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Las putas de San Julián: un siglo de feminismo y solidaridad de clase

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Canal Abierto

Puerto de San Julián, Arg. / Jueves 17 de febrero de 2022

 



El 17 de febrero de 1922, cinco mujeres echaron del prostíbulo en el que trabajaban a los agentes del Estado que habían fusilado a los huelguistas de la Patagonia Rebelde. A cien años de este suceso, un homenaje feminista que recupera esta historia y el presente de luchas en el lugar de los hechos



 

“¡Asesinos! ¡Porquerías!”, “¡Con asesinos no nos acostamos!”. Así reciben las cinco pupilas del prostíbulo La Catalana, de doña Paulina Rovira en Puerto San Julián, a los soldados y suboficiales que días atrás habían fusilado a cientos de peones y trabajadores rurales de Santa Cruz en los sucesos conocidos como las huelgas patagónicas de 1920 y 1921, popularizados como de “La Patagonia Rebelde”, luego de la publicación de la investigación de Osvaldo Bayer –y el posterior film de Héctor Olivera–, quien recoge esta historia y el eco de las voces de estas putas.

 

“Una paciente investigación nos ha llevado a conocer el nombre de estas cinco mujeres o, mejor dicho, de estas cinco mujerzuelas. Los únicos seres valientes que fueron capaces de calificar de asesinos a los autores de la matanza de obreros más sangrienta de nuestra historia. He aquí sus nombres, tal vez los mencionaremos como un pequeño homenaje o, no digamos homenaje, digamos recuerdo de las cinco mujeres que cerraron sus piernas como gesto de rebelión. 

“Lo diremos con la filiación policial tal cual aparecieron en los amarillos papeles del archivo: Consuelo García, 29 años, argentina, soltera, profesión: pupila del prostíbulo “La Catalana”; Angela Fortunato, 31 años, argentina, casada, modista, pupila del prostíbulo; Amalia Rodríguez, 26 años, argentina, soltera, pupila del prostíbulo; María Juliache, española, 28 años, soltera, siete años de residencia en el país, pupila del prostíbulo, y Maud Foster, inglesa, 31 años, soltera, con diez años de residencia en el país, de buena familia, pupila del prostíbulo. 

“Jamás creció una flor en las tumbas masivas de los fusilados; sólo piedra, mata negra y el eterno viento patagónico. Están tapados por el silencio de todos, por el miedo de todos. Sólo encontramos esta flor, esta reacción de las pupilas del prostíbulo “La Catalana”, el 17 de febrero de 1922”.

Fragmento de “La Patagonia Rebelde” de Osvaldo Bayer
(libro que reúne los cuatro tomos de “Los vengadores de la Patagonia trágica”).

 

A cien años de estos hechos, en esta pequeña localidad santacruceña una comisión de homenaje preparó dos días de actividades para recordar el valor de las cinco mujeres que Bayer en el texto elige llamar “mujerzuelas” citando irónicamente el parte policial redactado al ser llevadas las trabajadoras sexuales detenidas a la comisaría.

“Además de “asesinos y porquerías” les dicen “cabrones malparidos” y —según el posterior protocolo policial— “también otros insultos obscenos propios de mujerzuelas”.

“Desde las organizaciones feministas y de las diversidades de Santa Cruz empezamos a ver que lo que se evocaba de las huelgas patagónicas siempre tenía que ver con la lucha de los varones, con mostrar los cuerpos de las varones, sus nombres, sus fotografías… ¿y las mujeres dónde estaban? Hay algunos trabajos que las rescatan, que dan testimonio de su participación en las huelgas, por ejemplo escondiendo huelguistas”, relata en diálogo con Canal Abierto Romina Behrens, docente e investigadora, integrante de la Comisión de Las Putas de San Julián, un colectivo de militantes, organizaciones y áreas del Gobierno de Santa Cruz y de la municipalidad de San Julián que comenzaron a reunirse hace un año para organizar este homenaje.

