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El asesino posando en un extenso «campo de monocultivo»

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SOMOSMASS99

 

Gustavo Figueroa / Wallmapu

Neuquén, Arg. / Miércoles 2 de marzo de 2022

 



Un análisis visual, histórico y comunicacional sobre las figuras y las expresiones del «progreso occidental» que aún permanecen habitando territorio ancestral



 

El monumento del General Julio Argentino Roca que está ubicado justo en frente de la Casa de Gobierno de la ciudad de Neuquén nunca lo había visto. O no le había prestado atención. O nunca me había detenido con mucho ánimo e interés a mirarlo. La plaza Roca está ubicada justo en el otro extremo de la ciudad, donde yo me crié, cerca del río Limay. Por lo tanto, en esa ubicación -teniendo en cuenta a las personas que no conocen la ciudad- se encuentra el alto neuquino, una zona comercial, de edificios y casas ostentosas. Nunca se me hubiera ocurrido detenerme en esa plaza, como en otras de la ciudad, a hacer nada. Es como si habitará en esa plaza un sector vip destinado a ser disfrutado por un grupo minúsculo de personas de la ciudad. Por otro lado, pocas veces vi en esa plaza gente haciendo deportes o tomando mates. Es pública, pero no popular. Sin embargo, esta vez me quedé en la plaza. Activé «el ojo de turista» y me quedé observando todo. Observe detenidamente el monumento. El gamulán tipo piloto que el escultor le diseñó, el sombrero con las insignias, la mirada puesta hacía el suroeste. Las manos metidas en el bolsillo. ¡La postura parece la de un hombre satisfecho! No está sobre su caballo, ni en actitud bélica como puede verse en otros momentos. Más bien parece que ya ha cumplido su cometido.

Sinceramente, para mirarlo tengo que hacer un esfuerzo. Lo tengo que observar hacia arriba, como si fuera una deidad, un ser superior, un rey, un monarca. ¿Y yo qué seré para él o para la gente que piensa como él? ¿Qué habrán sido para él mis antepasados de estas tierras? ¿Seres salvajes? ¿Seres inferiores? Por supuesto, si lo aseveró y se los hizo saber de múltiples formas. ¿A cuántas personas de esta tierra habrá mandado a mutilar? ¿A cuántas mujeres y niñas de estás tierras sus soldados habrán violado? ¿De qué están construidos los héroes militares de la Argentina? ¿Sobre quién se construyó la Argentina? ¿Cuándo será el día que estos militares y sus acciones sean puestas en tela de juicio? ¿Se desmonumentalizaran un día todas las ciudades del país? ¿Alcanza con erradicar su nombre de las plazas y las calles del país? ¿O es necesario establecer otras discusiones más profundas en donde se pueda discutir que, por ejemplo, todos los signos visuales del ser argentino están cargados con un gen genocida? ¿Podremos un día señalizar todos los fortines militares como campos de concentración donde estuvieron detenidas familias mapuche (y de otros pueblos preexistentes) durante la Campaña Expedicionaria al Desierto?

El monumento de Julio Argentino Roca que está ubicado en la plaza Roca de la ciudad de Neuquén se encuentra rodeado de pinos implantados. Y como es de esperarse no hay otras especies de árboles, mucho menos plantas autóctonas. ¡El asesino y el monocultivo! Juntos. ¿Qué puede salir bueno de ahí? Primero un genocidio, luego un proceso extractivo. O peor aún: la primera etapa del genocidio es sobre las personas, luego sobre el territorio. ¿Roca estará mirando a Europa? ¿España? ¿Inglaterra? ¿Acaso toda la provincia de Neuquén no es una gran plantación de pinos?

El monumento a Julio Argentino Roca ubicado en una plaza pública de la ciudad de Neuquén es la prueba más concreta de que el genocidio fundante del Estado argentino nunca cesó ni concluyó; representa la prueba más fehaciente de que muchas personas en la provincia piensan y reproducen el legado de Roca y Sarmiento. ¿Habrá que refundar la patria? ¿Habrá qué desmonumentalizar la patria?

Los procesos coloniales no dejan nada en pie, nada vivo. Usurpan todo, destruyen todo. El objetivo: alterar y manipular todo para dominarlo, para hacerlo a su antojo y semejanza. Literalmente en la Argentina se construyó la identidad nacional y la noción de progreso occidental sobre el cementerio de nuestros antepasados. Eso es el progreso, eso es la patria para Argentina: muerte al indio.

