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De nuestra ineludible responsabilidad

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SOMOSMASS99

 

ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 23 de agosto de 2021

 

No nos hacemos sabios por el recuerdo de nuestro pasado, 

sino por la responsabilidad de nuestro futuro.

– George Bernard Shaw

 

Hace muchos años, algo así como mil y uno, fui a Pachuca con el mareado y mis compadres. Nos tomamos un cafecito en un lugar cerca del Reloj Monumental[1] y en algún momento entró uno de esos chiquillos que nos hemos acostumbrado a ver por las calles vendiendo chicles, mazapanes y paletas. Mi compadre, mío de mí, Toño, o como le gusta decir cuando saluda  “Antonio Rodríguez Cardizales, buenas tardes”, le compró no sé qué, pero además le invitó un refresco e hizo un trato con él: Cada mes tendrían cita en ese mismo lugar, Toño con un refresco y el chico con su boleta de calificaciones. El refresco se lo daría sin condiciones, no habrías regaños ni recompensas extra, sólo eso, un adulto viendo por un niño. Una vez le pregunté por el chavillo y Toño sonrió, nada más.

Entendí ese día que no somos responsables nada más de los niños de nuestra familia, sino de todos y que algo podemos hacer, a pequeña escala a veces, pero sí, algo podemos hacer.

Hoy tengo la enorme suerte de formar parte de un proyecto cuyo objetivo es luchar contra el rezago académico en México, evitar el abandono escolar, hacer ver a niños ajenos que son preciados, que valen mucho, que son inteligentes y que tienen futuro, quitarles de enfrente las paredes que a veces nuestra manera de ser en sociedad erige.

Funcionamos a través de tutorías, con grupos muy pequeños de chicos, en acuerdo con escuelas, maestros y familias. Trabajamos sobre todo las matemáticas, pero luego se cuela uno que otro invitado, onda biología, geografía, y así. Con mis niños hemos hablado mucho de futbol, -medidas de una cancha, de una portería- y de chocolates dorados,-todos comen, compran o comparten de esos chocolates en nuestros problemas-, por ejemplo.

En verano les dimos vacaciones, pero en mi caso me seguí con un cursito de cuento, pintura o biología. Surgieron temas tan variados como el de los dientes de las ballenas, -¿tienen o no tienen?- o el cómo se saluda en el náhuatl que usan en su pueblo. He aprendido mucho, tanto, no sabes. De hecho, estaría genial que te sumarás al proyecto Acercando a México, tiene página en Facebook, búscalos.

Y bueno, dentro de todo lo que he aprendido, me enteré de que en el pueblo de mis alumnos parece ser que hay duendes. Y juntos, escribimos un cuento algo así como para perderles el miedo, que no faltarles al respeto.

Esto es lo que te comparto hoy. Axel, Christopher y Noel,-nombres de mis niños, debidamente enumerados por orden alfabético-, pusieron las ideas, el orden, los detalles, las ilustraciones. Yo nada más puse las letras. ¡Bravo a los tres! 

Los niños y los duendes

Había una vez en una sierra lejana un pueblo pequeño, con tortillería, papelería, costurera y zapatero. Unas casas estaban regadas por el monte y otras a lo largo de la calle principal cerca de la iglesia. A veces, en ese pueblo tan tranquilo, pasaban cosas: niños desaparecían por unas horas, jóvenes aparecían dormidos en un sembradío sin saber por qué y hasta contaban que por las noches se oían ruidos extraños por el bosque. Los abuelos cuidaban mucho a los niños y nunca los dejaban salir solos.

Un día, los tres grandes amigos Axel, Christopher y Noel salieron a leñar con sus papás. Cada uno iba cargando un mecapal[2] pesado y platicaban entre ellos y así llegaron sin darse cuenta al río que atraviesa el bosque. Lo atravesaron con cuidado, esperando a ver pronto la cascada y empezaron a abrir los ojos en busca de leños. Ya los tres sabían escoger leños secos, que no tuvieran ni hierbas ni musgo, para que prendieran bien la estufa y el calentador.

