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De lo chusco y divertido que puede ser

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SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 5 de julio de 2021

 

Terminé de ver por tercera vez la serie de Francisca y Graciela[1], me gusta mucho y a cada vez descubro nuevas risas y nuevas enseñanzas. O lo quiero pensar así para justificar el tiempo pasado viendo algo que, dirían mis ancestros, no sirve más que para perder el tiempo.

 

Esta vez se me quedó grabada una vivencia de Graciela, quién se casó con un hombre más joven que ella y que piensa que siempre tiene que ser un as a la hora del sexo. Preciso que ella tiene unos 80 años y él unos 60, que se ven como 100… de cirugías.

Un día, o una noche porque una cosa es una cosa y otra cosa es que él trabaja mucho en el día, una noche pues, él bosteza. No antes, no después, ¡durante! Claro que a ella se le cae el mundo y claro que no le comenta nada, se siente ofendida, lastimada y hasta de más de 80 por un rato. Obvio todo se esclarece y él confiesa que sí, que está cansado, pero no de ella ni del sexo, pero por el trabajo y por su edad,  que 60 y algo no son ni 30 ni 18.

 

Y claro, me puse a hacer una lista, ni larga ni exhaustiva, de lo que puede suceder durante el sexo y que, si no le ves el lado divertido, puede echarlo todo a perder.

¿Te ha pasado en la posición dicha del perrito[2],-caray ¿por qué no del león o del elefante?-, ¿que haya aire en tu vagina? ¿Y que en la penetración salga imitando a la perfección a los pedos, sin el olor? ¿Te dio penita, asco, vergüenza? ¿O te reíste a carcajadas la primera vez y las otras también, y sencillamente hubo receso de acción penetrante en lo que se expulsa el aire? Que a mí me da curiosidad por qué el famoso aire pedorro sólo complica la penetración en esa posición y no en las otras. ¿Qué?, ¿la vagina tiene preferencias?, ¿onda “ahorita le meto tantito aire, a ver qué opina el pene”? 

Noten aquí que en mis ejemplos haré referencia al sexo heterosexual, es el que mejor me sé, ¿va?

Otra: el famoso calambre. 

Sólo uno, los calambres de “ya me cansé, espera un poco” no son famosos, pobrecitos son pero bien comunes. No, el último, el de “ya logramos nuestro objetivo pero  seguimos trabados”, -otra vez como los perritos y leones y elefantes-, y ahí está el calambre y entonces la trabación dura minutos y minutos porque uno de los dos no se puede mover. Y sientes que el semen escurre, el condón ya se movió o no usaste, y piensas en la colcha de seda que se lava nada más en la tintorería, (Señorita, trae una mancha rara, no tengo idea de qué sea), o piensas en la ropa que nada más arremangaron, en el cojín de la sala, (Te dije que aquí no) o en el piso de la cocina, (No nos vayamos a resbalar). ¿Te da penita, asco, vergüenza? ¿O te ríes y tratas de alcanzar el miembro acalambrado (el otro miembro pues) para darle masajito?

O éste, es buenísimo, el de los hijos.

Uno, son bebitos y no hay que despertarlos, nada chistoso acá, el sexo postparto puede ser lento y trabajoso, o postniños bebitos, puede ser que los dos tengan ganas de bostezar en lugar de montarse el uno al otro,-esta vez hago alusión a los caballos-, o dos, esos bebitos no son tuyos, estás cuidando a los de tu hermana, tío, amigos para que puedan ir al cine, y claro que no , no se tiene sexo en esa posición( la de cuidador), tons no, esos no.

Hablo del sexo con nenes que ya salen de su cama, caminan y saben abrir puertas.

Y de cuándo llegan a tu recámara (el sexo de la sala no es con nenes en casa) y te miran con ojos como platos. Claro que no te ríes, tratas de explicar sin traumar. La risa viene años más tarde cuando uno de tus hijos, adulto, te dice que los oía casi siempre y que se tenía que tapar la cabeza con sus almohadas. Y te ríes aún más cuando ves que el hijo/hija en cuestión definitivamente no se ría. Será que la faltó la conversación no traumante después de la visión traumática que tuvo el nene que entró de improvisto a tu cuarto…

Y la cereza del pastel niñero: pandemia, todos en casa, incluidos tres hijos adultos y varios gatos. No es como antes, no puedes esperar a que los nenes se duerman o a que salgan hasta altas horas de la madrugada. Tons cierras ventanas,-los vecinos oyen todo-, cierras cortinas,-hay trabajadores en el techo de al lado-, y cierras puerta, eso por obvias razones. Ya entrados en labor, se oyen tres golpecitos a la puerta y una voz grave de adulto (muy adulto): “¿Todo bien má?”. La risa es en ese momento y dura semanas por los consejos de “Para la próxima cuelguen un calcetín, corbata o letrero sobre su puerta” y por la mirada ofuscada de uno de los adultos en cuestión, onda  “¿y por qué seguimos hablando de eso?”.

