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Esther Sanginés García*
Miércoles 19 de mayo de 2021
Mujer implacable e inteligente, que no pestañea en los mayores aprietos, que habla con feroz energía en las juntas públicas, que no se desmaya como las demás, que no mueve un músculo del rostro cuando oye la sentencia fiera.
– José Martí

Lucy González en 1886. | Foto: Wikipedia.
Cuando conmemoramos el Primero de Mayo, recordamos a los mártires de Chicago, a los sindicalistas valientes asesinados por la “justicia” al servicio de los empresarios capitalistas en Estados Unidos, pocas personas se acuerdan de Lucy y cuando lo hacen, la consideran como la viuda de Parsons. Lucy[1] era más, mucho más, era una mujer implacable e inteligente que luchó toda su vida contra las relaciones capitalistas, por la libertad, por mejorar las condiciones de la clase obrera, de los negros, de las minorías y de las mujeres trabajadoras.
Lucy, mexicana por herencia y por opción
Sus padres vivían en Johnson County, Texas, su madre era una mujer negra, mexicana, libre, su padre era un indio Creek. La Guerra de Intervención estadunidense en 1847 cambió su situación, el 2 de febrero de 1848, al firmarse los tratados de Guadalupe Hidalgo que despojaban a México de la mitad de su territorio, los padres de Lucy dejaron de ser mexicanos y su madre volvió a ser sometida a la esclavitud. Situación que compartió con cerca de 20 mil mexicanos que vivían en Texas y defendieron el territorio[2], pero fueron derrotados tanto por la ineptitud de los gobiernos en México, las traiciones de los polkos y demás conservadores, como por la prepotencia norteamericana.
En 1853, cuando nació Lucy, la legislación de los Estados Unidos, contra la ley natural, la marcó como esclava. ¿Cómo llegaron sus padres a Texas? No he encontrado el dato, probablemente la madre alcanzó su libertad al cruzar la frontera. Alrededor de 1856 sus padres murieron, hay evidencia de que a los tres años Lucy quedó huérfana; un tío materno, hispano hablante, al que esclavizaron en un rancho algodonero, se hizo cargo de ella; sobre Lucy se ensañaron el racismo y la injusticia. Su madre y su tío, como muchos otros mexicanos, perdieron todo, su nación, su libertad, mantuvieron el español como su lengua, aunque en el trabajo y las fincas se hablara inglés. Lucy siempre se asumió como mexicana.
Como esclava, desde muy chica se incorporó a las faenas del campo de algodón. Tras la guerra de secesión (1861-1865), en 1865 los esclavistas fueron derrotados. Lucy tenía once años, permaneció trabajando en el rancho algodonero, legalmente dejó de ser esclava, en la práctica las condiciones laborales no variaron mucho.
Una historia paralela
El 20 de junio de 1848 nació en Montgomery, Alabama, Albert Richard Parsons, quedó huérfano en 1853, creció junto a su hermano mayor, a los doce años entró a trabajar como aprendiz en el Galveston Daily News, donde asimiló el oficio de impresor.
Durante la guerra de secesión combatió primero bajo las órdenes de su hermano, después de manera independiente; recibió condecoraciones por su valor. Al terminar la guerra, lo convencieron las enmiendas constitucionales y las medidas que aseguraban los derechos políticos de los negros, sobre todo debido a su trato con la “tía Pascua”, una esclava negra, por quien sintió gran amor y respeto, pues además de que estuvo siempre pendiente de él, lo crio con gran bondad y con el amor de una madre.
Su experiencia, la reflexión y el estudio lo convencieron de que las ideas esclavistas de los confederados que participaban en el Partido Demócrata estaban equivocadas, por lo que consideró que la defensa de la libertad y los derechos de los negros del Partido Republicano eran una mejor opción, así que militó en el Partido Republicano, destacándose en el ala radical, sus convicciones lo llevaron a ocupar cargos en el gobierno federal, fue además secretario del Senado en el estado de Texas. El odio de sus antiguos compañeros de armas, de sus vecinos y del Ku Klux Klan (KKK) se encarnizó contra él.
