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El juicio al asesino de George Floyd y el racismo institucionalizado en las autoridades de EEUU

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SOMOSMASS99

 

El Molino Online*

Lunes 12 de abril de 2021

 

Conmocionada, sacudida, asqueada, perturbada, temerosa, aterrado EEUU observa el juicio al policía blanco de Minneapolis que asesinó en mayo de 2020 a George Floyd, un afroamericano, padre, hijo, hermano, con 46 años de edad.

Hemos vuelto a ver videos de cómo lo mataron. Hemos escuchado testimonios de socorristas, médicos, entrenadores de la policía, testigos presenciales.

La fiscalía ha presentado lo que parece un caso sólido de homicidio.

Por su parte, el equipo defensor del agente argumenta que Floyd estaba drogado, y que controlarlo era absolutamente necesario. Basan su argumento en un peligroso arquetipo dentro del imaginario negativo del EEUU blanco: El negro enfurecido, alguien casi subhumano, de fuerza colosal. Es el coco que — alimentado por las instituciones desde que se fundó esta nación en la opresión de una raza por otra– ha servido una y otra vez para matar, encarcelar, humillar e intentar amedrentar a los negros de EEUU.

Este vil asesinato — el policía le clavó la rodilla en el cuello a Floyd durante más de 9 minutos hasta que dejó de existir — despierta en este bloguero memorias de violencia policial a lo largo de los años.

Hace décadas, en los días del movimiento contra la guerra en Vietnam, casi recién llegado a EEUU, este servidor se encontró en una situación en que la policía de un estado sureño atacó una reunión pacífica, alegre — una fiesta de adolescentes —. Unos 40 policías, con bastones y perros, se lanzaron contra medio centenar de jóvenes desarmados y sin ánimo alguno de camorra. Nos golpearon, interrogaron por un rato que pareció una eternidad.

De todos los presentes, esposaron a un amigo afroamericano, un veterano de Vietnam en plena forma. Jamás he visto una paliza similar a la que le dieron a Ernest unos 8 o 10 policías — todos blancos —. Luego de esposarlo, lo tiraron al suelo, donde lo patearon, golpearon con los bastones, arrastraron, dejándolo hecho una pulpa.

Jamás volvimos a ver a Ernest.

Años después, la vida me llevó a Los Ángeles para una viaje de negocios, acompañado de otro colega y nuestro cliente, Larry, afroamericano graduado de una de las mejores academias del país, con un CV impresionante.

Una salida de la carretera por vía errada y nos encontramos en medio de un barrio desconocido.

Mientras buscábamos ubicarnos, un auto de la policía nos detiene. Larry instintivamente pone las manos sobre la guantera. Su tensión era visible.

Licencia en orden. Papeles en orden. No hay señas de alcohol. Todo bien.

Fue entonces que comienzan con Larry. Lo sacan del auto, obligan a poner las manos en alto contra el vehículo, comienzan a registrarlo. Lo ingresan en el auto policial, al tratar de interceder nos sacan una arma. “Stop right there!”

Lo sueltan.

Como si nada, el agente nos guía a la interestatal. 

Silencio en el auto — no nos atrevíamos a hablar —. Larry rompe el silencio: “No es la primera vez que me ha pasado. Ni será la última. No me pegaron un tiro, que alivio”.

Temprano en su vida, un niño afroamericano recibe de su padre lo que llaman “The Talk” (La conversación). No es sobre los pájaros y las aves. Es cómo reaccionar si lo para un policía. Como responder: “Si señor/a”. Cómo evitar meter la mano en los bolsillos. O la guantera del auto. Todo en muchos casos con un arma apuntándole.

Hace poco, en la ciudad de Atlanta, me reuní con un viejo amigo de la universidad. Profesor, abogado graduado en Harvard, me contó cómo a su esposa la pararon y porque al agente no le gustó la respuesta, la sacó del auto, la tiró al suelo, la esposó. Se la llevó al calabozo.

Una nota en Daily Beast informa sobre un teniente del ejército parado por la policía, obligado a salir del auto con las manos en alto, rociado con gas de pimienta. Su crimen ser negro y latino.

El repugnante racismo que aflige a EEUU, igual que un cáncer, ha hecho metástasis. Bajo la administración Trump, impulsado por su discurso fascista y xenofóbico, sostenido por funcionarios que abiertamente compartían esa ideología, con la consigna “América Primero” cobró nuevo vigor. Fue un soplo de energía. Hoy día grupos de racistas, fascistas, nacionalistas y supremacistas blancos están en las fuerzas armadas, policiales, en el Congreso federal y las asambleas locales, y en los medios de comunicación, como Fox.

Derrotarlo no será fácil. Pero es esencial para la salud de la república — y para que las fuerzas progresistas se sigan organizando —.


* Texto del director El Molino Online.

Imagen de portada: Memorial en el sitio en que asesinaron a George Floyd en Minneapolis, Minnesota. | Foto: El Molino Online.






Luis López




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