SOMOSMASS99
Agustín Ramírez Agundis*
Miércoles 21 de julio de 2021
Cada tres años acudimos a votar. En una hoja vemos recuadros con la denominación de un partido, su emblema y el nombre de una persona que aspira a ser diputado, ya sea local o federal.
La tarea es marcar alguno de los recuadros. Con ese acto que nos ocupa no más de un minuto hemos hecho valer el derecho a elegir a quien será nuestro representante en el Congreso.
Con esa marca le hemos transferido a esa persona la facultad para elaborar o modificar leyes, aprobar o rechazar el endeudamiento público, distribuir el presupuesto, crear o elevar impuestos y, entre otras, vigilar el uso correcto de los recursos públicos.
Democracia, bella palabra por su origen y significado. Sus primeras dos sílabas expresan la principal aspiración de cualquier sistema social: el interés del pueblo por encima de cualquier otro. Las dos últimas establecen el componente para alcanzarla: el poder. Democracia, el poder del pueblo para el pueblo.
Ese poder sólo se puede lograr expresando y haciendo escuchar nuestras necesidades y opiniones relacionadas con el quehacer social y gubernamental y vigilando que los recursos y bienes públicos sean correctamente utilizados.
Generalmente esos representantes que hemos elegido toman muy poco en cuenta lo que el pueblo piensa y necesita. La gente tiene mucha razón, los candidatos nos visitan en las campañas, nunca más sabemos de ellos.
La consecuencia: 1) Leyes, obras y presupuestos que benefician sólo a quienes tienen medios para expresar y hacer valer su voz y sus intereses; 2) Inconformidad, agravio y resentimiento que a veces conducen a manifestaciones sociales que a todos nos afectan.
La democracia, el poder del pueblo, seguirá siendo sumamente débil mientras el papel político de los ciudadanos se restrinja a elegir a sus representantes. La democracia representativa no es suficiente.
El poder del pueblo sólo se fortalecerá si existen y hacemos uso de mecanismos para consultar a la gente para que exprese de manera organizada su opinión y aprobación respecto a temas trascendentes para la vida de la nación o de la entidad.
En ciertos países los procesos de consulta popular son comunes y exitosos: son simples, no son costosos y tienen un alto nivel de participación.
Esa idea de que el pueblo de México no tiene la capacidad cívica e intelectual para opinar y decidir sobre los asuntos públicos debe ser ya cosa del pasado. Los mexicanos tenemos ideas y propuestas y estamos listos para expresarlas en todo momento.
Es tiempo de transitar de la democracia representativa en la cual nos han acorralado, a la democracia participativa, en la que de manera directa intervengamos de manera organizada a través de instrumentos tales como la consulta popular, el referéndum y la revocación del mandato.
Participemos este 1º de agosto en la consulta ciudadana que el INE está organizando por un mandato constitucional. Al hacerlo estaremos dando un paso importante para encaminarnos a una democracia plena y sólida.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Foto de portada: Características.
Comparte en Facebook
Twittéalo








