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La seducción del anarquismo en los textos de Lucy González

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SOMOSMASS99

 

Esther Sanginés García*

Miércoles 8 de septiembre de 2021

 

El uso de un solo explosivo en Haymarket resultó en la supresión efectiva de todo el movimiento anarquista

 

Un encanto emana de las profundas reflexiones de Lucy González o Lucy Parsons, hay que conocer sus escritos, sus discursos y acciones para comprender la forma como fueron evolucionando sus ideas. En la biblioteca anarquista[2], hay muchos textos redactados por ella, y muchos más sobre su vida y su obra, en algunos la han llamado “la Diosa del Anarquismo”. El respeto y la admiración se manifiesta en casi cada párrafo. Por el contrario, en la academia, en los pocos artículos escritos sobre ella se le considera como una mujer desequilibrada, que vivió a la sombra de su marido.

Para conocerla mejor, le damos la palabra. El cuatro de octubre de 1884, en Chicago, apareció el primer número del periódico The Alarm, dos textos son básicos para comprender a Lucy, el Manifiesto de Pittsburg en el que participó y el artículo Una palabra a los vagabundos. La lectura de este último nos conecta con una mujer lúcida, combativa, que ha vivido la represión violenta que padecieron los movimientos obreros de Chicago y siente la crisis que ha llevado a la miseria a los trabajadores despedidos de las empresas. Ante la ineficacia de los métodos pacíficos, llama a la acción violenta; está dirigido a los 30 mil desempleados que deambulaban por las calles de esa gran ciudad, que miraban la ostentación de riqueza y de placer de la que no formaban parte. A los vagabundos “que no poseen siquiera lo suficiente para comprar un poco de comida para apaciguar las punzadas del hambre que roe sus entrañas”.

El texto se vuelve personal, usa el lenguaje directo y cuestiona, “¿No has trabajado toda tu vida, desde que alcanzaste la edad, para ser usado en la producción de riqueza?”, “¿No te das cuenta que has generado miles y miles de dólares, has creado valor, riqueza que no existía, que la has creado y no es tuya, y a menos que actúes, nunca poseerás nada?”

Tras referirse a las condiciones miserables de vida y trabajo sube el tono: “Y, al fin, cuando el capricho de tu patrón consideró oportuno crear una hambruna artificial y el caballo de hierro al que te tenían encadenado se detuvo, la fábrica cerró su puerta con llave, te convertiste en vagabundo, con hambre en el estómago y harapos en la espalda”. E insiste: “¿A quién le importan tus lágrimas, el dolor de tu esposa e hijos?”

Y continúa:“Te das cuenta ahora que no hay buenos ni malos jefes, pues eres presa común de ambos” “¿No ves que es el sistema industrial y no el jefe el que debe cambiar?” “Los buenos y malos jefes te dirán al verte en este deplorable estado bebiste todo tu salario el verano pasado cuando tenías trabajo y esa es la razón por la que no tienes nada ahora y el asilo y la leñera son demasiado buenas para ti, en realidad deberían dispararte”, y sigue “Y te dispararán si presentas tus peticiones de manera enfática”.

Después de hacer un recuento de los sufrimientos que orillaban al suicidio a los desempleados en Chicago, los invita a actuar, a presentar sus demandas al rojo vivo, con el único lenguaje que entienden los patrones: la acción individual violenta.

Su último párrafo es demoledor: “No necesitas organización cuando decides presentar este tipo de demandas. De hecho una organización te perjudicaría; porque tú, como cada uno de los vagabundos hambrientos que lean estas líneas, pueden aprovechar esos pequeños métodos de guerra que la ciencia ha puesto en manos del pobre, y te convertirás en un poder en ésta o cualquier otra tierra”.

“¡Aprende el uso de explosivos!”[3]

Como se dijo antes, en ese mismo número se publicó El manifiesto de Pittsburg como programa de la International Working People Association IWPA o internacional negra (que se formó al disolverse la Primera Internacional), en él se enfatizaban los siguientes puntos:

Primero: Destrucción del dominio de clase, por todos los medios, es decir, mediante una acción enérgica, implacable, revolucionaria e internacional.

