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Esther Sanginés García*
Miércoles 6 de abril de 2022
El Movimiento Zapatista y la Educación para la Autonomía es un capítulo del libro colectivo Pedagogías Insumisas [1]. En él, Bruno Baronnet nos presenta los retos que enfrentan los actores de la educación indígena en el contexto de la autonomía de los pueblos mayas de Los Altos, las Cañadas de la Selva Lacandona, el norte y sureste de Chiapas, donde los miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y sus aliados han creado lo que llaman “Educación verdadera”.
El texto toca un tema fundamental, la educación escolar, con planes y programas elaborados desde los escritorios de las oficinas centrales no corresponden a las necesidades que se viven en los pueblos campesinos e indígenas, la historia y la geografía que en ellos se estudia no les permiten valorarse, ni enriquecer su memoria; además es discriminatoria hacia las culturas originarias.
Nos explica Baronet cómo en el caso de las comunidades autónomas que forman parte del área de influencia del EZLN, se han organizado de manera horizontal alrededor de 500 escuelas, en ellas se enseña a los niños en sus lenguas originarias. La educación promueve el fortalecimiento de la autonomía política de los pueblos, enseñando a los niños para que aprendan a ejercer sus derechos y las funciones del buen gobierno, de acuerdo con consignas como “mandar obedeciendo”, para ello tuvieron que reemplazar a los “maestros oficiales” por jóvenes de las bases de apoyo que se capacitan sobre la marcha. “Nosotros mismos nos vamos a preparar, nosotros mismos, nadie nos va a venir a enseñar más, sino que nosotros mismos nos vamos a preparar”.
En la escuela autónoma no existen “planes y programas”, lo que hay son principios, valores, normas y prácticas que orientan la acción; los conocimientos se articulan alrededor de las necesidades, los intereses y los contextos de aprendizaje de cada comunidad, con base en los conocimientos de la cultura, del campo, el entorno, el medio ambiente que debe cuidarse; la historia como memoria colectiva, que incluye el despojo de que han sido objeto, las condiciones de vida como peones de las haciendas, las luchas por los derechos agrarios y la represión. Es fundamental que los niños aprendan a defenderse del mundo de vida y la explotación de los blancos. Los ejes generadores de conocimiento son las demandas zapatistas; el aprendizaje situado. “Cada comunidad autónoma se apropia a su manera del proyecto municipal de educación verdadera a partir de sus propias estrategias”.
“De manera colectiva y colegial, los pueblos indígenas zapatistas designan, orientan y pueden refutar tanto al docente como a lo que es (y no es) pertinente instruir y reprobar en las aulas”.
Baronnet pone el dedo en la llaga cuando señala las dificultades para reclutar y mantener a los promotores de educación en todos los pueblos, pues además de los problemas culturales, no hay suficientes jóvenes voluntarios que sepan leer y escribir. Explica los valores más arraigados en las comunidades zapatistas, como el respeto a los ancianos, las tradiciones culturales, la valoración del trabajo individual y colectivo.
“Los saberes legítimos de la comunidad tienden a circular en el aula gracias a la indagación y la enseñanza de conocimientos técnicos, culturales y políticos propios de la identidad campesina, étnica y zapatista de las familias participantes… se recomienda a los promotores de educación alfabetizar con palabras de uso común en el contexto cotidiano… vinculados al trabajo de la casa y el campo, los animales y las plantas, la historia de las luchas campesinas y los derechos políticos y sociales”.
El texto se va adentrando en las prácticas pedagógicas, en las formas comunitarias del autogobierno, en la participación de la comunidad, en la formación de los promotores y plantea muchas inquietudes. ¿Qué tan legítimo es que el estado otorgue plazas a jóvenes que estudian en normales alejadas de las comunidades, su vida cotidiana y sus problemas?
¿Qué sucede cuando la comunidad no retribuye al promotor educativo por su trabajo?
Porque finalmente es el trabajo colectivo el que contribuye al sustento económico de la escuela y los promotores. En el texto se abunda sobre los límites en la participación comunitaria.
“Nadie nos ha dicho cuál es el camino”, ellos han estado haciendo caminos que son fundamentales de los cuales es necesario conocer y aprender.
El movimiento zapatista ha tomado la escuela en sus manos porque los programas escolares oficiales no responden a sus necesidades, a su historia, y menos aún al presente y futuro que están construyendo. El texto es una lectura indispensable para comprender y comprendernos.
Referencia:
[1] Bruno Baronnet, El movimiento Zapatista y la Educación para la Autonomía, en: Medina Melgarejo Patricia, coordinadora, Pedagogías Insumisas. Movimientos político pedagógicos y memorias colectivas de educaciones otras en América Latina. Juan Pablos Editor, México, 2015. Pp.49-71.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece la autora.
Imagen de portada: Escuela Primaria Rebelde Autónoma Zapatista. | Foto: Mr. Theklan vía Flickr.
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