SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 14 de abril de 2023
A Antonio Del Conde Pontones (El Cuate), in memoriam.
No cabe duda de que en no pocos habitantes de Estados Unidos de América las doctrinas Monroe (1823) y del Destino Manifiesto (1845) mantienen vigencia y que en pleno siglo XXI le otorgan a ese país ─más bien, a su clase dominante─ el derecho de inmiscuirse en asuntos internos de otros países y violar su soberanía.
Ambas doctrinas, producto de los sueños y ansias imperiales que en sus primeros momentos se manifestaron como una expansión territorial a costa de pueblos originarios y de su vecino del sur, México, actualmente es una obsesión por dirigir el destino del planeta entero.
Con actitudes netamente racistas que se corresponden con la creencia de que son los «elegidos», se entrometen casi en todos lados y en nombre de la libertad, los derechos humanos y la democracia, violan soberanías, además de aquello que dicen defender. Despojan a otros de sus recursos para mantener un modo de vida que se sustenta, precisamente, en el despojo y la explotación. Además, se erigen en jueces y sancionan a quienes se desvían de los patrones que como potencia hegemónica ─en decadencia─ quieren imponer; mostrándose más agresivos con países económica y militarmente débiles.
En este contexto se dan las reclamaciones, acusaciones y amenazas a México, en relación al grave problema social y de salud pública que padecen en Estados Unidos: la drogadicción. Intentan trasladar las causas fundamentales, la enorme demanda y el desmedido consumo en su propio país, a los productores y traficantes fuera de sus fronteras.
Además, dado que el próximo año ese país realizará una elección presidencial, algunos personajes de la política norteamericana con aspiraciones a ocupar elevados cargos en el gobierno utilizan el problema de la drogadicción y las amenazas a México para hacerse propaganda.
Descontextualizando el momento en que se dan esas reclamaciones y amenazas, pareciera una serie de bravatas con la finalidad de alcanzar cierta presencia electoral por parte de esos personajes, sin embargo tal consideración constituiría un grave error.
En su decadencia, y en un intento por conservar parte de su hegemonía, además de su expansionismo militar el imperialismo norteamericano busca asegurar recursos y territorios donde obtenerlos mediante el control y subordinación de lo que considera su patio trasero: Latinoamérica y el Caribe. Evidencias de ello hay suficientes: las declaraciones de la jefatura del Comando Sur acerca de los recursos naturales sobre los que creen tener derechos de propiedad; los golpes de Estado en Bolivia y Perú; los golpes «blandos» en Brasil y Paraguay; la agresividad hacia Cuba, Venezuela y Nicaragua; las «cumbres por la democracia» organizadas por Washington y el rol que desempeña la OEA en favor de los intereses de Estados Unidos, entre otras, dejan ver el verdadero rostro y las intenciones del imperio.
Pensar que los imperialistas norteamericanos pretenden tomar el control de los recursos naturales de Nuestra América ─el Caribe incluido─ no es caer en conspiracionismo. Un hecho revelador es que Washington considere como amenazas a países que le disputen ─y en algunos aspectos lo superen─ la supremacía en los terrenos económico, científico, tecnológico y militar, como son China y Rusia, y que los vínculos de cualquier tipo entre ellos y nuestros países sean calificados como influencias «malignas» que pretenden desestabilizar a las «democracias liberales» que tanto apoyan y defienden los yanquis.
Nuestros países, subdesarrollados y militarmente débiles, no necesariamente tienen que vivir bajo la tutela y el control del poderoso Norte revuelto y brutal que nos desprecia. Tenemos una tradición histórica y cultural cuya riqueza es en sí una inmensa fortaleza contra cualquier intento de sometimiento. Esa fortaleza puede servirnos para impulsar y acelerar los procesos de integración de nuestros pueblos y países. Integración que con respeto a la soberanía de nuestros pueblos, la solidaridad y la colaboración, impulse su desarrollo y una vida digna, en paz y armonía con todos los pueblos del mundo.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Andy Feliciotti (@someguy) / Unsplash.
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