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Para Ver, Oír y Comer / Tarik Torres Mójica / Top News / 28/10/2014

Lectura y literatura: bondades y asunción de retos

 

Tarik Torres Mojica

 

En México el tema sobre los porqués y los cómos del fomento a la lectura ha sido objeto de discusiones en años recientes. La actividad de la lectura, sin duda, es un tema relevante, no sólo porque en México se ha realizado un importante avance en el tema de la alfabetización, sino porque leer es parte de las competencias básicas de cualquier persona en los tiempos que vivimos: de las capacidades lectoras depende el desarrollo económico del país, pero también de buenas prácticas lectoras depende nuestro desarrollo democrático y político.

Las cifras que presenta la “Encuesta Nacional de Lectura 2012”, que realizó la Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura AC (http://caniem.org/Archivos//funlectura/EncuestaNacionaldeLectura2012/EncuestaNacionaldeLectura2012.html), distan mucho de ser alentadoras. Por ejemplo,  el promedio de libros leídos en México es de no más de 3 libros al año; 56% de las personas encuestadas afirmaron tener entre uno y diez libros; 21.5%, tiene entre 11 y 20, y 27% tienen más de cien libros que no son escolares. Además, el estudio señala que en nuestro país la práctica de la lectura disminuye conforme la población envejece; esto es, que quienes más leen son los jóvenes que están en etapa escolar, es decir, los que tienen entre 12 y 17 años; de ahí se pueden observar cifras a la baja entre la población de mayor edad.

¿Por qué no se lee en México? Podría decirse que la culpa la tiene la escuela, el Estado o la misma población mexicana que, no obstante que cuenta con un porcentaje mayor del 90% de personas alfabetizadas, no ha aprendido a apreciar la importancia y el valor que tiene saber leer y escribir. También se le podría culpar a la falta de tiempo, a nuestro agitado estándar de vida, a lo caro de los libros, o a las malas estrategias que han seguido las empresas editoriales que han optado por la bestsellerización más que a la difusión y fomento de buenas lecturas. Y también podrían tener la culpa los mass media que parecen estar empeñados en mostrar nuestro mundo en un constante espectáculo cada vez más atronador, estridente y grotesco… La lista de responsabilidades podría seguir y sería muy larga; no obstante, creo que vale la pena detenerse un momento a pensar por qué vale la pena fomentar el hábito de la lectura.

Para empezar, cuando hablo de fomentar el hábito de la lectura no me refiero a saber decodificar mensajes plasmados en letreros, espectaculares o acceder a información de carácter pragmática como la contenida en manuales o instructivos. Me refiero a los hábitos de lectura, digamos, literaria: aquella que por mucho tiempo ha sido vista únicamente como un instrumento de diversión y esparcimiento, pero que, sin duda es, sobre todo, una forma de expresión artística.

¿Qué hay en la literatura, como arte, más allá de diversión y esparcimiento? Existe un mundo de significados en el que los lectores aprendemos a ser creativos, a dialogar con un mundo de valores que está encerrado en el texto y, entre otras cosas más, si una lectura se realizó a conciencia, ello nos conduce a actuar de manera diferente. En resumen: leer nos transforma y al hacerlo, también nos lleva a modificar  nuestro entorno.

Contrario a lo que puede pensarse, la lectura es una actividad creativa debido a que lo que está plasmado en forma de frases y palabras escritas, a cada lector le remite al universo de sus experiencias y conocimientos adquiridos a lo largo de su vida. En efecto, el texto sólo puede cobrar vida por medio de la intervención del lector, eso sí, yendo de la mano de las rutas establecidas por el texto en sí mismo. De esta manera, cada uno de nosotros le da forma y vida a mundos y personajes que están encerrados en el escrito; no importa que más adelante alguien nos haga el favor de hacer adaptaciones de las historias y personajes, al final, esas representaciones son únicamente la materialización de lo que los ilustradores imaginaron, es decir, una manera posible, más no única ni acabada de lo que está contenida en el escrito. Haga la prueba y se dará cuenta de lo que le digo: lea las primeras líneas de una novela como Cien años de soledad, y podrá darse cuenta que en su imaginación, no importa cuantas veces pase por esas líneas, siempre habrá un escenario nuevo, fresco y diferente.

Los textos literarios nos confrontan. Este es un principio por el que la literatura ha sido apreciada en diferentes momentos de la historia, y por el que, da la casualidad, ha llevado a sociedades, sobre todo las autoritarias, a prohibir la libre circulación de contenidos. Como se ha dicho, leer es una actividad creativa en la que cada lector tiene que poner en juego su mundo de conocimientos y experiencias. Y es por ello que también en la actividad de la lectura dialogamos con el conjunto de valores que propone el escrito. Si ha tenido oportunidad de leer los cuentos de Horacio Quiroga, del Marqués de Sade o de Edgar Allan Poe, seguramente se habrá dado cuenta de que en muchas de esas ficciones hay un sinfín de horrores y retratos de personajes y situaciones con las que francamente no podríamos estar de acuerdo. Ese disentir, o el placer que pudiera provocar la aproximación a otro tipo de obras que nos parecen más edificantes por parecer más cercanas a nuestras escalas de valores, son invitaciones a revisar nuestra forma de percibir la realidad, nuestro actuar en el mundo y con los demás.

Como puede darse cuenta, imaginar, ser creativos en la lectura es una manera de participar en la formación de lo que encierran los textos literarios; esa toma de responsabilidad también nos confronta, nos cuestiona y se vuelve en un momento por el que estamos obligados a revisar lo que somos y la vida que llevamos. Y entonces, como he dicho, nuestra vida no vuelve a ser la misma.

Aquí es donde quisiera regresar a por qué es importante que los mexicanos leamos: no es para que seamos más inteligentes, ni para que tengamos mejores e interesantes conversaciones que nos hagan parecer gente ilustrada y atractiva; nada de eso. El hábito de la lectura tendría que estar ahí para ayudarnos a comprender mejor el mundo en el que vivimos, las relaciones que implica esta existencia hipervinculada, global, cada vez más compleja y llena de retos. También tendría que estar ahí para ayudarnos a ser creativos y encontrar más y mejores respuestas que nos conduzcan a ser ciudadanos responsables, competentes tanto en su vida personal como en el mundo productivo, que son capaces de dar una razón del porqué de sí mismos y de sus decisiones, ¿no le parece?






Luis López




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