PRD tricolor
Agustín Galo Samario
La elección de Carlos Navarrete Ruiz como presidente nacional del Partido de la Revolución Democrática significa prácticamente el fin de los ideales que dieron vida a esa organización política hace ya 25 años. Así, la corriente Nueva Izquierda dirigirá a los perredistas por un tercer periodo consecutivo y a la manera que más le reditúa: aliándose con el PRI.
Así ocurrió con Jesús Ortega Martínez, quien para hacerse de la dirigencia nacional del sol azteca recibió la ayuda de distinguidos priistas. Como la de Ulises Ruiz Ortiz, según lo reveló el propio ex gobernador de Oaxaca cuando el perredista lo criticó en 2010 por encabezar un gobierno represor, en referencia al movimiento magisterial y social de 2006 que terminó con el asesinato de varios profesores y la intervención de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que a su vez concluyó que en esa entidad se violaron gravemente los derechos humanos. Ruiz Ortiz le respondió entonces al líder solferino: “Jesús Ortega es veneno puro. Está cumpliendo bien su encomienda de destruir lo que queda del PRD”. “Muerde la mano amiga, la de todos los que lo ayudamos”.
Una historia similar sucedió con el otro Chucho, Jesús Zambrano. En su periodo muchos perredistas abandonaron ese partido por la alianza que trabó –según el plan elaborado por Ortega Martínez- con el PRI de Enrique Peña Nieto y que sirvió como punto de partida para el Pacto por México. Así fue que se aprobó la reforma energética, entre otras más, a la que supuestamente se opuso por no estar de acuerdo.
El sábado en el Consejo Nacional, donde fue electo Carlos Navarrete, fueron notorias las ausencias del líder moral Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y del ex jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard. Porque el ahora dirigente nacional pertenece al grupo de Los Chuchos y comparte una forma de hacer política que poco o nada tiene que ver con los principios que hicieron del PRD el partido más importante de la izquierda mexicana.
Cárdenas Solórzano seguramente se alejará nuevamente del partido que ayudó a fundar. En el caso de Marcelo Ebrard es casi un hecho que terminará por irse a Movimiento Ciudadano, igual que muchos otros perredistas que advierten que las puertas se les han cerrado. Algunos dejarán su militancia y unos más permanecerán en ese partido porque no les queda alternativa, pues saben que sus carreras políticas se acabarían si deciden sumarse a otra organización partidista. El PRD se encuentra en una situación lamentable, cada vez más lejos de la verdadera izquierda y más cerca del tricolor.
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