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Ucrania: La ideología de los banderistas

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SOMOSMASS99

 

Thierry Meyssan / Voltairnet

Lunes 4 de julio de 2022

 



Stepan Bandera fue agente de la Gestapo y sólo dejó el recuerdo –que algunos creen ‎positivo– de las masacres que organizó. Pero Dimitro Dontsov fue y sigue siendo la ‎referencia intelectual de los banderistas. Fue Dontsov quien inventó el racialismo ‎ucraniano y planeó cómo fanatizar a sus adeptos para usarlos como arma



 

En la mitología escandinava las Valkirias son servidoras del dios Odín y cabalgan sobre lobos. Pero ‎los germanos las representan a caballo. La “Cabalgata de las valquirias”, de Richard Wagner, ‎anuncia a la vez la muerte de los héroes y su destino glorioso en la futura batalla del fin de ‎los tiempos.‎

En artículos anteriores abordé la historia del movimiento banderista, desde el corto ‎intermedio de paz entre las dos guerras mundiales hasta el día de hoy. Pero hoy quiero referirme a su ideología. ‎

El intelectual de referencia de los banderistas fue, y aún hoy sigue siéndolo, Dimitro Dontsov ‎‎(1883–1973). Dontsov murió en Canadá, fue enterrado en Estados Unidos y sus obras nunca han ‎sido traducidas, pero sus discípulos se han encargado de darlas a conocer. Como sus libros ‎no están en las librerías, el nombre de Dimitro Dontsov es ignorado fuera de su país. ‎Sin embargo, después de un largo periodo de ausencia, Dontsov ha sido uno de los autores más ‎vendidos en Ucrania. ‎

Nutriéndose, igual que los nazis, de su interpretación de Nietzsche, Dimitro Dontsov apelaba al ‎surgimiento de un «hombre nuevo» dotado de «una fe ardiente y un corazón de piedra», ‎que no vacilaría en acabar sin piedad con los enemigos de Ucrania. Pensador del «nacionalismo ‎ucraniano integral», Dontsov construyó una filosofía donde todo lo que es “nacionalista” está ‎dirigido contra Rusia y contra los judíos. ‎

Dimitro Dontsov pretendía crear un pueblo de élite, lejos del «igualitarismo de los esclavos», ‎proclamado según él por la Revolución de Octubre y también lejos de los «ideales universales» ‎de la Revolución Francesa. ‎

Este personaje afirmaba que el imaginario de los verdaderos ucranianos tiene que «alimentarse ‎de la leyenda de la última batalla», de la «negación de lo que es» y de «la imagen fascinante de ‎la catástrofe que traerá lo nuevo». A eso agregaba que los verdaderos ucranianos tienen que ‎estar al servicio del «orden categórico» con una «obediencia imprudente». ‎

Según Dimitro Dontsov, el «nacionalismo ucraniano» se distingue por
«la afirmación de la voluntad de vivir, de poderío, de expansión» (Dontsov promueve ‎‎«El derecho de las razas fuertes a organizar los pueblos y las naciones para fortalecer la cultura y ‎la civilización existentes»);
«el deseo de combatir y la conciencia de su extremismo» (Dontsov elogia la «violencia ‎creadora de la minoría con iniciativa»). ‎

También según Dimitro Dontsov las “cualidades” del «nacionalista ucraniano» son:‎
«el fanatismo» y
«la inmoralidad». ‎

Según Dontsov, el fanatismo está en la práctica de su doctrina como una religión. Estima que eso es ‎lo que hace invencibles a los guerreros. Por consiguiente, Dimitro Dontsov considera perfectamente lógico que ‎después de la Segunda Guerra Mundial, Stepan Bandera y Yaroslav Stetsko aceptaran trabajar ‎en Munich con la Hermandad Musulmana o que los banderistas contemporáneos formaran un ‎Frente Antirruso con los yihadistas chechenos. ‎

Al principio de su obra, Dimitro Dontsov no se inspiraba en el fascismo italiano ni en el ‎nacionalsocialismo alemán. Pero ya entonces se ve marcado por los mismos razonamientos que ‎los ustachis croatas, la Guardia de Hierro rumana, la Glinka eslovaca y el Oboz Narodowo-‎Radykalny polaco.‎

Al entrar en contacto con los nazis, Dimitro Dontsov comienza a hablar de una geografía y de una ‎historia míticas. Afirma entonces que los «verdaderos ucranianos» son de origen escandinavo o ‎protogermánico y que son descendientes de los varegos (también llamados varangios o varengos), ‎una tribu vikinga de Suecia, y que sus antecesores habían fundado la ciudad de Novgorod, en ‎Rusia, sometiendo a los eslavos rusos.

