SOMOSMASS99
ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 29 de marzo de 2021
«Buscando nos encontramos»
– Ixchel Luna
Familiar de desaparecido / México.
Y de las permanentes
Es de noche, casi las dos.
En la subida que lleva al centro comercial, el coche se detiene. Se para. Ya no funciona nada, vamos ni siquiera las intermitentes.
Un pequeño momento de indecisión.
Decide dejar ir el coche hacia atrás, usando toda la fuerza de la que es capaz para contener el volante, que con los coches automáticos se bloquea luego luego. Orilla el automóvil, echando una mirada ansiosa al retrovisor, no viene nadie. Intenta subir el vidrio de la ventana, pero es como el volante, bloqueado todo.
Le da gusto haberle puesto crédito a su celular, llama a los cuates, total están muy cerca, viene de casa de uno de ellos, y a casa: “Papá se descompuso el coche, creo que es la batería…”
Tamborilea con los dedos el asiento. Checa la hora, cada segundo es eterno. Su corazón late diferente, no sabe si más rápido o más lento, pero diferente.
Miedo. Hay miedo.
Llegan los cuates. Sacan cables, trae los suyos, sí sabe qué y cómo hacer lo necesario, sólo necesita otro motor.
Y nada. No arranca.
Llega caminando un cuate que ella ya ha visto por la avenida, a esas horas de la noche justamente. Los mira, indiferente, y se sienta, en el mismo lugar de siempre. Y después de unos minutos, se levanta, se acerca y propone su ayuda.
“No, no gracias, nosotros podemos”, dicen en coro, como si hubieran ensayado mil veces antes. No gracias, extraño no te acerques, piensan.
Miedo. Hay miedo.
Siguen buscándole, ponlo acá, no que tiene que hacer tierra, que ese puerto no es, espera.
Pasa una patrulla. Lentamente.
Da vuelta en U en el retorno, se acerca, se detiene: “¿Señorita, todo bien?”
“Sí, no se preocupe Oficial, son mis amigos”. No se acerque oficial, piensan, todos.
Miedo. Hay miedo.
Llega el papá.
Y no logra nada.
Ahí están de noche, ya casi las tres, en una subida, la que está antes del centro comercial.
Se pone de pie el chavo, el que está sentado ahí, quién sabe para qué, y propone, otra vez, su ayuda. Esta vez sí aceptan, y claro, el coche arranca.
Adiós, sí gracias, nos vemos, con cuidado, sí.
Se van todos, los cuates de regreso, ella manejando, el papá siguiéndola en su coche y el chavo… el chavo se vuelve a sentar.
El coche no tarda en pararse otra vez, el papá lo va empujando a como se pueda entre curvas y topes, y lo estacionan, escogen una calle tranquila, frente a casa de unos conocidos.
Regresan juntos a casa.
Ya pueden dormir. Ellos y la mamá que estuvo esperando en casa.
¿Era el miedo justificado? Sí.
¿Los tres momentos de miedo? Sí.
Que la niña andaba por el Estado de México.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Imagen de portada: Anaïck Lentz.
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