Segundo: Establecimiento de una sociedad libre basada en la Organización Cooperativa de la Producción.

Tercero: Intercambio libre de productos equivalentes por y entre las organizaciones productivas sin comercio ni lucro.

Cuarto: Organización de la educación sobre una base secular, científica e igualitaria para ambos sexos.

Quinto: Igualdad de derechos para todos sin distinción de sexo o raza.

Sexto: Regulación de todos los asuntos públicos mediante contratos libres entre comunas y asociaciones autónomas independientes, descansando sobre una base federalista[4].

Para cumplir con el primer principio, lo más recurrente en el periódico era la invitación al hecho violento, a la fabricación de explosivos, y para ello había artículos con instrucciones para fabricar bombas caseras. 

Lo extraordinario, por contradictorio, es que ni Lucy ni muchos autores del periódico hicieron uso de la violencia, la promovían, pero no la practicaban. El quinto principio correspondía a la organización, y esto era lo más atrayente y probablemente lo que más repercusiones ha tenido a lo largo del siglo y medio transcurrido desde su publicación. 

La IWPA se estructuró como una red flexible, no era un partido político, tampoco una organización tradicional con membresía masiva, no tenía más reglas que los seis puntos publicados en The Alarm, así que muy pronto creció el número de colectivos o comités, en un año se agregaron diez nuevos grupos. En los colectivos colaboraban migrantes europeos, curiosamente sólo había uno en el que sus miembros hablaban inglés (the American Group), que comenzó con cinco personas, para el año siguiente tenía 45 miembros, en abril de 1885 agrupaba a 95 y para noviembre de ese año a 150, incluidas entre 15 y 20 mujeres y pronto se creó otro “grupo estadounidense”. Crecieron también muy rápido los colectivos de migrantes de Bohemia, otras regiones de Alemania, Moravia y lo que hoy es la República Checa. Organizados como racimos con estructura igualitaria y completa autonomía. Así se formó en Chicago un movimiento no jerárquico, compuesto por colectivos autónomos y federados.

La estructura descentralizada y no jerárquica, el apoyo a clubes y organizaciones de simpatizantes le dieron al movimiento anarquista de Chicago un carácter único, no sólo político, también social. Además de The Alarm, publicaban otros siete periódicos, apoyaban a “cinco milicias armadas, sociedades de canto y teatro, cooperativas, sociedades mutualistas, ligas de pensamiento libre y organizaciones sociales de diversos tipos”. También, los activistas solitarios tenían un lugar importante en el movimiento anarquista. Todo aquel que quisiera transformar el sistema capitalista tenía un espacio.

Los escritos personales de Lucy eran radicales entre los radicales. Sus artículos aparecían de forma irregular, casi siempre bajo un encabezado especial que decía «Escrito para la alarma«. El contenido de sus artículos rompía con el consenso general.

En 1885 escribió un artículo en The Alarm, con el título: El negro: que deje la política al político y las oraciones al predicador, en la primera parte hace un análisis de las causas del racismo, de su violencia y de las condiciones que los negros padecían en el sur. Comentó un linchamiento en Carrolton, Mississipi: “¿Quién… podría evitar quedar horrorizado… por la terrible masacre de los esclavos asalariados pobres e indefensos en Carrolton?… Indefenso, pobre, acorralado por sus enemigos mortales; víctimas no sólo de sus desgracias, sino de profundos, ciegos e implacables prejuicios, estos nuestros semejantes son asesinados sin tregua… ¿Hay alguien tan estúpido para creer que estos ultrajes han sido, están siendo y serán amontonados sobre el negro porque es negro? En absoluto. Es porque es pobre. Es porque es dependiente. Porque él es más pobre como clase que su hermano esclavo asalariado blanco del norte”[5].

Y luego llama a la acción violenta: “En cuanto a esas masacres locales, periódicas, malditas, de las que eres víctima en todo momento, debes vengarte a tu manera… ¡Este es el comienzo del respeto!… No estás absolutamente indefenso. Porque la antorcha del incendiario muestra a los asesinos y a los tiranos la línea del peligro, más allá de la cual no pueden aventurarse impunemente”[6]. El artículo fue muy criticado, porque en los estados del sur la condición de los negros se debía tanto a su pobreza como al color de su piel. Unos siete años después cayó en la cuenta de esa situación.