Alrededor de la plaza y el monumento, está la Casa de Gobierno y una serie de edificios relativamente nuevos. Desde el punto donde estoy parado puedo ver un guardia en una de las esquinas de la Casa de Gobierno. Cerca mío hay una señora sentada que observa a una niña jugar al lado de ella. La mujer está cansada. La niña está parada moviéndose alrededor de la mujer. La mujer está sentada en un banco periférico de la plaza. Tiene la actitud de quien en cualquier momento se va a parar para irse. Sostiene dos bolsas blancas en las manos. Está sentada, pero las bolsas no las apoya en el piso. Parece que viene caminando con la nena desde muy lejos. Yo miro de nuevo al monumento. Saco una foto general, luego un primer plano del rostro. Aparece detrás un edificio. Lo intentó aislar acercándome al monumento y dirigiendo la cámara en línea recta al cielo. Entre el monumento y la cámara existe una distancia de cinco metros (más o menos). Con esa distancia y las condiciones de luz (natural) que hay (ciertamente nublado) existen prioridades que tengo que respetar en la cámara para que la fotografía salga nítida. Sin embargo, la posición de mi cuerpo con respecto al cuadro de composición que voy a elegir para aislar el edificio del fondo es la que va a determinar la fotografía. Hasta aquí la teoría clásica de observación y composición. El objeto observado y el observador. Emisor (el fotógrafo) y receptor (los espectadores de la fotografía). Pero son pocos los espacios de formación dónde te enseñan que estas teorías de registro son también como el asesino que observo: antropocéntricas y coloniales. Nunca te enseñan en los cursos de fotografía, ni en ningún plan educativo de las ciencias humanísticas que los padres de la patria que forjaron la Argentina eran asesinos y que todo las instituciones nacionales estan construidas sobre un genocidio.

Julio Argentino Roca era, como su hermano, un verdugo. Era el hombre que viajaba al campo de batalla para ensuciarse las manos. Lejos, en Buenos Aires, esperaban hombres como Avellaneda, Rivadavia, Mitre y Juan Manuel de Rosas. Éstos últimos, lejos de ser cuestionado su rol en la historia, son apreciados como pioneros, fundadores. Sus figuras y nombres figuran en plazas, monumentos, calles e inclusive universidades, como la Universidad Nicolás Avellaneda de Buenos Aires, en donde, entre otras profesiones, te podes recibir de licenciado en periodismo.

Ésta es una fotografía de una persona que actuó en la Campaña Expedicionaria al Desierto. ¿Cuánto de esa filosofía genocida hoy perdura en la cultura argentina? ¿Cómo opera aún en estos días el legado de Sarmiento en la formación educativa del país? ¿Cuántos fortines en donde estuvieron alojados nuestros antepasados aún son considerados monumentos de la patria? ¿Cuántos escenarios, signos visuales y monumentos que reinvindican la patria en el mismo momento reinvindican el genocidio fundante de la Argentina? ¿Acaso no son todos? ¿No los cruzamos todos los días en nuestros puestos de trabajo, nuestros barrios, la casa de nuestros familiares?

Repensar y reveer la Historia Oficial Argentina no puede ser un proceso que concluye en los parámetros de la historia, la comunicación y la fotografía. Trasciende hasta instancias profundas y fundamentales de la vida. Llega hasta nuestra propia identidad, filosofía y espiritualidad. ¿Por qué en Argentina, como en otros puntos de la Latinoamérica, pareciera que las personas no portarán una identidad espiritual? ¿O que la identidad espiritual empieza y termina en la religión católica? ¿Quién nos hizo creer semejante omisión vital para el desarrollo pleno de nuestras facultades? ¿Otro rasgo del epistemicidio en la Argentina?

Cierro este texto como abro muchas charlas. Preguntando: ¿podes afirmar con seguridad y hechos concretos que tu familia no fue víctima de las Marchas de las Muertes que se ejecutaron en este territorio luego de finalizar la Campaña Expedicionaria al Desierto? ¿De qué manera estos procesos de dolor y tortura siguen operando en los diferentes territorios? ¿Cómo han transcendido estos procesos de dolor y tortura hasta la actualidad sobre nuestros propios cuerpos, subjetividades y espiritualidad?

Descolonizar la mirada y el pensamiento no sólo resulta de una actividad visual y reflexiva. Operan otros elementos en cada territorio, en cada punto estratégico de las provincias de Neuquén y Río Negro donde fue ejecutada la Campaña Expedicionaria al Desierto y que hoy, en la actualidad, conforman un correlato con la actividad extractiva que se desarrolla en la región.

Una mínima fotografía (como ésta) tiene la capacidad de construir un extenso y complejo relato (como éste). El relato forma parte (o pretende) de la Historia no Oficial de la Argentina. ¿Cuántos relatos no oficiales perduran en este territorio? ¿Cuántas fotografías son necesarias ser realizadas para exponer a los asesinos posando en extensos campos de monocultivo (que no les pertenecen)?


Foto: Gustavo Figueroa / Wallmapu.






Luis López




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