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ÚLTIMO PISO
Gwenn-Aëlle Folange Téry*
Lunes 10 de mayo de 2021
El crimen organizado en México es el que se origina,
sostiene y nutre desde las estructuras del Estado,
en particular de aquellas que teóricamente existen
para combatir, precisamente, a la delincuencia.
– Diego Enrique Osorno
Hace años, un maestro de prepa nos enseñó a pensar, no nada más a usar las conexiones en nuestro cerebro -finalmente, eso el mismo cerebro lo sabe hacer sin intervención nuestra-, sino a observar, analizar, argumentar, decidir.
Leíamos autores conocidos y reconocidos por, justamente, su pensamiento y su manera de exponer sus ideas, ya fueran poetas, políticos o filósofos: Baudelaire, Voltaire, Ronsard, Montaigne (uno de mis preferidos) y más. Todos franceses, la materia, literatura francesa, lo requería.
Me quedó de aquellas clases la profunda certidumbre de que, uno, la escritura es un medio que permite exponer argumentos sin ser interrumpido, y dos, que no todo argumento se debe defender con seriedad evidente. El sarcasmo es ideal para despertar conciencias.
Un ejemplo de aquello era lo que decía Voltaire, o lo que le hacía decir a uno de sus personajes, cuando éste afirma que “todo va de la mejor manera, en el mejor de los mundos posibles”. El maestro nos hizo notar que habiendo “sólo un mundo existente”, era obvio que no podía haber varios posibles y menos que uno fuera mejor que los demás.
En ese entonces yo no suscribía la idea de que existen tantos mundos como personas y momentos hay y te diré que no sé si hubiera sido capaz de discutir la idea en clase aunque aquél fuera un maestro que fomentaba la discusión; hablaba tanto de amores, como de política o de comida, siempre retando de alguna manera, obligándonos a formar-nos una opinión personal de todo. Nos decía, y de esto se acuerda una amiga mía, que no podíamos perder la capacidad de indignación, que la sensibilidad no se daba leyendo el capital de Marx, sino saliendo a la calle y abriendo los ojos…
Nos enseñó a mirar más lejos que la pared de nuestra recámara, a leer con crítica, a despojar cada poema de su envoltura melosa o rítmica para descubrir qué le torturaba las tripas al autor del mismo para afianzar nuestras opiniones y para ser capaces de desarrollar argumentos. Nos enseñó a descubrir ideas ocultas detrás de circunlocuciones, a poner en entredicho la validez de los argumentos aportados por nuestros pares o superiores, en fin, a tener pensamientos propios.
Le debo mucho.
Y sí. Hoy que sé cómo llevar una discusión sin ponerme a llorar, a gritar o a golpear al otro, me gustaría preguntarle si realmente piensa que sólo existe un mundo o si “nada más” nos explicaba lo que expresaba Voltaire en un texto una vez un día.
Porque de que hay varios mundos posibles, los hay.
Es día de las madres en México, y si le pregunto a dos mil veintiún personas cómo viven ese día, intelectualmente, emocionalmente, te apuesto a que tendré dos mil veintiún respuestas diferentes, muchas de ellas diametralmente opuestas, y eso sin cuestionar lo radicalmente comercial del evento.
– Mi mamá me mima, me mimó, entonces yo también.
– Mi mamá me abandonó, esa fecha me duele.
– Mi mamá murió, lloro. (A ésta ponle los matices de “murió hace años”, “acaba de morir”, “murió de viejita”, “murió en una balacera”, “murió de covid”, “murió de cáncer”. Encontrarás tantos submundos como causas hubo).
– Mi mamá siempre me escucha, y quiero hacer lo mismo por ella.
– Mi mamá tiene Alzheimer, no sabe ni quién soy.
Y así.
Cada vivencia un mundo, cada mamá un mundo, cada hijo, un mundo. Cada año, un mundo.
– Mi hijo me golpea.
– Mis hijos me trajeron a vivir con ellos, soy feliz.
– Mi papá me violó durante años y mi mamá lo sabía.
– Mi madre es la patria.
– Mis hijos me trajeron a vivir con ellos, yo hago el aseo en su casa.
– Mi hija me llama todos los días, me pregunta qué necesito y me cuida.
– Mi mamá me golpeaba y terminó matándome. (Sí, los fantasmas participarían en la encuesta).
– Mi hija vive en otro país, ella es feliz entonces yo también.
Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio
Y acá en el mundo en el que viven los mexicanos, los fatídicos:
Mi mamá desapareció.
Mi hijo desapareció.
Mi hija no ha regresado.
La mamá de mi mamá salió de viaje hace años, no sabemos dónde está.

Hoy es 10 de mayo del 2021. En México se venden las rosas a precio de oro y el covid no va a impedir las serenatas con mariachi. Y en México también, hay marchas. Miles de madres salen hoy a la calle a marchar por sus hijos desaparecidos, demandando resultados.
Fuera yo millonaria presionaría, por ejemplo, cortando los fondos de las construcciones federales. Fuera yo el/la Papa, lo haría con un mensaje urbi et orbi. No soy nada de eso, entonces escribo.
Pienso, porque caray eso sí lo sé hacer, que hay que seguir marchando. Y exigiendo. Con el voto sí, pero con presiones como ésas también, porque con tanto chapulín y tanto cártel infiltrado, el voto no es suficiente.
¿Se ha logrado un avance con las marchas? ¿Uno que se pueda medir fehacientemente? Claro que no, pero sentaditos en casa, menos se lograría.
Yo digo que, algo en lo general y mucho en lo particular, a los que gobiernan no les parece urgente encontrar a tanta gente. Total, no son ni de su casa ni de su sangre.
Y sin usar el fino sarcasmo que tan bien manejaba Voltaire, me atrevo a decir que a los cárteles que desaparecen gente todos los días, las marchas… les vienen valiendo madres.
* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.
Imágenes:
(1) Patricia Manzanares. | Foto: Atala Chávez.
(2) Alejandro Moreno. | Foto: Vic G. Arista.
Portada: Madres buscadoras. | Foto: Guadalupe Fernández.
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