Lucy consideraba que la civilización occidental cristiana había engendrado el capitalismo, la religión y el estado, que se convirtieron después en sus pilares, por tanto había que destruirla y rehacer una nueva civilización con principios distintos. Entre sus más polémicos artículos están tres que publicó en The Alarm con el tema: Nuestra civilización: ¿Vale la pena salvarla?.

En ellos discute los llamados “valores”, como producto de las instituciones capitalistas, generadores de profundas desigualdades entre las clases, de la explotación, y la noción de la supremacía occidental.

Su primer artículo sobre la civilización y la desigualdad de clases se publicó en agosto de 1885, en él reconocía los logros de la ciencia y técnica de su tiempo. Sin embargo, los consideraba fruto de la explotación de la clase trabajadora, pues las llamadas maravillas de la civilización de finales del Siglo XIX convertían en “bárbaros” a los trabajadores. 

“Si al admirar los rascacielos de Chicago bajamos la vista… descubrimos en la sombra de estas magníficas moradas, el hombre sin hogar, el niño sin hogar, la joven que ofrece su virtud por unos pocos dólares miserables…¿Cuándo te cansarás de tal civilización y declararás… Fuera esa civilización que así me degrada; no vale la pena salvarla?”[7].

En diciembre de 1985 publicó un texto con el título Una historia de Navidad [8], en él usa la ficción narrativa, trata de un náufrago cristiano que llega a una isla habitada por bárbaros, sus habitantes lo cuidan hasta que es rescatado y puede volver a casa. El cristiano en reciprocidad por el buen trato de los isleños, invita a algunos a conocer la civilización, los bárbaros dialogan en una asamblea, aceptan y escogen delegados. Al regresar del viaje, los elegidos informan a su comunidad compartiendo que al principio se asombraron por las extraordinarias hazañas de ingeniería del mundo cristiano, después se desilusionaron con el trato que se daba a los pobres; primero, al encontrarse con un vagabundo los delegados preguntaron al anfitrión qué sería de ese pobre hombre, él respondió que entregaría a esa miserable criatura a la policía, “que es principalmente para lo que tenemos a nuestro gobierno, para hacerse cargo de las clases bajas”. Después, al descubrir a los trabajadores en las calles de la gran ciudad cristiana, preguntaron sobre el sistema de trabajo, y allí comprendieron la teoría del valor, pues su anfitrión explicó alegremente que los capitalistas se quedaban con el excedente de los trabajadores y retenían la propiedad mientras administraban a los trabajadores como a una manada de animales.

Los nativos que escuchaban la historia preguntaron a los informantes “¿Ustedes qué piensan del gobierno cristiano y su civilización?” Respondieron los delegados “Por lo que pudimos aprender de su gobierno es simplemente fraude organizado y opresión… en su religión son hipócritas… y en su sistema económico e industrial, son ladrones”.

Los nativos reunidos, sorprendidos por lo que escucharon, rápidamente aprobaron una moción para “enviar misioneros a los cristianos, no para enseñarles como morir, sino como vivir”. La decisión de enviar misioneros entre los cristianos se toma en una asamblea que se recibe con un coro de apoyo a la moción.

Dos años después de que Lucy escribió el artículo Una palabra a los vagabundos, en una gran manifestación para lograr la jornada de ocho horas, explotaron un par de bombas. Sin pruebas suficientes se arrestó a siete anarquistas, entre ellos a Albert Parsons el esposo de Lucy, su discurso en 1886 fue distinto, su título fue Soy una anarquista, en su primer párrafo dice: “Soy una anarquista, supongo que vinieron aquí para ver cómo luce una anarquista viva, supongo que algunos esperaban verme con una bomba en una mano y una antorcha flameante en la otra y que están decepcionados por no verlo. Los anarquistas somos personas pacíficas respetuosas de la ley”[9].