“Este hecho particular de las putas de San Julián se narra por primera vez en el trabajo de Osvaldo Bayer. Se trata de mujeres diciéndole que no a los soldados que acaban de cumplir con su misión que era ni más ni menos que fusilar a más de 1.500 obreros”.

Obviamente, el valor de estas mujeres valientes fue castigado. Tras informar la madama Paulina Rovira a los oficiales que sus pupilas se negaban a atenderlos, las putas repelen entre insultos y escobazos a los soldados que pretenden ingresar por la fuerza. “Por supuesto, las llevan detenidas a la comisaría local y son víctimas de hostigamiento, de vejámenes tales como mojarlas con agua y dejarlas en la intemperie con sus ropas puestas. Finalmente, son echadas del pueblo y sólo una de ellas vuelve, Maud Foster, que hoy tiene su tumba en la localidad, forma parte del circuito histórico y está declarada patrimonio histórico”, rememora Behrens.

“Este hecho es para las organizaciones un primer gesto de feminismo en la historia de Santa Cruz, en la historia de la lucha de las mujeres. Obviamente no se hablaba de feminismo en esa época, pero sí tiene que ver con una organización colectiva de mujeres, espontánea tal vez, pero que habla de mujeres que piensan en colectivo, mujeres que se paran de frente, que toman posición frente a una situación, en este caso, ni más ni menos que una enorme solidaridad de clase con con los obreros fusilados”, reflexiona Behrens.

“Estas no son cualquier mujer, son putas, son parias, las de más abajo de todas. Ellas fueron las que dijeron algo de lo que estaba pasando en un contexto de silencio absoluto”, destaca la activista y docente. “Para nosotras es importante traerlas a la memoria y, por supuesto, cuando hablamos de las putas de antes también nos preocupamos por las putas de hoy. No podemos hacer memoria de lo que pasó con las putas de San Julián sin pensar en la situación que a diario viven hoy las trabajadoras sexuales que también son víctimas de violencia institucional. Por eso la presencia de Georgina Arellano, secretaría General de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretices de la Argentina), que está llegando a Río Gallegos y compartirá las dos jornadas con la Comisión”.

 


 

 

La Patagonia Rebelde

En noviembre de 1920, los trabajadores rurales organizados en la Sociedad Obrera de Río Gallegos iniciaron una huelga poco antes de comenzar la temporada de esquila de ovejas. Reclamaban cosas tan elementales como un día de descanso semanal, un sitio limpio y seco y con espacio suficiente para dormir y velas para alumbrarse.

Los estancieros, casi señores feudales, solicitaron al gobierno nacional que acabara con la huelga. Hipólito Yrigoyen envió tropas al mando del teniente coronel Héctor Benigno Varela quien consiguió un principio de acuerdo y regresó a la capital.

El acuerdo fue incumplido por los dueños de las estancias y la huelga se reinició. En noviembre de 1921 Varela, volvió con el Décimo Regimiento de Caballería a la Patagonia con la orden de ponerle fin a la huelga. En un mes y medio reprimieron a los huelguistas y asesinaron o fusilaron a alrededor de 1.500 personas.

Un año después, Varela cae asesinado por la acción vengadora de Kurt Wilckens frente a su casa de Palermo. Le arroja una bomba casera y lo remata con cuatro tiros. Osvaldo Bayer investiga y reconstruye esta historia prácticamente silenciada, la de las huelgas, la masacre y la venganza, en su obra “La Patagonia rebelde”, que reúne los cuatro tomos publicados previamente bajo el título “Los vengadores de la Patagonia trágica”.

 


* La nota completa, con las actividades programadas para hoy 17 y mañana 18 de febrero por la Comisión de homenaje, se puede leer en el enlace.

Imagen de portada: Consuelo García, Amalia Rodríguez y Maud Foster, tres de las cinco heroínas de esta historia. | Foto: Canal Abierto. 






Luis López




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