En esa mitología, los «nacionalistas ucranianos» son el Bien mientras que los «moscovitas» ‎son el Mal. Es por eso que Irina Fanion, diputada del partido ucraniano de extrema derecha ‎Svoboda (Libertad), declaraba, mucho antes de la intervención militar rusa: «Hemos venido ‎al mundo para destruir Moscú».

 

  En 2015, el entonces presidente ucraniano Petro Porochenko y su primer ministro Arseni ‎Yatseniuk hicieron un conjunto de leyes que ilegalizaban los símbolos comunistas y nazis y ‎a la vez rehabilitaban los símbolos de los banderistas [a pesar de que los banderistas habían ‎colaborado con los nazis durante la ocupación hitleriana. Nota de la Redacción.]. Por supuesto, ‎como Ucrania había sido soviética hasta 1991, allí no había monumentos nazis que eliminar y aquello ‎se tradujo en la destrucción de monumentos de homenaje al Ejército Rojo [en cuyas filas habían ‎luchado numerosísimos ucranianos. NdlR.], monumentos que fueron sustituidos por monumentos que glorifican ‎a Stepan Bandera –el ucraniano colaborador de los nazis que participó en el asesinato de ‎‎1,6 millones de sus compatriotas– y a su “gurú”, Dimitro Dontsov.‎

En aquel momento, el Consejo de Europa [no confundir con el Consejo Europeo, órgano de la ‎Unión Europea. NdlR.] criticó aquellas leyes de «descomunización», que estigmatizan regímenes ‎en general sin mencionar los actos que condenan. ‎

Fue a partir de aquellas leyes que el grito de guerra de los banderistas, «¡Gloria a Ucrania!» fue ‎incorporado al discurso oficial. Por supuesto, yo no tengo nada contra ese eslogan… como ‎tampoco condeno el «¡Allah u Akbar» de los musulmanes, a pesar de haberlo oído en boca de ‎los yihadistas que querían degollarme y aunque no puedo evitar pensar en los objetivos de ‎los yihadistas que lanzan ese grito.

En definitiva, es lógico que la Ucrania actual se haya dotado de un dispositivo jurídico que ‎legaliza una forma de discriminación racial. El 21 de julio de 2021, el actual presidente ucraniano ‎Volodimir Zelenski firmó una ley, fruto de su propia iniciativa, sobre los «pueblos autóctonos ‎de Ucrania». Esa ley estipula que los tártaros y los judíos caraítas tienen «derecho a gozar ‎plenamente de todos los derechos humanos y de todas las Libertades Fundamentales». ‎

Ese texto parece muy generoso pero no lo es porque se interpreta “por defecto” y viene a ‎completar los textos que reconocen los derechos de los ucranianos de origen escandinavo o ‎protogermánico. En realidad, los tribunales usan ese texto para negar los derechos de ‎los ucranianos que no son mencionados en la definición general ni como una de las minorías ‎beneficiadas (los tártaros y los judíos caraítas). Dicho claramente, ese texto ‎no reconoce los derechos de los ucranianos que se consideran eslavos o de origen eslavo. ‎Por consiguiente, los ucranianos eslavos o de origen eslavo no pueden invocar ante ‎los tribunales su «derecho a gozar plenamente de todos los derechos y de todas las Libertades ‎Fundamentales».