 

De pronto, uno de ellos señaló con el dedo la entrada de una cueva. No era una cueva desconocida, pero sí una a la que no tenían permiso entrar, no los dejaban ni los abuelos ni los papás. Se rumoraba que esa cueva era de sal.

Una cueva de sal… ¿Cómo sería? ¿De paredes blancas y brillositas o sólo de tierra que supiera a sal? Esa pregunta la habían formulado muchas veces en su vida y nunca nadie les había sabido contestar.

Se miraron los tres, les brillaron los ojos y sin una palabra, se alejaron del grupo para ir a investigar.

Entraron lentamente. Ya de cerca, no parecían ni tan contentos ni tan traviesos, la panza les hacía ruidito, como cuando tienes hambre, pero era de nervios.

Y tenían razón al sentirlos: ¡de repente, una voz extraña los hizo sobresaltarse!

– ¿Quiénes son ustedes? ¿Con qué derecho entran a la cueva sin pedir permiso?

Y sin darles tiempo a contestar, la voz siguió al tiempo que se aparecía un ser diminuto, sin pelo, cubierto con un extraño gorro:

– Soy Chaneque, el duende de la cueva de sal y los castigaré por haber quebrantado las leyes de los duendes.

Y sin más, con un gesto rápido, cerró la entrada de la cueva con una enorme pared de palos y picos.

Mientras, el grupo de papás se había dado cuenta de la desaparición de los niños. Regresaron corriendo al pueblo, nunca habían atravesado el río tan rápido y entraron a todas las casas y tiendas preguntando por Noel, por Axel y por Christopher.

La costurera no los había visto.

La señora de la tortillería no los había visto.

La señora de la papelería no los había visto.

Y el zapatero no logró abrir su puerta, una fuerza invisible se lo impedía. Pero logró gritar por la ventana que no, que tampoco los había visto.

Los papás siguieron buscando y buscando y buscando. No vieron que de la tienda del zapatero salía una forma pequeñita y de cara gigante. Tomó el camino del monte, se siguió hasta el río y la cascada y se paró frente a la entrada de la cueva de sal. Examinó la pared de palos y picos y entendió de repente qué pasaba. Le dio mucha risa. Toda su larga vida le había costado soportar la manera tan descortés que tienen los humanos de entrar a cualquier lado sin pedir permiso, por eso trababa seguido la puerta del zapatero: el dueño del lugar era él. Llamó a Chaneque:

– Soy yo, Chaneque, soy Zapatudo, ¿dónde andas?

Zapatudo.

En cuánto lo oyó, Chaneque se apareció y juntos se fueron a la cascada por un poquito de agua. Sentados encima de una flor platicaron largo rato y decidieron dejar a los niños encerrados toda la noche para darles una dura lección.

Lo que no sabían es que Luca, el duende de la cascada lo estaba oyendo todo. Decidió ocuparse del asunto, no por ayudar a los niños, también le molestaba que los humanos tomaran su agua sin pedir permiso, sino por fastidiar a los otros duendes que no lo habían invitado a la plática. Rápidamente sacó de sus aguas tres charales y tres camarones y se los llevó a los niños. Usando su magia, logró pasarles los manjares ya cocidos y salados, y se alejó.

Luca.

En el pueblo, se había juntado toda la gente, todos muy alarmados por la ausencia de Noel, de Axel y de Christopher. Uno de los de más edad habló: 

– Sabemos que ustedes los jóvenes no creen en nuestras historias, pero yo digo que se los llevaron los duendes. Les tenemos que poner una trampa y exigir que nos regresen a nuestros chamaquitos.

