oti tan pedísimo

que sólo se me ocurría que una desgracia podía pasar.

La música sonaba súper fuerte para ser martes

verga

martes y ya estábamos enfiestados.

 

Yo le decía a July que me sirviera agua por favor

sólo agua

y veía al Oti dándose unos kises con la morra

la misma que el vato decía

que lo guashaba

yo me agüitaba porque no entendía nada

nunca entendí nada.

 

Entonces miraba los libros

esos por los que nos habíamos reunido

El Oti, El Nubes y yo

no se nos vayan a olvidar

o a perder

o a robar.

 

Y en un instante la música ya no estaba

no estaban mis compas

no estaba nadie

allí estaba la bolsa blanca con los libros.

 

Recuerdo todo este trip en este momento

que también es de noche

que también llueve

cuando leo aún menos

y cuando leo aún peor.

 

Tengo muchos libros por aquí aún

algunos de esos tiempos

aún más amarillos

con notas escritas a lápiz

por ese yo que fui hace 25 años

que leo y me da ternura reconocer.

 

Todo queda súper lejos

detrás de toda esta distopía que nos cubre el rostro

es de noche y en la montaña el aire es puro

recuerdo a mis compas

y esos días

las calles

los olores

los sonidos.

 

Se me acongoja el corazón porque quizá estoy un poco pedo

-sólo un poco-

recuerdo que El Nubes murió hace pocos meses

que el Oti

-mi Oti-

hace más de dos años que dejó de hablarme

me han dicho que  tiene una librería de viejo

el vato

allá por Los Arcos.

 

Pero la lluvia cae lentamente

veo los libros que sostienen mi pared

y pienso en nosotros

morros

morros pobres norteños estudiando literatura

una mañana de miércoles bien crudos

oyendo a ese profe de literatura de dientes enormes

diciendo

con esa risa de asesino, eso:

la vida sólo te da dos opciones.


* Víctor Corona estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato, México, y el doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona, España. Actualmente se dedica a la investigación.

Imagen de interiores: Mina de Valenciana e iglesia de Valenciana (al fondo) en Guanajuato, México. | Foto: Wikipedia.

Imagen de portada: Steve Halama (@steve3p_0) / Unsplash.






Luis López




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