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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 14 de febrero de 2022

 

De ella no te he hablado aún.

Pero ahorita me desquito, faltaba más.

Yo le digo Rolasí, un día se me fue el dedo en el whatsa, y quedó por y para mí vuelta a bautizar.

 

Es una mujer, creo que dejó de ser chava muy joven, de ciudad y de campo, una extraña mezcla para los que nos gusta catalogar a los demás en categorías muy distintas las unas de las otras. Ella anda igual de tranquila en medio del barullo del centro de la CdMx que entre lianas y pantanos. Me consta, la he visto en decenas de ambientes diferentes y siempre encaja, aunque destacando de mil maneras, es imposible que Rolasí se confunda con otros, ni en formas, ni en colores, ni voz. No es ni altota ni bajita, se viste a veces formal y otras no, luego trae aretes bien padres, largos y coloridos, y de repente la vez usar un chongo de lo más nice. No es su físico, es ella.

Le gusta decir que es “de barrio”, cosa que en ciertos lugares se entiende como ser de barrio popular. Sabe trucos de calle, no deja que la atropellen ni camiones ni malas lenguas, y te echa miradas negras o dulces asegún seas con ella.

Es escritora, poeta y recientemente dibujante: escribe así como habla, con sentido, sentimiento, palabras que a veces yo no entiendo, expresiones que a mí no se me habrían ocurrido y que le envidio. Escribe con palabras del diario, no es de echarle crema a sus tacos, pero lo que dice es contundente. Defiende las tradiciones mexicanas, la artesanía, describe y pinta paisajes con amor, con coraje casi, es lo que llaman los que saben “bien auténtica”, no se anda por las ramas, y sin embargo, no la he visto nunca agredir a alguien.

Habla muy fuerte de la mujer, de su posición en la sociedad, de la lucha feminista y social que nos truje y no nada más habla, lucha, hace. La veo levantarse de su silla así como de un empujón, femenino no te me pierdas, marimacha no es, pero fuerte y la imagino atravesando todo la plaza de la Constitución con fuertes zancadas para ir a rectificar algo que no le checa. Sí, también es prudente, no se mete con todos, pero se pone de pie cuando le es importante.

Es bien chambeadora, sale antes de que salga el sol, y todo el día trabaja en lo suyo: que si la escritura, que si la atendida del esposo,-sólo si quiere y nomás porque lo quiere-, que si la dibujada, la vuelta al río, la remada en el kayak, la bicicleteada, y antes antes, pues los hijos y la tiendita que puso. Le gusta la vacilada, pero no le entra el chisme, dice que no lleva a nada, aunque sabe escuchar al que necesita ser escuchado y da su opinión, pero bien con cuidado para no lastimar. Me gusta considerarla mi ñera además de mi amiga, porque luego sí me suelta la neta y duele, a veces, pero sé que es con cariño y con ganas de enderezar árboles torcidos. La transa no se le da, es más, la denuncia y dice que sí, que a veces nos equivocamos gacho, pero “es que somos humanos, ¿no?”

Luego saca un montón de dichos que yo ni entiendo ni conozco: su hablar cantadito, onda TinTán y Clavillazo, está lleno de ciegos que no ven ni al día siguiente, el león que nadie pinta como es se la vive en sus decires, el tamal que para eso nació recibe un chorro de hojas del cielo y habla de las siete vidas del otro, usando la única que ella tiene para quererlo.

Va, viene, se regresa y se vuelve a ir varias veces al día, así es ella

 

Tiene una sonrisa extraordinaria porque no es nada más de dientes y de labios. Cuando sonríe, echa todo el cuerpo hacia atrás, su cuello, flexible, carga con la cabellera exuberante, chinos negros, desordenados por más que les meta peine y cepillo, ligas y broches. Huele rico, huele a cremita, perfume pero sobre todo a mujer, a axila, a entrepierna a veces, ese olor  a mí me prende, me invade siempre que la abrazo, me fundo con ella y no es más que por decencia que la suelta mi mente, horas después de que la hayan soltado mis brazos…

Su mirada es incandescente, aun cuando ya se cansó de hablar, de caminar, de reír, de guisar. Tiene ojos negros, siempre un poco brillosos, pareciera que en cualquier curva se pudiese desviar la atención hacia otro cuerpo. Respira a fondo, hasta cuando sólo está alzando la mesa, atándose las agujetas, leyendo en público. Es fuego, Rolasí es fuego controlado pero subyace en cada ademán, cada palabra, y sí, en cada pensamiento.

La he visto casi desnuda, salir de una alberca helada, de un mar furioso o de la regadera caliente, secar las gotas que le corren por la espalda y pasear por la recámara como si estuviera sola, espalda erguida, pezones confiados, piernas que me atrevo a calificar de altivas, las piernas no el andar, el andar es otra cosa, es poesía, es fuerza, las piernas se imaginan en alto alrededor de otra cadera de un cuello contra la pared.

Exuda sexo, del erótico y a veces del otro.

 

Cuando la reto a algo que se le antoja no contesta ni chole ni chale, sólo ¡Simón camarón!

Ella es Rolasí, Ross, Rosalí, algo casí como mi carnala.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Edición: Susana Argueta.

Foto: Manuela Cortés.






Luis López




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5 Comentarios

el 14/02/2022

Qué bonito hablas de tu carnala!

el 14/02/2022

Mi ñera!

el 14/02/2022

La banda!!!

el 15/02/2022

Gracias amiga,yo también te quiero. Bellas tus palabras a mi persona.

el 15/02/2022

Bella tu persona
Sin vacilar



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