(Mis) Crónicas marcianas
Tarik Torres Mojica
Leí hace relativamente poco las Crónicas marcianas, de Ray Bradbury. Sucedió en el contexto de un círculo de lectura, por insistencia de una de las asistentes, Rosa Olivia Serrano, una querida amiga y entusiasta lectora de literatura de terror y ciencia ficción. Confieso que no me atraía leer esta obra de Bradbury: la creía una obra pueril, simple. Hoy me avergüenzo de mis prejuicios y le agradezco a Rosa que haya sido persistente.
Crónicas marcianas es una obra que se publicó por primera vez hacia 1950. Se trata de un conjunto de relatos que se ubican en diferentes momentos dentro de una ficticia colonización humana a Marte. La primera historia se ubica en un enero de 1999 y la última se ubica en un octubre del 2026. Los textos no tienen un carácter secuencial, es decir, reconstruyen varios episodios que se dan en el encuentro entre los terrícolas y los habitantes originales de Marte.
Algo que me llamó la atención de los textos de Bradbury es que a pesar de tener varios años de escrito, y que aún no se ha cumplido el encuentro entre los terrícolas y los marcianos, es una obra maravillosamente viva, actual y rica en posibilidad de lecturas. Una de ellas, y que en el momento de mi primera lectura hice, es que esta obra plantea las paradojas que están detrás del encuentro de dos mundos: tanto los colonizadores como los colonizados están condenados a transformarse en el mutuo encuentro. Lo que parece un acto de imposición de las nuevas formas, no es sino el proceso de nacimiento de una nueva identidad mestiza, híbrida: si en los primeros encuentros todo es confusión tanto para los marcianos –son asaltados por pensamientos, imágenes, sonidos y canciones que captan de los terrícolas que están por llegar- como para los humanos –quienes son primero recibidos con indiferencia y posteriormente son masacrados-, el paso del tiempo va acercando a las dos especies y las convierte en una misma por no sólo compartir el mismo planeta, sino por ser prisioneros de su pasado.
En la obra de Bradbury no existen vencedores ni vencidos; por el contrario, las dos civilizaciones implicadas ganan y pierden algo: los marcianos están condenados, desde el inicio, a desaparecer físicamente, pero su historia y memorias habrán de sobrevivir en los recién llegados. En cuanto a los terrícolas, sus esperanzas están puestas en la ilusión de que en Marte habrán de hallar un futuro brillante y maravilloso, cargado de riquezas y grandes hazañas; sin embargo, ese futuro nunca habrá de llegar, y las ilusiones poco a poco se tornan en las sombras de saberse prisioneros y herederos de un planeta que soñaban conquistar.
A partir de las Crónicas marcianas quise imaginar cómo pudo haber sido el encuentro entre los europeos y los nativos americanos, hace casi quinientos años. Trato de remontarme a esos tiempos, y me parece un mundo muy parecido a la fabulación de Bradbury: fue, estoy seguro, de una complicada, dolorosa y paradójica fusión de horizontes.
Ahora miro el presente, y hallo en el mundo de hoy multiplicidad de pueblos que desaparecen, se fusionan y se transforman irremediablemente. En ello hay tanta tragedia y poesía como en la fabulación de Bradbury.
Comparte en Facebook
Twittéalo