El 20 de marzo de 2022, el presidente ucraniano Volodimir Zelenski declaró en un video ‎divulgado en su cuenta de Telegram:‎

«Cualquier actividad de parte de políticos que participan en dividir la sociedad o colaboran ‎con el enemigo fracasará y recibirá una respuesta severa.»‎


Y, de inmediato, Zelenski prohibió 11 partidos políticos (la Plataforma de Oposición-Por la vida, el ‎Partido Charij, el Partido Nachi, el Bloque de Oposición, la Oposición de Izquierda, la Unión de las ‎Fuerzas de Izquierda, Derjava, el Partido Socialista Progresista de Ucrania, el Partido Socialista de ‎Ucrania, el partido “Socialistas” y el Bloque de Volodimir Saldo). La mayoría de esas formaciones ‎no estaban representadas en el parlamento unicameral ucraniano pero la Plataforma de ‎Oposición-Por la Vida era el segundo partido político más importante del país –recibió un 13% de ‎los votos emitidos en la última elección legislativa y había obtenido 43 de los 450 escaños.

El mismo 20 de marzo, el presidente Zelenski firmó también 2 decretos que prohíben por 5 años ‎‎3 canales de oposición ya «suspendidos» desde hace meses… y puso todos los canales que ‎quedan bajo el control directo del Consejo de Seguridad y Defensa. ‎

Así que ya no hay libertad de expresión para los políticos ni para los periodistas. La democracia ‎ucraniana está muerta, pero no murió asesinada por la intervención militar rusa sino por voluntad ‎del gobierno ucraniano.

El 5 de mayo se creó en Ucrania un «Consejo para el Desarrollo de las Bibliotecas», que está ‎llamado a pronunciarse específicamente sobre los numerosísimos libros rusos que pueden verse ‎en los estantes. El ministro de Cultura y Política de la Información –el periodista Oleksandr ‎Kachenko, declaró que esos libros deben convertirse en materia prima para imprimir libros ‎ucranianos en papel reciclado. ‎

Las quemas de libros son un síntoma clásico de las dictaduras. En Ucrania, los libros rusos ‎no serán quemados en público sino convertidos en papel reciclado. Es menos notorio y hasta ‎más ecológico.

En cuanto a la manera de hacer la guerra, el ejército ucraniano muestra una particularidad ‎especialmente llamativa. El ejército ucraniano no recoge los cuerpos de sus soldados muertos ‎en combate. Los demás ejércitos del mundo no vacilan en correr cualquier riesgo para recoger ‎sus muertos porque les parece indispensable garantizarles una sepultura digna. No hacerlo ‎tendría consecuencias desastrosas sobre la moral combativa de sus compañeros de armas. ‎Entonces, ¿por qué el ejército ucraniano actúa de otra manera? ‎

Según el pensamiento de Dimitro Dontsov, no recoger sus muertos es una manera de preparar el ‎‎«combate final» entre el Bien y el Mal. Según la mitología escandinava, cuando los varegos ‎libraban un combate, las valkirias descendían al campo de batalla cabalgando sobre lobos, decidían ‎cuáles de los valientes iban a morir y se llevaban sus almas al Valhala para conformar con ellos ‎el futuro ejército de «la última batalla». O sea, los caídos en combate no eran víctimas ‎casuales sino héroes elegidos para un destino glorioso.


Según el informe del Instituto de Estudios sobre Europa, Rusia y Eurasia ‎‎(IERES) de la universidad estadounidense George Washington (correspondiente a 2021), la ‎orden secreta Centuria ya ha infiltrado los ejércitos en países como Alemania, Canadá, Francia, ‎Polonia, Reino Unido y Estados Unidos. | Ver video: https://www.voltairenet.org/IMG/mp4/centuria-12.mp4


Esta ideología sagrada nos remite a la «plegaria de los nacionalistas ucranianos», redactada por ‎Josef Mashchak en 1922. Ese texto se enseña y se recita en los campamentos juveniles de ‎los banderistas. Y es parte fundamental de las ceremonias de la orden secreta Centuria, que ‎los banderistas han logrado introducir en los ejércitos de los países miembros de la OTAN. ‎

La guerra de los «nacionalistas ucranianos» contra los eslavos está sólo en sus inicios. ‎


Imagen de portada: Dimitro Dontsov, fue el pensador del “nacionalismo integral ucraniano”. Sus escritos son lectura obligatoria para todos los soldados nacionalistas ucranianos, principalmente para los miembros del regimiento Azov. ‎| Foto: Voltairnet.






Luis López




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