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SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 23 de julio de 2021

 

Si en la actualidad la Comisión Federal de Electricidad produce y distribuye el 35% de la demanda nacional de energía eléctrica, y con la reforma constitucional que se propone desde el Poder Ejecutivo se elevará a 54%, ello significará un gran avance, sin embargo, para los intereses de la nación, será insuficiente.

Tal aseveración no pretende descalificar los esfuerzos de la actual administración, cuya gestión, desde su inicio, está saturada de trabas y obstáculos, muchos de ellos «legales», que mediante «reformas» a la Constitución, a leyes generales y secundarias, a reglamentos y normativa, además de los organismos «autónomos», la permanencia de elementos corruptos en el Poder Judicial y la incrustación en el Legislativo y en el Ejecutivo de personajes que operan en contra de los cambios que el país necesita, todo ello conforma una serie de mecanismos creados durante los gobiernos neoliberales para proteger los intereses de la oligarquía local y la internacional.

Los neoliberales despojaron a la nación y entregaron al sector privado local y extranjero bienes y sectores estratégicos de la economía y de la nación, con lo que no solamente se cedió soberanía sino se afectó seriamente la seguridad nacional y quedó el país sujeto a los designios de poderosos grupos económicos. 

En el caso de la electricidad, el control del 46% de los requerimientos de energía eléctrica implica el peligro de que en cualquier momento pueden provocar una situación caótica y catastrófica para el país. Traslademos este ejemplo a otras áreas, algunas con alto grado de privatización, como la banca, el transporte, los sistemas de información y comunicación, el petróleo y sus derivados, la salud, el agua, los sistemas de saneamiento, el campo, por citar algunos, y veremos la fragilidad de nuestra soberanía e independencia.

El actual gobierno, pese a los esfuerzos y buenas intenciones, no podrá restituir a la nación aquello de lo que los neoliberales la despojaron. No es una tarea sencilla, porque además de la amplitud y variedad del saqueo, y los obstáculos creados para defenderlo, la casi nula participación activa del pueblo y los trabajadores ha constituido la mayor traba para avanzar en ese sentido.

Parte importante de la responsabilidad por la insuficiencia de lo hasta ahora logrado, es de Morena como partido político. Perdió tres años en los que desdeñó el trabajo de organización, formación y concientización, para caer en pugnas internas por posiciones de poder que atendían intereses personales y de grupo que, además, indican la existencia de serias desviaciones como oportunismo, sectarismo y dogmatismo, entre otras, que flaco favor le han hecho al presidente en la primera mitad de su gobierno.

En los poco más de tres años que le restan al actual gobierno, se deberán sentar las bases para que el próximo logre avances sustanciales en la transformación que nuestro país requiere; para ello será necesaria una reestructuración de Morena, que implicaría el retorno a sus principios o, como alternativa, la organización independiente de la sociedad que, entre otras formas, dispute electoralmente, incluso a Morena, posiciones políticas que permitan impulsar tal transformación. No será fácil, pero algo habrá que hacer, porque de seguir como hasta ahora se le dará tiempo y oportunidad a la derecha para obstaculizar todo lo que se intente a favor del pueblo, y de preparar las condiciones objetivas y subjetivas que propicien su retorno; porque de logarlo, como dirían algunos, ¡que Dios nos coja confesados!

En ambos casos, la reestructuración de Morena o una alternativa ciudadana, será de vital importancia la participación organizada y consciente del pueblo, fundamentalmente de los trabajadores del campo y la ciudad, manuales e intelectuales, quienes constituyen la más grande fuerza social y, por tanto, quienes deben luchar por sus intereses, que también son los del pueblo mexicano.

En la transformación que se busca, es de suma importancia la definición de lo que es y lo que no es estratégico para la nación. Ello lo deberá definir el pueblo, informado amplia, veraz y oportunamente; y lo que se califique como estratégico volverá a ser, como antes de los neoliberales, de competencia y manejo exclusivo de la nación. Y cuando sea necesario el concurso del capital privado en esas áreas, se permitirá con la anuencia, también, del pueblo, con reglas claras y justas, nunca como cesión de propiedad ni en detrimento de los intereses nacionales.     

 


* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: Israel Palacio (@othentikisra) / Unsplash.






Luis López




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1 Comentario

el 23/07/2021

Excelente reflexión. Gracias Alfonso.



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