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¿Una CFE sólida o un oligopolio voraz?

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SOMOSMASS99

 

Agustín Ramírez Agundis*

Miércoles 2 de marzo de 2022

 

Los tiburones de afuera, si esto no se regula, nos terminan tragando 

– José Mujica, diciembre de 2014.

 

Después de mes y medio de nutrido trabajo, el 28 de febrero se realizó la clausura de los foros del parlamento abierto organizados por la cámara de diputados para promover el debate acerca de la reforma constitucional en materia de la industria eléctrica cuya iniciativa fue enviada desde el mes de octubre del año pasado por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Uno de los señalamientos más frecuentes por parte de quienes se pronunciaron en contra de la reforma tiene que ver con la idea consistente en que su aprobación conducirá a que la Comisión Federal de Electricidad se transforme en un monopolio y a que, por lo tanto, la empresa del Estado fije los precios de la electricidad de manera arbitraria.

A continuación, algunos de estos pronunciamientos:

“[La reforma significará] el fortalecimiento del monopolio estatal de la electricidad y la cancelación de los permisos otorgados al sector privado para generar flujo eléctrico, lo que se traduce en pérdidas millonarias para los empresarios que invirtieron en el sector”. Luis Pazos, El Financiero, 09-02-2022

“Prácticamente se crearía un monopolio en la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Todos sabemos que los monopolios, al final del día, generan distorsiones que hacen que se incrementen los precios. Con esta reforma la CFE se convertiría en un aparato enorme, que realmente no tendría contrapesos, no garantizaría la transparencia en su desarrollo, ni sus mecanismos estarían apegados a marcos actuales como es el caso del respeto a los derechos humanos, por ejemplo”. Manuel Herrera, Diputado del MC, 22-02-2022

“¿Queremos un sistema eléctrico nacional que permita una participación, como dice la Constitución, de los sectores público y privado, con reglas claras con un Estado rector, o queremos que una sola empresa compre, venda y fije tarifas y se condene a hacer todas las inversiones, convertir a la CFE en un monopolio? Fernando Cendejas, Ex-subsecretario de Energía en el sexenio de Peña Nieto, 26-01-2022.

“Con el monopolio energético que pretende el gobierno morenista, México sería identificado con los países con gobiernos autoritarios”, Marko Cortés, presidente del CEN del PAN, 23-01-2022.

“Lo que propone la iniciativa es generar un monopolio, un solo comprador de electricidad, que es la CFE, en los términos, en los precios y en las condiciones que establezca la CFE, y un monopolio, un solo vendedor de electricidad a tarifas que establezca la propia CFE sin intervención de nadie más”, Francisco Barnés de Castro, ex rector de la UNAM, 24-01-2022

Al respecto, en primer lugar, cabe aclarar que la iniciativa no tiene ningún propósito de convertir a la CFE en un monopolio. El objetivo consiste en que, en términos constitucionales, el Estado mexicano, al igual que se hace en buena parte de los países del mundo, recupere la rectoría en el manejo de la industria eléctrica, en tanto que ésta es una de las actividades estratégicas para el desarrollo nacional, además de que el acceso de la población a la energía eléctrica es considerado ya como uno de los derechos humanos. 

La iniciativa de reforma constitucional establece, en el párrafo séptimo del Artículo 28, que la Comisión Federal de Electricidad tendrá la garantía para generar al menos el 54% de la energía que requiera el país y que las empresas del sector privado puedan participar hasta con el 46% de esta generación.

La iniciativa, en el mismo artículo 28, reincorpora a la electricidad en la lista de actividades que por ser estratégicas no constituyen monopolios, tal como lo establecía la Constitución antes de la reforma del 2013.

No es extraña la actitud de quienes están en contra de la reforma constitucional de la industria eléctrica y, en su afán de bloquearla, alegan que la CFE se convertirá en un monopolio. No es extraña porque es entendible, aunque no aceptable. Lo único que les interesa es proteger sus intereses de lucro, poniéndolos por encima de los intereses de la nación.

¿Cuándo estos grupos que se beneficiaron con la reforma energética tan dañina para los derechos de los mexicanos se han preocupado por los monopolios que operan en el país y por los oligopolios que con carácter nacional o trasnacional fijan a su antojo los precios de los servicios y bienes que operan?

Conviene aquí recordar el significado de monopolio y lo que se entiende por oligopolio. De manera llana, la Real Academia de la lengua Española los define de la siguiente manera:

Monopolio: “Situación de mercado en que la oferta de un producto se reduce a un solo vendedor”.

Oligopolio: “Concentración de la oferta de un sector industrial o comercial en un reducido número de empresas”.

¿Será que la empresa que fabrica ese pan de caja al que incluso le llamamos por el nombre de la marca no constituye un monopolio? Claro, me refiero al Bimbo, al del osito, que sin ninguna competencia fija el precio que le da la gana, no sólo en México sino también en buena parte del continente americano y más allá. Cabe hacer notar que sus utilidades netas del año pasado alcanzaron una cantidad récord, casi 16 mil millones de pesos.

¿Es mentira que ese puñado de compañías que nos dan el servicio de telefonía fija y móvil y que fácilmente contamos con los dedos de una sola mano conforman un oligopolio? A los usuarios nos imponen las tarifas y condiciones que se les antojan, la calidad del servicio es muy baja y la cobertura geográfica muy restringida. No por nada las utilidades netas de American Movil (Telcel) en el 2021 superaron los 196 mil millones de pesos.

