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No todo está perdido

Agustín Galo Samario / Diálogo Estado / No Todo Está Perdido / 15/10/2014

No será sencillo

 

Agustín Galo Samario

La homilía que ofreció este domingo el papa Francisco en el Vaticano fue un anuncio de lo que se espera que sean las dos semanas de discusiones en el sínodo de la familia, inaugurado precisamente ese día. En principio, pidió a los obispos abrirse a las sorpresas de dios y no cerrarse ante los signos de los tiempos. Luego, que “la tentación de la codicia siempre está presente. La codicia del dinero y del poder. Y para satisfacer esta codicia, los malos pastores cargan sobre los hombros de las personas fardos insoportables, que ellos mismos ni siquiera tocan con un dedo (…) El sueño de Dios siempre se enfrenta con la hipocresía de algunos servidores suyos”.

En esas palabras puede advertirse un discurso dirigido a dos sectores de la jerarquía católica: el que está con él, pero que tendrá que hacer esfuerzos extraordinarios para modernizar a su Iglesia; y el que está contra él, es decir, ese enorme grupo de ultraconservadores que cada vez muestran más rechazo a los designios del pontífice, porque lo único que les interesa es el poder y bien poco o nada la vida de las mujeres y los hombres.

Pero como de lo que se trata es de hacer política, y de la más cruda, los guardianes de la ortodoxia católica la han emprendido contra el papa. “No me importa si algunos no están de acuerdo con mi opinión. Yo digo lo que quiero y, sobre todo, lo que debo decir como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe: la Iglesia no puede reconocer a las parejas homosexuales”, afirmó el cardenal alemán Gerhard Mueller.

Porque de eso trata el sínodo de la familia, de revisar las enseñanzas de la Iglesia católica respecto al divorcio, el control de la natalidad, el sexo antes del matrimonio y la aceptación de la homosexualidad. Temas ante los que cada vez más católicos y católicas actúan de acuerdo a las particulares circunstancias que les ha tocado vivir, pero que generalmente chocan con la intolerancia inaudita de muchos obispos y arzobispos.

Esos son los fardos que, como si fueran pecados que los condenará al infierno, quieren algunos jerarcas católicos que carguen las personas por los siglos y los siglos. ¿Coincidirán con ellos los obispos y arzobispos mexicanos? ¿Los guanajuatenses? O tal vez se sumen a una discusión que podría modernizar a la Iglesia católica, hacerla más cristiana, piadosa y humana, más sensible y solidaria con las personas. Que a final de cuentas, es lo que por fortuna parece proponer el papa Francisco.






Luis López




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