Trabajó Albert como corresponsal itinerante del Houston Daily Telegraph. En 1868 conoció a Lucy, quedó impactado por su inteligencia y su trato. Tres años después se casaron en la ciudad de Austin. Al contraer matrimonio formaron una pareja ilegal, pues los matrimonios interraciales estaban en la práctica prohibidos en los estados sureños.
El trabajo del hogar se organizaba y repartía entre los dos, Lucy además de sus cualidades domésticas gustaba de la lectura y le robaba horas al sueño para leer y también para escribir, sus artículos versaban sobre el desempleo, los vagabundos, los sin techo, los veteranos de la guerra civil, el papel de las mujeres en la construcción del socialismo. La pareja propiciaba la equidad en todos los espacios, incluido el hogar, compartían la responsabilidad y la atención de los hijos. Se apoyaban tanto en la vida doméstica como en la política.
La vida social de la pareja se hizo cada vez más difícil, no sólo por su matrimonio interracial, también por su participación como activistas por los derechos de los negros y de las mujeres en tierras terriblemente racistas y patriarcales. Las amenazas constantes que recibían sobre todo del KKK les obligaron a partir hacia Chicago, en 1873.
Chicago era un infierno para los trabajadores. Así que sin saberlo saltaron de la sartén al fuego; allí Albert se alejó del Partido Republicano al comprobar que su discurso antiesclavista no tenía congruencia con la sobre explotación de los trabajadores en las fábricas. Lucy y Albert se unieron por convicción al Partido del Trabajo.
Lucy y Albert en Chicago
Desde su llegada a Chicago comenzaron a participar en la vida política y laboral. Al principio Lucy se dedicó a maquilar ropa femenina en su casa, posteriormente entró como costurera a una fábrica textil. Albert trabajó en una imprenta. Lucy escribía sin remuneración económica en el periódico The Socialist. Luego ambos fundaron junto con otros compañeros el periódico The Alarm, vocero de la Asociación Internacional de Trabajadores. Ella escribía sobre el desempleo, el racismo o la función de las mujeres en la política.
¿Podemos imaginar las condiciones laborales y de vida de las costureras en el siglo XIX? Si en la actualidad las mujeres que trabajan en fábricas textiles sufren un trato terrible, como se manifestó el 19 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México, cuando salió a flote toda la vileza de los empresarios, ¿cómo serían esas formas de explotación en las fábricas textiles de Estados Unidos en el siglo XIX? Pues sí, peores, las mujeres eran las más explotadas.
Lucy, que había vivido la esclavitud durante sus primeros once años de vida y una semiesclavitud en los campos algodoneros, impulsó junto con otras compañeras la organización de las obreras. En 1879 vivió la experiencia de la maternidad con la gestación y el nacimiento de Albert Parsons junior. En 1880 Lucy se integró a los grupos anarquistas de la ciudad y colaboró con la organización sindical. En 1881 nació Lulú Eda Parsons. Sus embarazos y partos no fueron obstáculo para su participación: seguía reuniéndose con sus compañeras y compañeros casi hasta el momento de dar a luz. Colaboró para crear la Unión de Mujeres Trabajadoras de Chicago:
Organización que fue reconocida en 1882 por la Orden de los Nobles Caballeros del Trabajo, una especie de federación. Un gran triunfo: hasta ese momento no se aceptaba la militancia femenina”. En 1885, en plena efervescencia por la jornada de 8 horas, Lucy fue una mujer muy activa en la organización de las costureras de la industria maquiladora (sweat-shops). Desde esa tribuna, hizo hincapié en la defensa de los negros. En un artículo publicado el 3 de abril de 1886, denunció que los negros eran víctimas sólo porque eran pobres, y planteó que el racismo desaparecería inevitablemente con la destrucción del capitalismo[3].
Lucy y Albert impulsaron la huelga general con el lema “ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y ocho de recreación». La lucha por la jornada de 8 horas era la reivindicación principal. En el país donde los empresarios de origen anglosajón (cristianos blancos) se consideraban a sí mismos paladines de la libertad, todos los obreros y obreras, incluidas niñas y mujeres, tenían jornadas de 15 o 18 horas con salarios que apenas alcanzaban para algunos alimentos básicos. Durante el período presidencial de Andrew Johnson se había promulgado una ley que establecía la jornada de ocho horas, pero muy pocos estados la aplicaron.