Quiero, antes de concluir esta parte del artículo, compartir un párrafo tomado de la biblioteca anarquista:

“Aunque TheAlarm imprimió muchos artículos instando a sus lectores a participar en actos de violencia contra el estado, la IWPA no organizó ninguna acción violenta. Las diversas milicias asociadas con la IWPA fueron prohibidas poco después de su formación y nunca supusieron un desafío serio para la fuerza policial de Chicago o el ejército de agentes de seguridad privada contratados por los propietarios de las fábricas de la ciudad.

Aunque la fabricación de bombas se describió en detalle en The Alarm, la IWPA nunca usó ni distribuyó bombas o armas de ningún tipo. La mayor parte de la energía organizativa de la IWPA se dedicó a la organización y propaganda laboral.

Mientras Lucy Parsons estaba incitando a los lectores de The Alarm para tomar medidas contra sus opresores, pasó mucho tiempo apoyando el movimiento de ocho horas y ayudando a organizar un sindicato de trabajadoras de la confección de mujeres. ¿Por qué la diferencia entre retórica y acción?

Probablemente era bastante obvio para la IWPA incluso antes de Haymarket que la acción directa violenta conduciría a una represión tremenda. Pero no está claro por qué persistieron en hacer propaganda a favor de la violencia. Su compromiso teórico no puede ser cuestionado, pero su compromiso práctico [con la violencia] fue inexistente.

Lucy Parsons no continuó promoviendo la violencia en los mismos términos que lo había hecho antes de Haymarket. Sin embargo, fue la principal defensora del sabotaje en la IWW”[10].

En una próxima entrega finalizaré esta aproximación a Lucy, presentando sus artículos posteriores y su discurso ante la IWW, Industrial Workers of the World. Sí, Trabajadores Industriales del Mundo, organización a la que pertenecieron los anarquistas mexicanos, entre ellos los hermanos Flores Magón.


Notas:

[1] En la edición de SomosMass99 del 19 de mayo de 2021 publiqué el artículo Lucy González, la pasión por la justicia y la libertad, mi intención era escribir la segunda parte para una siguiente entrega, sólo que algunos lectores me hicieron muchas preguntas sobre el anarquismo, lo que me dio mucho gusto, así que el 9 de junio se publicó el artículo Anarquía y anarquistas. Hasta hoy puedo cumplir con esta segunda parte que espero genere nuevas preguntas. Advierto que en este artículo lo que hago es organizar información, sobre todo de una gran cantidad de escritos existentes en la Biblioteca Anarquista, resumir alguna, parafrasear otra, conectar textos y, más que nada, seguir los artículos de Lucy González o Lucy Parsons; la mayor parte de la bibliografía está en inglés, las traducciones son personales. Uno de los mejores textos es el de Jacob McKean, A fury for Justice. Lucy Parsons and the revolutionary Anarchist movement in Chicago, 2006 https://theanarchistlibrary.org/library/jacob-mckean-a-fury-for-justice-lucy-parsons-and-the-revolutionary-anarchist-movement-in-chicago

[2] es.theanarchistlibrary.org/special/index

[3] Lucy E. Parsons, A Word to Tramps, The Alarm, Vol. 1, No. 1 Oct. 4, 1884. https://www.marxists.org/subject/anarchism/parsons/parsons01.pdf

[4] Lucy Parsons, To The Workingmen of America, The Alarm, Vol.1, No.1, Oct 4, 1884

[5] Lucy Parsons, The Negro: Let Him Leave Politics to the Politician and Prayers to the Preacher, Ahrens, 55–56

[6] Idem

[7] Lucy Parsons, Our Civilization: Is It Worth Saving?, The Alarm, Vol.1, No.20, August 8, 1885

[8] Lucy E. Parsons, A Christmas Story, The Alarm, Vol.2, No.10, December 16th, 1885

[9] Lucy Parsons, I am an Anarchist, se publicó el 21 de diciembre de 1886, en el Kansas City Journal, puede verse en The anarchist Library.

[10] McKean, Op. Cit.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.

Imagen de portada: Lucy González o Lucy Parsons. | Foto: Wikimedia Commons.






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