Periodismo perico
Raúl Muñiz Torres
En esta relación de conveniencia que los medios de comunicación mantienen con los gobiernos, el camino más fácil para cabecear una primera plana, es repetir la parte bonita y el discurso hecho del alcalde, gobernador o presidente.
En el pasado informe de gobierno de la alcaldesa de León, Bárbara Botello Santibañez, la excepción no tuvo lugar. En algún momento de su arenga, Botello dijo que “León hoy es mejor” y apenas ayer, los medios locales no tuvieron mayor imaginación para titular su nota principal.
El Sol de León hacía eco y publicaba, “León se transforma”; El Heraldo de León, “León ya es mejor”; AM, “Presume Bárbara obras” y Milenio, similar cuando cabeceaba que la alcaldesa presume obras, bulevares y demás.
¿Le sirve al periodismo la repetición incesante de lo que dice un gobernante? ¿Le da sentido de información real al lector lo que el discurso preparado en una oficina de palacio soltará el día de un informe de gobierno?
¿Por qué no atienden los medios las voces que el mismo día del informe venden en la plaza principal sus productos para poder subsistir? ¿La voz del anciano que pide limosna en la calle o la familia afectada en actos de violencia?
Mucho mejor ¿Por qué no atienden esas voces y las publican como su nota principal? Un reportero capaz de leer la realidad de su entorno y capaz de reflejarla en las páginas de su medio y el medio mismo, le darían un plus de realidad más cercana a sus lectores.
Quizá y seguro así es, las respuestas a estas preguntas conllevan una verdad de Perogrullo que no necesita mayor explicación: los medios de comunicación necesitan al poder y el poder necesita de los medios de comunicación, una relación enferma en que los diarios se convierten en voceros del gobierno y sus acciones y este a su vez paga publicidad para que el día del informe se publique que el municipio en turno es mejor, más bonito y más seguro aunque la realidad se refleje a lo largo y ancho de las zonas urbanas y rurales, sus habitantes y sus desventuras.
El periodismo de banqueta también se traduce en los actos oficiales, la declaracionitis que adolecen los medios impresos y electrónicos sigue vigente, los grandes espacios para decir en realidad nada.
Tema de otro texto será definir qué significa en realidad tener una mejor una ciudad, un entorno que se transforma, el presumir obras, bulevares e inversiones que además; son momentos de un gobierno que de cajón están entre sus obligaciones y no representan de ninguna manera, un acto glorioso o una hazaña nunca antes vista.
Presumir obras por parte de un gobierno, es comparable a que el cantante se llenara de soberbia por decir que cantó o al futbolista que manifestara que sabe jugar futbol.
Y si a esas verdades perogrullescas le agregamos un periodismo perico, aquel que replica lo que le piden que replique, la cultura de la información no podrá establecerse como aquel estadio que toda sociedad democrática espera.
¿De verdad es León una mejor ciudad? ¿De verdad la población leonesa siente que su nivel de vida ha mejorado? ¿De verdad creen los medios locales que repetirse a través de la voz de gobernante es bien informar? Son preguntas.
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