Todos tomaron sus palas y hachas y salieron al monte. Allí usaron las palas para hacer un gran hoyo, lo llenaron de dulces, gelatinas, helado, pasteles de chocolate y pasteles a color. Se escondieron tras los matorrales, empuñando sus hachas y esperaron.

 

No tardaron los tres duendes en llegar, el olor de los dulces los había llamado y conquistado, atravesando el pueblo por la zapatería, el río, la cascada y llegando hasta la cueva de sal. Llegaron dando tumbos, riendo, cayendo a veces, pero muy muy rápido. Y por golosos cayeron en la trampa.

Los habitantes del pueblo se juntaron alrededor del hoyo y los amenazaron con sus hachas. Los duendes tuvieron que obedecer y soltaron los palos de la entrada de la cueva y mágicamente los niños aparecieron junto a sus papás. Todos se abrazaron muy emocionados.

El habitante de más edad del pueblo volvió a tomar la palabra:

– A ver, Christopher, Noel y Axel, a todos nos da mucho gusto verlos pero recuerden que todo pasó por su propia culpa. Uno no entra al bosque o se trepa al monte o agarra agua de la cascada sin pedir permiso. Tampoco se entra a la zapatería o a la tortillería sin saludar y sin preguntar si puede uno pasar. Aprendan la lección.

Esto es como cuando los invitan a una fiesta: se lleva algo, se pide permiso de pasar y se        agradece al anfitrión.

 

Todos regresaron a sus casas y los tres niños prometieron no volver a cometer el mismo error.

¿Y los duendes?… Ah, esos siguen en el hoyo inmenso disfrutado sus golosinas.


Notas:

[1]  Si no sabes del error que hay en ese reloj, mira bien el 4. Y busca en línea, está padre la historia.

[2]  Cuerda gruesa, mecate.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Dibujos:

Chaneque. | Autor: Christopher.

Zapatudo. | Autor: Axel.

Luca. | Autor: Noel.

Foto de portada: Susana Argueta.






Luis López




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12 Comentarios

el 23/08/2021

Tlatehuic Axel, Christopher y Noel
Bravo por su trabajo!

el 23/08/2021

Qué óbito cuento! Y la historia detrás, más. De acuerdo, todos somos responsables de los niños, desde una sonrisa hasta una platiquita y mucho mejor si lo asumes como parte de tu vida. Felicidades a los alumnos de Gwenn y a ella!!!

el 23/08/2021

Gracias Jatzibe!

el 23/08/2021

¡Qué linda historia! Los duendes son seres muy traviesos. Mi abuelo, minero en el Real del Monte, decía que le escondían sus herramientas y no podía trabajar.

el 23/08/2021

Delicioso de principio a fin. Abrazos Gwenn. Saludos a Axel, Noel y Christofer.

el 23/08/2021

Los duendes son traviesos y golosos!!

el 23/08/2021

Los dibujos me encantaron sigan en ese camino ,cuiden la naturaleza es su porvenir .
Muchos saludos de parte de la mamá de su maestra .
Felicidades .

el 23/08/2021

Alguna vez me contaron que los duendes comen azucar de dulces… Que agarraban el dulce le chupaban el azucar y dejaban ahí lo demás, que de hecho si te comes el dulce sabe super amargo
Es cierto? Puedes preguntarle a tus alumnos a ver si ellos saben de qué se alimentan y que dulces son sus favoritos?

el 24/08/2021

Gran historia, muchas gracias por contárnosla. Ojalá vaya creciendo hasta ser toda una serie que nos permita ir conociendo más su región y a sus duendes. Y a sus narradores, claro.

el 25/08/2021

Axel, Noel y Cristofer, que linda historia, llena de creatividad! Los dibujos sorry lindos, bravo!
Sigan adelante con su talento, me encantó el cuento de principio a final

el 25/08/2021

Súper los dibujos

el 25/08/2021

Eso de seguir con la historia es muy buena idea.

Lo veré con ellos.

Y sí, son muy talentosos!



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