Luego, ¿qué más?

Sí, claro la llamada inoportuna.

Todo está en ebullición tu mente tu deseo la mente de tu pareja su deseo ya cayó la ropa las manos se buscan encima de los vientres y… suena el teléfono.

¿Contestas?

Hace años lo tenías que hacer, no había tanto celular (sí, así soy de viejita) ni identificador de llamadas, qué tal si era el amigo-no-teniendo-sexo-porque-cuida-a-tus-hijos o ya uno de tus hijos adolescentes que salió a no recuerdas dónde. La elección siguiente era el seguir o no con la calentada de cuerpos.

Hoy en día, miras tu cel, es trabajo, eso no se puede evitar, el trabajo ha entrado hasta el baño, que no se pueda insinuar entre los cuerpos será poco probable, o es la amiga que está en mitad de un tormentón emocional, tampoco se puede ignorar, o claro, el amigo del billar, con su acostumbrado ¿qué onda, vamos?

La risa interviene cuando decides contestar y dejas a tu pareja con las ganas. Y te vas a otro cuarto, de perdida que se eche una pestañita el abandona’o/la desdicha’a, y claro que pones tu cel en altavoz, es más fácil limpiarte las uñas mientras hablas, y… Y tu pareja no quiso dormir, tons llega muy derechito a enseñarte que está muy derechito, o muy de pezones parados y vulva empapada y quiere que compruebes tanto lo uno como lo otro. Y entonces, claro que tienes sexo, mientras sigues la conversación, y claro que no quitas el altavoz, sigues necesitando tus dos manos, y claro que sigues contestando, aunque sea sólo monosilábicamente. ¿Que hay que volver a comprar un tinaco para la obra de Tizayuca? Va, sí, compra tres. ¿Que te aventó el anillo a la cara? Véndelo. ¿Que hay tocada después del billar? Dame dos, ahí voy. ¿Y la risa, si no te deben oír? La risa, descomunal,  viene después y a cada vez que te acuerdes o que preguntes algo como ¿y te prende coger oyendo a la señorita de contabilidad? 

¿Te dio penita, vergüenza? Qué lástima, de lo que te perdiste.

Porque de no pelarlo un ratito, luego sí se la pelaste en grande, que para eso estaba el cel en manos libres. O porque él te hizo gritar, pero tuviste que ahogar los gritos en tu garganta. Porque ceder a la tentación es una delicia. Y porque por fin tuvo un trío el que siempre lo ha querido tener.

 

Te dejo esto ahora. Si no te reíste te va a hacer bien. Si sí lo hiciste, te va a hacer más, o mejor, o más rápido, o más fuerte, o abrázame… o… o…

 

Sube las escaleras, tras él.

La recámara está  a la izquierda, es la de sus papás.

Por dentro va temblando, por fuera… también.

Beso en la mejilla, en la boca, de los que incendian el cuerpo, hasta ese lugar que ella conoce porque es de ella, porque lo ha tocado, acariciado, penetrado con sus dedos.

Beso en el cuello, detrás de la oreja, de los que despiertan toda la piel, hasta ese lugar que ella ofrece, arqueando la espalda, acercándose a él.

Beso en los senos, en los pezones, hormigueo desconocido que recorre sus venas, hasta ese mismo lugar que ella descubre húmedo, cubierto de fluido cálido, expectante.

Ojos cerrados, explora un cuerpo ajeno, descubre montes y planicies, un pene erecto, suave, caliente, grande, llena sus dos manos juntas,

Cama. Más caricias, más besos, más miedo.

No, miedo no: excitación, espera, curiosidad, desconcierto.

Intenta no pensar, no comparar tamaños de pene y vulva, pero se tensa.

Más besos por favor. Más caricias.

Palabras al oído y olores extraños. Cuidado por favor.

Y él, encuentra las palabras ideales:

“Abre las piernas, se nota que nunca has hecho esto”.


Notas: 

[1] Grace and Frankie (Netflix)

[2] Coito a tergo, así se llama.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Fotos de portada e interiores: Gwenn-Aëlle Folange Téry.






Luis López




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