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Agustín Ramírez Agundis
Miércoles 27 de abril de 2022
Llega un punto en el que tenemos que dejar de sacar gente del río. Debemos ir aguas arriba y descubrir por qué están cayendo.
– Desmond Tutu.
Desde finales del 2020, la ida al súper para adquirir los alimentos se ha vuelto complicada. De pronto comenzaron a aparecer unos sellos de forma hexagonal y de color negro en casi todos los empaques de productos alimenticios. Algún sello señala que el producto presenta exceso de sodio (el rompecorazones), otro indica que su contenido de azúcares es muy alto (aguas con la diabetes), uno más alerta de que tiene demasiadas calorías (muy dañino para las personas sedentarias), otro más avisa que es súper abundante en grasas saturadas (cuidado con el colesterol), también hay uno que dice que está repleto de carbohidratos (pa’ la llantita).
La cosa se puso color de hormiga. En los anaqueles de los supermercados es difícil encontrar una caja, un paquete o una botella que no tenga ningún sellito. De hecho, la gran mayoría están marcados con más de uno y no son pocos los que tienen cuatro. La dificultad ahora es doble. Por una parte andar comparando precios y pesos o volúmenes para saber cuál producto es más económico y, por la otra, cuidar la cantidad de sellitos y sus respectivas leyendas.
Desde luego, existe la opción de desentendernos de todo lo que tenga que ver con la salud y hacer caso omiso de los famosos sellitos y sus advertencias. Sin embargo, esto último tampoco es fácil, siempre está allí, a un lado, el ángel de la guarda en el que se convierte nuestra conciencia recordándonos que la salud es un aspecto muy importante en nuestra vida.
Pero, ¿cuál es la razón por la cual los alimentos industrializados poseen todos esos ingredientes que hacen daño a nuestro organismo? Bueno, pues razones, así como tales, no las hay. Más bien son sinrazones. Lo que existen son técnicas y procesos de industrialización encaminados a modificar las propiedades físicas y químicas de los alimentos para que se conserven sin descomponerse durante un tiempo prolongado, años inclusive; también para que tengan un colorido que atraiga y convenza a los clientes; asimismo, para que tengan un sabor y aroma más agradables que los de la competencia; incluso para generar adicción en quienes los ingieran; y, en muchos casos, para provocar voracidad en su consumo, entre otros propósitos.
En fin, es obvio, el afán de los empresarios de la industria alimenticia está enfocado en adquirir el control del mercado y en maximizar sus ganancias, sin importar que eso lo logren a costa de la salud de la gente. Hipócritas que son, a través de los medios de comunicación que están a su servicio, principalmente el radio y la televisión, engañan a la población adjudicándole a sus productos propiedades nutritivas que en realidad no tienen, al mismo tiempo que ocultan la presencia de componentes sumamente perjudiciales para la salud.
Los resultados están a la vista. En México el 70% de la población vive con sobrepeso, como país ocupamos el segundo lugar en obesidad adulta a nivel mundial y el primer lugar en obesidad infantil. En el primer semestre del 2021, las tres principales causas de muerte en México fueron: Covid19, 145 mil 159 fallecimientos; enfermedades del corazón, 113 mil 899; y diabetes mellitus, 74 mil 418. Antes de la pandemia, en el año 2019, se presentaron 156 mil 41 fallecimientos ocasionados por enfermedades del corazón, 104 mil 354 por diabetes mellitus y 88 mil 680 por tumores malignos.
Algo debemos hacer, ¿o no? Claro, pero, ¿qué alternativas tenemos a la hora de ir al súper? Pues, más bien, la primera elección debemos hacerla antes de pensar en ir al súper. ¿Ir o no ir a ese tipo de establecimientos? ¿Por qué comprar necesariamente en un supermercado?
La respuesta a esta segunda pregunta es inmediata. Antes que nada, porque poco a poco se nos fue metiendo en la cabeza y en nuestro estilo de vida que ésa es la forma más cómoda y sencilla de hacer las compras. Todo en un solo lugar, siguiendo un recorrido bien planeado para que compremos lo que pensábamos adquirir y también muchas cosas que no teníamos en mente, para finalmente hacer fila frente a las cajas, pagar y salir, llevando todas las mercancías en el carrito hasta el auto, el taxi o la parada del urbano, que siempre están por allí, cerca.
