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Ambición y cinismo imperial

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SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 22 de julio de 2022

 

A muy pocos extraña que el gobierno de Estados Unidos se inmiscuya en asuntos internos de otros países y realice o apoye acciones ─incluso armadas─ para cambiar gobiernos que le desagradan, en franca violación a la soberanía de esos países y a las leyes y tratados internacionales. 

Tal actitud, que se ha convertido en parte integral de la política de los gobiernos estadounidenses, obedece a la arrogancia imperial y al hecho de que la oligarquía y los sectores más retrógrados de ese país se sienten, imbuidos por la doctrina del Destino Manifiesto, señalados por su dios para ser los conductores de la humanidad y los dueños del mundo; por cierto, precepto utilizado para apoderarse de más de la mitad del territorio mexicano, en el siglo antepasado.

Por lo anterior, tampoco extrañan mucho las declaraciones de John Bolton, ex asesor de seguridad nacional de Donald Trump, y embajador ante la Organizaciones de Naciones Unidas en el gobierno de George W. Bush, acerca de la participación ─de su país, y personal─ en la preparación y ejecución de golpes de Estado en otros países, como «una manera necesaria para avanzar el interés estadounidense».

Lo que llama la atención de las recientes declaraciones de Bolton es su extremo cinismo, que muestra el desprecio de los sectores de la extrema derecha norteamericana por los demás pueblos, a quienes considera inferiores e incapaces de conducirse por sí mismos, así como para administrar sus bienes y sus riquezas naturales.

Y son, precisamente, los bienes y riquezas naturales de los demás países, que algunas son consideradas asuntos de la seguridad nacional norteamericana, la razón de la política imperialista de Estados Unidos y sus aliados-subordinados. Por ello habría que esclarecer en cuántos de los 943 golpes de Estado ─fallidos y consumados─ ocurridos en el mundo entre 1945 y 2019 hubo injerencia de Estados Unidos.

A esa ambición imperial se debe la existencia de centenares de bases militares norteamericanas alrededor del mundo; lo refuerza el hecho de que desde la declaración de independencia de Estados Unidos (1776), los años en que no ha estado involucrado en alguna guerra solamente suman 17.

El perenne espíritu belicista y tal despliegue militar muestran que los «valores» de esa sociedad, el american way of life, solamente pueden sostenerse, para su clase dominante, mediante la violencia, la explotación, el despojo, la opresión y sojuzgamiento de otros pueblos, además del suyo, como la historia de ese país ─y del sistema capitalista─ lo demuestra. 

Esa actitud supremacista, belicista y soberbia del imperio y sus aliados-subordinados es generadora de fuertes contradicciones y agudiza las existentes, lo que influye en el agravamiento de la crisis en que está inmerso el sistema, cosa que en la actualidad, con la guerra en Europa, se percibe claramente.

El hecho de estar, prácticamente, en un estado de guerra permanente pone de manifiesto que para el capitalismo, en especial para el imperialismo, la paz es un serio obstáculo para poder mantener y reproducir las condiciones que dan sustento a su hegemonía.

Para crear y mantener esa atmósfera de guerra, son necesarios personaje de la ralea de John Bolton, Victoria Nuland y muchos otros que forman parte del cuerpo diplomático y del gobierno; miembros de la derecha más reaccionaria que se mueve en los círculos del poder político en Estados Unidos. Son piezas de la maquinaria imperial que mediante la mentira, el chantaje, el poder corruptor del imperio planean y dirigen el trabajo sucio para que sus lacayos lo ejecuten; y cínicamente, sin rubor alguno, se ufanan de ello.

No obstante, cada vez es mayor la resistencia de los pueblos y menos la gente que se traga las mentiras de los imperialistas, al tiempo que crece la conciencia de que un mundo mejor no solamente es posible sino necesario.


* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Imagen de interiores: John Bolton. | Foto: Wikimedia Commons.

Ilustración de portada: Los Ojos de Hipatia.






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