¿Acaso no opera como oligopolio el manojo de grandes bancos que en México se dan vuelo exprimiendo a sus clientes a través de comisiones y tasas de interés cuyo diferencial no se observa en ningún otro país? En el 2021, también las utilidades netas de la banca rompieron su máximo registro, alcanzando 182 mil millones de pesos. Solamente los siete bancos mayores obtuvieron rendimientos netos por casi 153 mil millones de pesos.

La venta de gas es otra de las actividades en la que unas cuantas familias concentran el mercado. Son siete las empresas que acaparan el 60% de las ventas de gas en el país. Hasta el mes de julio de 2021, cuando el gobierno federal estableció topes máximos para el precio de este energético, el margen de ganancia llegaba hasta 135%.

Podría extenderme mencionando las ramas de la actividad económica en las que el mercado se concentra en unos cuantos grupos o empresas, como es el caso de los medicamentos, el acero y el cemento.

Los altos rendimientos en las actividades señaladas, dan cuenta de la veracidad expresada en el siguiente párrafo:

“Casi por definición, una compañía con suficientes recursos para integrar sus actividades a escala global es un oligopolio […] los oligopolios son como los clubes (todo lo que se requiere para ser miembro de ellos es tener suficiente tamaño). En cualquier industria un puñado de empresas compiten por cada vez más grandes proporciones del mercado, de acuerdo con ciertas bien establecidas pero implícitas reglas, la principal de las cuales es que la competencia de precios, excepto en raras ocasiones, es una práctica antisocial que debe ser estrictamente prohibida porque amenaza con destruir al club en su conjunto”[1].

En el caso que nos ocupa, el de la industria eléctrica en México, es evidente que durante décadas, primero de manera sigilosa y luego a la carrera y sin escrúpulos, con la complicidad de los gobiernos en turno, se puso en práctica un proceso para estructurar en nuestro país el mercado de la electricidad a imagen y semejanza del que existe en España para desgracia del pueblo español.

Al respecto, veamos lo que se menciona en un artículo de la revista española Energía Renovable [2]:

“El grado de concentración del mercado eléctrico nacional alcanza uno de sus puntos álgidos en el segmento doméstico. El 90% de los kilovatios hora que usan las familias españolas lleva una de estas cinco marcas: Endesa, Iberdrola, Naturgy (antes Gas Natural), EDP y/o Viesgo-Repsol. Más datos que ratifican el oligopolio: Endesa, Iberdrola y Naturgy produjeron el año pasado más electricidad que todas las demás compañías juntas. Y más: las cinco susodichas controlan también las redes de distribución. De los 29,5 millones de puntos de suministro que hay en España, 26,3 son suyos. Entre las cinco, sólo en concepto de distribución se han repartido 25 mil millones de euros en los últimos 5 años”.

Las consecuencias de tal concentración del mercado están a la vista. El gobierno español se encuentra totalmente impedido para controlar los precios de la energía eléctrica, con los resultados que conocemos en cuanto a las penurias que vive la gente que se ve obligada a realizar circo, maroma y teatro para programar todas sus actividades a lo largo del día, tratando de aprovechar los horarios en los que las tarifas de la electricidad no son tan altas.

¿Endesa, Iberdrola, Naturgy? Como que los nombres nos resultan conocidos. Pues sí, son las mismas empresas que han venido acaparando el mercado de la electricidad en México. Una de ellas, Iberdrola, la que se llevó a trabajar al ex presidente Felipe Calderón y también a la que fue su secretaria de energía, ésa que tiene como integrante de su consejo de administración al salinista Liévano Sáenz, ha hecho público que sus utilidades en México en el 2021 superaron los 8 mil 500 millones de pesos, siendo nuestro país la segunda fuente de sus ganancias, sólo después de España.

Es importante darnos cuenta que, en el fondo, con la reforma eléctrica están en juego dos estrategias bien definidas. Por una parte, la que pretende avanzar en el proceso encaminado a minar a la CFE hasta desaparecerla o simplemente convertirla en un apéndice de esas grandes y voraces empresas trasnacionales del sector energético. Por otro lado está la que tiene como objetivo revertir los cambios en la Constitución originados por la reforma energética del 2013, como condición para reordenar y reencauzar el desarrollo de la industria eléctrica para beneficio de todos los mexicanos.

La disyuntiva es muy clara. Los legisladores tendrán que decidir entre votar a favor de que sea un oligopolio el que tenga el control de la industria eléctrica en México o votar a favor de que sea la Comisión Federal de Electricidad, como empresa pública, la encargada de garantizar el acceso de la gente a la electricidad como un derecho humano, a través de la puesta en práctica de una política cuyo propósito central no sea el del lucro, sino la preocupación por el bienestar de la población.

En otras palabras, los senadores y diputados estarán obligados a elegir entre continuar entregando nuestros recursos naturales y la valiosa e inmensa infraestructura eléctrica de la nación a ese minúsculo grupo de poderosas empresas trasnacionales que actúan solamente en función de sus ganancias, o que México posea, en la CFE, una empresa fuerte y sana que asegure el suministro de energía eléctrica de calidad a precios justos, tanto para el consumo de la gente como de las empresas.


Notas:

[1] Barnet, Richard y Muller, Global Reach. The Power of the Multinational Corporation, Simon and Schuster, Nueva York, 1974.

[2] Antonio Barrero, Cinco empresas controlan el 90% del mercado eléctrico doméstico, Energía Renovables, el periodismo de las Energía Limpias, 25 de junio de 2021.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.






Luis López




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