En verdad, el modo de vida actual implica para mucha gente tener escaso tiempo disponible para realizar sus diversas actividades a lo largo del día. En México, de acuerdo con cifras publicadas por el INEGI en 2019, casi el 45% de las mujeres mayores de 15 años están ocupadas en el mercado laboral, es decir, además del trabajo doméstico realizan actividades remuneradas, ya sea en el sector formal o en informal. Además, en México la duración de la jornada de trabajo es sumamente prolongada; según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del 2019, 5 millones 200 mil trabajadores laboran entre 9.8 y 11.2 horas diarias y para 5 millones 100 mil la jornada supera las 11.2 horas.
En la actualidad, además, las distancias para el traslado a los sitios a los que se requiere acudir son cada vez mayores, por lo tanto, es considerable el tiempo que es necesario dedicar para el tránsito de la casa al trabajo, a la escuela, al mercado, a las oficinas públicas, etcétera.
En el caso de los alimentos, no se trata sólo de ir y comprarlos. También es necesario dedicar tiempo y trabajo para prepararlos. Por lo tanto, las empresas alimenticias han encontrado un gran mercado para la comida industrializada, que requiere muy poca preparación, prácticamente del paquete, la lata o el frasco a la mesa: jugos, frutas, refrescos, mermeladas, miel, chocolate, leche, crema, queso, yogurt, frijoles, salsas, sopas, cereales, galletas, embutidos, sardinas, atún, carnes, mayonesa, mostaza, aderezos, vinagre, vegetales, purés y casi todo lo que se nos pueda ocurrir.
En resumen, el contar con comercios en los que se pueda adquirir todo lo necesario para el hogar es algo muy tentador y más si se trata de alimentos que requieran poco tiempo para prepararlos. Desafortunadamente, la mayoría de las mercancías que se encuentran allí son todas ésas que están marcadas con los sellitos de que se hablaba atrás, mismos que indican que son dañinos para nuestra salud.
Digamos que le hacemos caso a nuestro ángel de la guarda y decidimos que es mejor no comprar en el supermercado y, mucho menos, productos industrializados casi en su totalidad. Entonces, contamos como alternativas con los mercados públicos, los tianguis que se turnan para instalarse cada día en alguna colonia de la ciudad, los vehículos que circulan por la zona urbana o por las comunidades ofreciendo su mercancía o, de plano, el mercado de abastos, que en el caso de Celaya se convierte cada domingo prácticamente en un extenso y bien surtido tianguis para la compra al menudeo de frutas y legumbres frescas y a muy buen precio, además de semillas, cereales, chiles secos, chicharrón, pollo y carnes rojas. También todo en un solo lugar, alimentos más baratos y de mejor calidad, con la ventaja también de una buena asoleada y una sana caminata.
Para la preparación, es necesario darse sus mañas. Las señoras y, cada vez en mayor medida, los señores bien que se las ingenian. Por ejemplo, cocinar para varios días, dándole buen uso al refrigerador. Poco a poco dotar a la cocina de los aparatos que faciliten el trabajo: la licuadora, la batidora, el exprimidor, el horno, los peladores, los trituradores, los rebanadores y picadores, por mencionar sólo algunos. No es difícil y sí muy gratificante convertir a esa zona de la casa también en un lugar de convivencia y trabajo en equipo. Menos sala y más cocina; menos televisión y más Youtube para conocer y llevar a la práctica recetas muy variadas, también para compartirlas, ¿por qué no?
Es tiempo de ponerle el freno al consumo de productos industrializados. Es hora de afrontar las limitaciones en la disponibilidad del tiempo a nuestra manera y no a la que nos han impuesto modelos traídos de otras latitudes. Es el momento de apoyar con nuestro ejemplo la educación que en las escuelas se les brinda a nuestros hijos para una alimentación saludable. Es imprescindible tomar conciencia de la importancia que tiene nuestra salud, para nosotros mismos, para los que nos rodean y para toda la sociedad.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Foto de portada: Wikimedia Commons.
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