El 1 de mayo de 1886 Lucy marchó orgullosa con el movimiento obrero organizado, al lado de su compañero y sus hijos:
Los trabajadores llamaron a una huelga para el primero de mayo de 1886. La reacción de la prensa fue virulenta. El 29 de abril el Indianapolis Journal hablaba de «las fogosas arengas de truhanes y demagogos que viven de los impuestos de hombres honestos». Como en otras ocasiones, Lucy y Albert marcharon junto a sus hijos. Los Parsons habían estado tensos y expectantes porque el Chicago Mail, en su editorial, había tratado a Albert y a otro compañero de lucha de «rufianes peligrosos en libertad». Y exigía en sus páginas: «Señálenlos hoy. Manténganlos a la vista. Indíquenlos como personalmente responsables de cualquier dificultad que ocurra». En Chicago, donde las condiciones de los trabajadores eran peor que en otras ciudades, las huelgas y las movilizaciones continuaron. Para el día 4 se convocó a un acto en el Haymarket Square. Albert fue uno de los oradores[4]. También Lucy.
En el acto participaron unos 20 mil trabajadores y trabajadoras, terminó en “total orden”. Cuando empezó a llover, Lucy y Alberto fueron a tomar un chocolate con sus hijos: Albert de siete años y Lulú de cinco. Afuera, cuando quedaban alrededor de 200 participantes, los policías cargaron contra ellos. Una bomba casera explotó, un oficial murió. Siguió la represión brutal, el estado de sitio, el toque de queda, la detención de trabajadores y su tortura. Nunca se supo cuántos trabajadores fueron masacrados.
Después de la represión de Haymarket, Albert y 30 anarquistas más fueron detenidos, acusados del estallido de la bomba y la muerte del oficial. El 21 de junio inició uno de los juicios más injustos. Albert exclamó ante la corte: «Nuestras Honorabilidades, he venido para que se me procese junto a todos mis inocentes compañeros». Más que un juicio se trató de un linchamiento, nada pudo probarse. Desde los periódicos se llevó a cabo una campaña condenatoria. El jurado dio su veredicto de “culpables” a ocho líderes, el juez condenó a cinco de ellos a la horca, sentencia que se cumpliría en noviembre de 1887 y a los otros tres a prisión perpetua. Parsons estuvo entre los condenados a muerte. José Martí, testigo de ese “juicio”, describió la actitud de Lucy al escuchar la sentencia:
Cuando en la sala se escuchó el veredicto de: −«¡Culpables!»… −¡Morirán en la horca el próximo 11 de noviembre de 1887!, allí estaba la mulata de Parsons, implacable e inteligente como él, que no pestañea en los mayores aprietos, que habla con feroz energía en las juntas públicas, que no se desmaya como las demás, que no mueve un músculo del rostro cuando oye la sentencia fiera […] la mexicana sintió cómo un nudo le ahorcaba su débil garganta, pero sin hacer gestos en su cara, tragó saliva y se contuvo para no derramar lágrimas que mojaran sus pequeños ojos ante los verdugos… sólo apretó el rostro contra su puño… No mira; no responde; se le nota en el puño un temblor creciente…
Tomó los cordones de una cortina, los amarró como un nudo de la ahorca y los arrojó por la ventana, para que los obreros concentrados en la plaza que cercaba al tribunal, entendieran el castigo que los capitanes de la industria le imponían a los que lucharon por reducir la jornada laboral a 8 horas.
Alberto Parsons la miró fijo y se acordó de aquel lejano día cuando la conoció en los campos algodoneros de Austin, Texas. Entonces, Lucy quizá era esclava de los racistas hacendados tejanos, quienes habían incitado a la Unión Americana a declararle la guerra a México, con tal de adueñarse de la frontera norte del México recién independizado de la Corona española[5].
Después de la sentencia, Lucy, acompañada siempre de sus hijos, recorrió Estados Unidos durante un año, viajaba de día y por la noche hablaba en pequeñas asambleas y mítines. Escribió cartas a todos los sindicatos y a las autoridades de Estados Unidos y del mundo, denunciando la arbitrariedad de la condena, generando un movimiento masivo en defensa de los acusados y organizando a las mujeres trabajadoras. “La protesta solitaria de Lucy creció hasta alcanzar a millones”. La inmensa solidaridad, y la posibilidad de la inocencia no fueron suficientes, pues el gobierno decidió ahorcar a los líderes obreros, entre ellos a Albert, el 11 de noviembre de 1887, día en que se ejecutó la sentencia.
