SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 19 de agosto de 2022
Aun cuando en nuestro país el neoliberalismo fue derrotado en las urnas el 1 de julio de 2018, ello para nada significa su salida de la escena económica y política, mucho menos su desaparición.
No obstante la derrota, su presencia e influencia se advierten en prácticamente todas las esferas de la vida debido a que con las modificaciones a la Constitución, impuestas en las seis administraciones federales anteriores, crearon un nuevo Estado de derecho que valida y legitima los despojos a la nación, pueblos originarios, trabajadores, campesinos y a la población en general; además, protege los intereses del gran capital. Como parte de ese nuevo Estado de derecho se instituyeron una serie de «organismos autónomos» que refuerzan la defensa de los intereses de ese capital.
Complementando esa defensa están los elementos corruptos incrustados en el aparato judicial y en puestos clave de la administración pública, la mayoría de los miembros de la oposición legislativa, las cúpulas de los partidos políticos que contribuyeron a realizar esos despojos, los grandes medios de comunicación, la alta burguesía y grupos de desclasados cooptados ideológicamente o por un torta y un refresco.
Con todo y la abrumadora derrota que sufrieron los neoliberales en julio de 2018 y aun cuando existe una gran diferencia del actual gobierno con los seis anteriores, ello no garantiza que ese fenómeno se repita en la elección federal de 2024. No importa lo desacreditados que estén, tienen el respaldo del gran capital, local y extranjero, y la inmensa mayoría de los medios masivos de comunicación.
Habrá que tener presente el retroceso que representó el resultado de la elección del año pasado en la que la que Morena y sus aliados no alcanzaron la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, lo que impide que en la segunda mitad del periodo presidencial se realicen reformas constitucionales que en parte reviertan el daño causado por los neoliberales; a ello habría que agregar los obstáculos heredados de las administraciones anteriores.
Ese retroceso se debió, en parte, al control ideológico que sobre un sector considerable de la población ejercen quienes detentan el poder económico, aunado a la desatención y bajísima difusión que se da a la lucha de las ideas, situación esta última que se presenta al interior de Morena y deriva en pugnas en las que se advierten claramente posiciones oportunistas y sectarias.
Si bien con la actual administración federal en el país se han dado cambios importantes, estos son insuficientes para lograr una transformación real. Tal insuficiencia obedece no solamente al breve tiempo de que se ha dispuesto para llevar a cabo los que México requiere; también, es necesario decirlo, se debe a la escasa participación de quienes deben impulsarlos en aras de alcanzar una vida digna.
Tan baja participación popular es producto de al menos un siglo de trabajo ideológico de las fuerzas de la derecha, sobre todo después de la etapa cardenista, trabajo que después de la Segunda Guerra Mundial se nutrió del más acendrado anticomunismo, y tras la caída del socialismo soviético y del de Europa oriental nos hicieron creer en el fin de la historia y nos vendieron las premisas de la «modernidad» y la «globalización» como condición para entrar al «primer mundo»,
Durante muchísimo tiempo, desde la invasión española en el siglo XVI, como una forma de dominio el sistema nos ha impuesto la idea de que eternamente han existido débiles y poderosos, amos y esclavos, ricos y pobres, dueños y desposeídos, y así continuará el curso de la vida; no siempre con las mismas palabras, pero con la misma intención.
A esa visión del mundo y la realidad, ahora edulcorada y adornada con trampas, mentiras y engaños con los que la clase dominante nos ofrece casi el paraíso, debemos oponerle una visión propia, con fundamentos objetivos, que explique las causas reales de los problemas de la sociedad, conduzca a su solución y cree las bases de una organización social que en su proceso de desarrollo sea cada vez menos injusta.
Una transformación como la que pretende la 4T es imposible sin la participación decidida del pueblo. Se requiere, también, impulsar y llevar la lucha al campo de las ideas, para sacudirnos las trabas que el sistema nos ha impuesto y organizarnos en torno a un proyecto de nación que promueva y lleve a cabo los cambios necesarios para que los mexicanos tengamos una vida digna y construyamos una patria unida, libre, soberana.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Senado de la República.
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