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De miradas de junio

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 14 de junio de 2021

 

Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada

– Antoine de saint-Éxupéry

 

Ya fueron las elecciones y todos, casi, han estado descargando más saña que en los días previos al 6 de junio, ardidos los que no arrasaron y ardidos los que tampoco lo hicieron.

Ya todos opinamos, pusimos colores en los mapas, y aunque unos se sigan comiendo las uñas, es hora de pasar a otra cosa.

No me malentiendas: no se trata de dejar a los elegidos electos y ungidos hacer lo que les pegue la robada gana. No. Veremos si la hija de Salgado Macedonio ha cortado el cordón umbilical, si el que prometió hospital gratis para animales en Tlalnepantla, Edo. De México cumple y si son menos descarados todos que sus predecesores.

Estuve en una de las casillas, de suplente, supliendo pues, y según lo que estuve observando a lo laaaaargo del día, los fraudes de los cuales se acusa seguido a la autoridad no suceden en esa etapa. Todos mega-ordenados, propios todos, cumplidos, puntuales y eso. Claro que hubo cerca de aquí una casilla a la que no llegó ninguno de los invitados a fungir y nosotros no teníamos casilla especial, pero había una cerquita.

Me tocó estar en la entrada[1], después de la persona que preguntaba si venían a votar, ponía gel y medía temperatura. A mí me tocaba ordenar y orientar a los de apellido Gómez hasta Orozco.

Ríete: desde el principio no lograba saber si los López o Sánchez me tocaban. Lo del orden alfabético no es mi fuerte, pero unas horas después ¡mis compañeros andaban igual!

Te podría platicar las anécdotas una por una, pero hoy…


Hoy, tengo ganas de hablarte de miradas.

La del señor que llegó temprano a formarse y nomás no pasaba, que los de la letra-no-recuerdo-qué llevaban retraso: mirada fría, pero llena de fuego, ira controlada. Y la de su vecino, bonito el señor, calvo, de unos sesenta y cinco años, que nos sonreía al pedir que por favor nos organizáramos.

La del presidente de una de las mesas, viniendo a cada rato a ver cómo estábamos, médico del IMSS, lo de ver por otros lo ha de traer en la sangre, mirada derecha, franca.

La de los padres orgullosos, llevando cada uno a una de las hijas, chicas, a la mampara del gran secreto para enseñarles cómo se hace lo de la cruzada de nombres.

Los ojos, otrora café oscuro, hoy circundados de azul, de un señor de la sexta edad que no quiso que lo tomara del brazo para acercarlo a las mesas.

La mirada del señor, de cierta edad también, que llegó con su camisa de cuadros amarillos, sombrero y botas de punta, de las de a deveras, y observó la asistencia al entrar, como coronel o algo, saludo con voz de esténtor a todos: Buenas tardes. Y que al salir, hizo algo parecido: Gracias, buenas tardes a todos.

La de agradecimiento de una mujer porque le llevaron la casilla portátil hasta la puerta a su esposo, cuyas piernas no daban para subir la pendiente del patio de la escuela en la nos tocó estar.

La mirada vacía de una mujer que no dio permiso para que una persona muy más viejita que yo pasara antes que ella. No le dije pero así supe qué coche maneja (Ha de ser Jetta por lo de la carita que puso la fémina en cuestión).

La del guardia nacional, a quién apenas le dieron permiso para ir a votar, los tenían encuartelados dijo… No te la describo porque sería  repetir todo lo que me dijo y en ese momento y recinto no se debía de hablar de política, y aunque yo no dije nada, ¿cómo echarlo de cabeza a él? Esa mirada suya inspiraba respeto.

La de una jovencita, mi hija, divertida porque nunca encontró a uno de los candidatos a los que les había echado el ojo: sí, eso de usar apodos en campaña puede ser contraproducente.

Las, en plural, del sin fin de familias que vinieron a votar todos juntos, abuelos, tíos, papás, hijos. El orgullo de estar dónde habían decidido estar y de hacer lo que habían decido hacer.

La mirada velada de una señora a la que acompañaban sus hijas, por ser invidente.

 

Tantas. Tantas voces, tantas risas,-la de los chavos que no venían juntos pero que se encontraron afuerita y a quienes les pedí el apellido por separado varias veces, repitiendo el alfabeto a media voz y que acabaron por decirme: “Somos primos, nosotros vamos a la misma mesa a la que mando al alto aquél”.

Las de las señoras, no una, varias, que me dijeron “muñeca”, “niña”, y otras palabras que nunca me han tocado.

Las de mis vecinos, extrañados de que “la francesa” anduviera por ahí, ¡y luego hasta de funcionaria!!! No bueno, pieles vemos, nacionalidades desconocemos.

 

Fue un día excepcional en mi vida.

Camaradería con desconocidos, ya la he vivido. Cansancio por estar de pie, también, nervios por el famoso orden alfabético, ¡no sabes! Saludar sin reconocer a la gente, eso ya es pan de todos los días con los tapabocas y mi cerebro, no poder alburear a nadie, cuando a tantos los mandé “aquí, así se va derechito”, también me ha pasado.

No decirle nada al chavo que traía un overol de mezclilla a ras de rayita pompal, lo suficientemente bajo para que se viera que no traía ni trusa ni tanga ni bóxer, fue difícil. Pero me acababan de regañar dos días antes por decirlo en voz alta cerca de un chavo que salía con prisa de la comida corrida, prueba de que ya había vivido una situación igual… Tons me contuve.

Decir burradas, ser amable aunque tuviera de vez en cuando ganas de ser ferozmente sarcástica, (Ya sabes con quienes), lo he vivido múltiples veces también[2].

Lo excepcional fue la ocasión: el saber que ningún muerto iba a votar, -por más que estuvieran afuera en la calle decenas de “observadores de partidos” discutiendo y peleando y volviendo  a discutir, nomás que con los polis, por más que aventaran cabeza y miembros cercenados a unas casillas de Tijuana, y por más que quemaran las actas, allá por El Molinito-, el saber que, aunque muy sui generis, la democracia en México ha progresado si vives en una ciudad muy grande, que estaba “cumpliendo con mi deber”, onda Me pongo de pie para escrutar el horizonte mi capitán, me llenó de esa falsa importancia que tanto disfruto.

Eso. Eso y las miradas…


Notas:

[1]  11 horas de pie, menos diez minutos para comer y cinco para hacer pipí.

[2] Mi hija, la misma jovencita divertida que ya mencioné.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Fotos de portada e interiores: Anaïck Lentz.






Luis López




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2 Comentarios

el 14/06/2021

El día de las votaciones, aunque parezca romántico, es día de decisiones…
Mi hija votó por primera vez… ya es grande y ha empezado a decidir. Y estas decisiones tienen repercusiones, aunque no gane quien queremos, tiene que ver con, cómo vivimos. No en el corto plazo, sí en el mediano y el largo…
No me cabe duda. Es un día importante. Y las miradas dicen mucho. Y ahora que no podemos ver las bocas, más.

el 14/06/2021

Aunque no gane quien quisiéramos que lo haga
Es un cambio interior.



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