Muchos años después, en noviembre de 1937, Lucy recordó la mañana en que llevó a sus dos hijitos a darle el último adiós a su querido Alberto Parsons:
«En esa mañana melancólica del 11 de noviembre de 1887, llevé a nuestros dos pequeños niños a la cárcel para darle mi adiós a mi amado. Encontré la cárcel sellada por fuera con cables pesados. Los policías con sus pistolas caminaban por el recinto.
«Yo les pedí que nos permitieran ir con nuestro amado antes de que lo asesinaran. No dijeron nada. Entonces les dije: dejen a estos niños dar a su padre el adiós; déjenlos recibir su bendición. No pueden hacer ningún daño.
«En pocos minutos una patrulla nos detuvo y nos encerraron en la comisaría de la policía, mientras el hecho infernal se consumaba. Oh, miseria, he bebido la taza del dolor hasta en las heces, pero sigo siendo una rebelde[6]«.
Desde entonces dedicó su vida a la organización de los trabajadores. En 1890 contribuyó a la formación de la organización Defensa Internacional del Trabajo. En junio de 1905, participó como delegada en el congreso fundacional de la central sindical Trabajadores Industriales del Mundo (IWW por sus siglas en inglés), junto a personajes como Mama Jones y Emma Langdon. Este hecho es uno de los acontecimientos más importantes en la historia del sindicalismo industrial y del movimiento obrero estadounidense. En el congreso, Lucy fue la única mujer que tomó la palabra y denunció que las mujeres “somos las esclavas de los esclavos. Somos explotadas más crudamente que los hombres”.
Pero eso lo veremos con más detenimiento en una próxima entrega.
Referencias:
[1] Hay en Internet muchos artículos sobre Lucy González, su nombre es un misterio ya que no era ése el apellido de su padre ni de su madre. He tratado de darle un orden a las distintas historias, los hechos que se repiten en varios artículos los ordeno y redacto para mayor claridad. Pueden verse las referencias en los siguientes enlaces:
- a) Homenaje a Albert Richard Parsons, es.findagrave.com/memorial/10393226/albert-richard-parsons
- b) Albert Richard Parsons, Lucy Eldine Parsons, Life of Albert R. Parsons, with Brief History of the Labor Movement in America, Kessinger Publishing, 2008.
- c) jjmlsm.wordpress.com/2017/04/28/albert-richard-parsons-vida-y-obra/
- d) jjmlsm.wordpress.com/2017/07/17/lucy-parsons-vida-y-obra/
- e) www.elviejotopo.com/topoexpress/la-viuda-de-los-martires-de-chicago/
- f) Carolyn Ashbaugh, Lucy Parsons an American Revolutionary, HaymarketBooks, Chicago Ill, 1976.
[2] “Y no eran pocos los mexicanos que vivían en Texas en la transición a su asimilación a los Estados Unidos. Los investigadores calcularon, con base en datos oficiales, que en 1860 sumaban las 19 mil 293 personas, aunque alertaron que era muy difícil saber con exactitud el número de mexicanos por la forma en que los gringos los contaban (Los nativos de México, de padres mexicanos, no eran enlistados por separado. Por tanto, este sector de mexicanos es desconocido)”, Raúl Lescas, La viuda mexicana de los mártires de Chicago; //panyrosas.org.ar/La-viuda-mexicana-de-los-Martires-de-Chicago.
[3] Hernando Calvo Ospina, Latinas de falda y pantalón, www.cubaenresumen.org/2021/05/al-origen-del-primero-de-mayo-lucy-gonzalez-la-viuda-de-los-martires-de-chicago/
[4] Ver: La viuda de los mártires de Chicago, citado en la nota [1]
[5] José Martí, citado por Raúl Lescas, nota [2]
[6] Lescas Jiménez Raúl, citado en la nota [2]
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.
Foto de portada: Wikipedia.
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