Raúl Muñiz Torres / SomosMass99
León, Gto. / 29 de septiembre de 2014

- La cinta dirigida por Sebastián del Amo e interpretada por Óscar Jaenada le rinden tributo al actor mexicano.
La gran virtud de Cantinflas, la cinta dirigida por Sebastián del Amo, es ver a un extraordinario Óscar Jaenada haciendo no una imitación de Mario Moreno o su personaje, sino una interpretación perfecta del actor y la leyenda que nos permite ubicar al mítico artista mexicano en la piel del histrión español.
No olvidar tampoco que Jaenada ha recibido críticas injustas por su condición extranjera y por osar la personificación de un ícono del cine mexicano como Cantinflas. El nacionalismo ha impregnado de dudas al espectador nacional y le ha nublado un poco la vista estética para apreciar que el homenaje que tanto Jaenada como del Amo, le rinden a Mario Moreno, es de agradecerse por la dignidad y la incuestionable calidad de la interpretación y producción que respectivamente hacen del personaje.
Y quizá esa misma virtud, la calidad interpretativa de Jaenada, sea también un poco el pecado de la película: una historia que podría enmarcarse más como un objetivo de homenajear al actor mexicano que pretender una biografía más cercana a la realidad de vida de Mario Moreno.
Pero ¿Cuánto y de qué manera puede una actuación soportar la historia en una película? Mucho. La interpretación del actor español se echa al hombro la historia de Mario Moreno y Cantinflas de una manera tal, que uno puede olvidarse por momentos de Jaenada y pensar que efectivamente, el humorista mexicano ha vuelto a la pantalla grande interpretándose a sí mismo.
Pero esa misma sensación abrigó al actor español cuando en una entrevista señaló:

- La extraordinaria actuación de Jaenada hace que uno pueda pensar que el mimo mexicano ha vuelto a la pantalla.
“Mostramos al artista y al hombre, pero Cantinflas se comió a Mario Moreno. Cuando comencé a preguntar quién era el actor que lo creó, pasó tiempo antes de que me diera cuenta; te olvidabas del creador. Mario publicó tanto su vida profesional que se encargó de tener su vida personal muy bien cuidada”.
Y en efecto, como lo dice Jaenada, en uno de los pocos momentos de dramatismo que ofrece la cinta, Mario Moreno lanza un vaso a la pintura de su personaje y le dice “que está hasta a la madre de él”. Culpa al personaje carpero del rompimiento con su esposa Valentina Ivanova. Es como la visión ante un espejo en que la figura reflejada hace crear conciencia a Mario Moreno que hay una parte de él, sino no es que toda, que se ha quedado en la carne, sangre y huesos de Cantinflas.
El artista español de origen gitano, logra también esconder un poco las malas caracterizaciones secundarias que diversos actores hacen de celebridades míticas como Liz Taylor, “cameos” de Marlon Brando o Yul Brynner, Andrés Soler y otros que no alcanzan a colaborar con la efectividad que del Amo imprime a la vida de Cantinflas por medio de su protagonista.

- La película aborda dos momentos en la vida de Cantinflas, uno es el de sus inicios en las carpas de la Ciudad de México.
La película imprime su ritmo narrativo a dos tiempos: los inicios del mimo mexicano en las carpas de la Ciudad de México, su matrimonio con Valentina Ivanova, su relación con Estanislao Shilinsky y otros actores del cine nacional hasta el largo proceso de creación en Estados Unidos de la película, “La vuelta al mundo en ochenta días”, obra que le valió a Moreno ganar el Globo de Oro en la categoría de mejor actor musical o comedia.
Puede que los amantes de las películas de Cantinflas no aprueben la cinta de Sebastián del Amo y que sea un actor español el que interprete a su ídolo, pero no se les puede regatear a ambos la minuciosidad absoluta para encarnar a uno de los actores y personajes emblemáticos de la comedia mexicana.
Cantinflas se comió a Mario Moreno y ambos, personaje y actor; se comieron de espectacular manera a su caracterizador que ante tal actuación, hay que ponerse de pie y decirle: “A sus órdenes, señor Óscar Jaenada”.
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