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Griselda, la pandemia sin final: Desaparición

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SOMOSMASS99

 

LA COLUMNA ROTA

Frida Guerrera*

Martes 4 de julio de 2023

 

“Cuando por primera vez te miré con el uniforme de la escuela me sentí orgulloso. Te amo, hija mía. Con todo mi amor para ti”.

– Felipe.

 

La ausencia de alguien que se ama va más allá de mantener la angustia constante por la persona que no es localizada. En medio del dolor, la desesperación, debes empujar a las autoridades para que den respuestas claras, orientación y guía a quien, ignorando los procesos, acude para solicitar ayuda a quienes se supone deberían más que tomarles datos, informarles cuáles son los procedimientos que se deben seguir. Supuestamente el 911 tiene esa finalidad, sin embargo, la realidad es que así no son las cosas para la mayoría de la población.

La colonia El Naranjo, en Chalco de Covarrubias, Estado de México, colindante con Tláhuac, Ciudad de México, es una de esas colonias que nadie voltea a ver, ni siquiera en las recientes campañas para elegir gobernadora en esa entidad, y tampoco fueron visitados por alguna de ellas, a pesar de encontrarse muy cerca de la capital del país. Es uno de esos lugares que nos recuerdan aquellas películas de los años 50, donde la marginación, el hambre, la tierra, la falta de servicios básicos, eran plasmadas como una realidad que muchos vivían. Hoy, esos recuerdos, nos muestran que la desigualdad sigue muy presente en este México. La población que vive en esa colonia, El Naranjo, sigue siendo eso, parte de los olvidados, los nadies. Aquellos que muchos tachan de “flojos”, los que, según muchas clases sociales, “viven así, porque quieren”. Ojalá algunas de estas personas conocieran a profundidad el cómo y por qué viven en tan precarias condiciones.

Benita Pérez y Felipe Antonio son una pareja que desde hace 33 años están juntos. Padres de Griselda Antonio Pérez, su primera hija, y de 6 hijos más. Felipe, originario de la Sierra Norte de Puebla, campesino, decidió junto con su esposa venir a vivir a la Ciudad de México para ver si la economía mejoraba. Hace nueve años viven en esta zona olvidada, una de las muchas que aún existen en el Estado de México. Benita se dedica a las labores del hogar y algunos días de la semana sale a laborar como trabajadora del hogar, en diversas casas. Felipe es albañil, trabaja de sol a sol de lunes a sábado, y cuando hay mucho trabajo hasta los domingos. 

Aquel día que acudimos a su domicilio humilde, que con toda la confianza y amor nos abrieron, la vergüenza nos dio una cachetada. Una casita que apenas está en construcción, un cuarto al fondo funciona como sala con un pequeño sillón de lado derecho de la pequeña y oscura habitación; una cama matrimonial, una litera y otra cama matrimonial de lado izquierdo, una pequeña cómoda con un televisor el cual uno de sus nietos observaba, en el centro una pequeña mesa con cuatro sillas. Ahí mismo, casi en el techo, un altar con imágenes de la Virgen de Guadalupe, Niño Dios y en el corazón de esa iconografía, la foto de Griselda, su hija mayor. La estufa se encuentra afuera de esa habitación, dónde seguramente se instalará la cocina, cuando reúnan el dinero suficiente para terminar de construir su casa.

Su hija de entonces 26 años, madre de tres pequeñas, se había separado de su esposo y padre de sus hijas, decidió sacar adelante a sus niñas con ayuda de sus padres. Trabajaba en Chignahuapan, Puebla, como recolectora de jitomate.Sin embargo, también encontró trabajo en otra empresa en El Paredón, por lo que cada dos semanas acudía a su casa en Chalco para ver a sus hijas y retornaba a laborar. Durante casi dos años todo estaba en orden.  El jueves 18 de noviembre de 2021 salió como de costumbre, se despidió de las niñas, de su mamá y se fue, tenía que llegar a la Central del Norte para trasladarse a Hidalgo, donde se encontraría con su amigo Luis para irse juntos a Chignahuapan y finalmente a El Paredón. La última comunicación que tuvieron con ella fue ese 18 de noviembre a las 21:00 horas, y ya no supieron más. Imaginaron que había perdido su celular porque no contestaba los mensajes. Ya en otras ocasiones había pasado lo mismo.

Pasaron los días. Ella regularmente se comunicaba con las pequeñas. Tenía muchos problemas de señal, en casa sus padres sufren de lo mismo, por lo que tenían que ponerse de acuerdo para hablar con ella. Pero, aunque sea, un mensaje de voz mandaba para hacerles saber que se encontraba bien. Los días pasaban y ella no daba señales de vida. Entonces Benita se comunicó con su amigo Luis, que le contestó solo una vez diciéndole que no sabía nada de ella. Acudieron a Tláhuac donde les indicaron que la ficha de búsqueda tardaría de una semana hasta 20 días. Ahí mismo les indicaron que fueran al lugar donde estaba trabajando, en El Paredón, y que mejor se fueran al Ministerio Público de Hidalgo. Ahí les comentaron que El Paredón pertenecían a Chignahuapan, Puebla, de tal suerte que acudieron hasta el lugar indicado, donde la respuesta fue que se regresaran a donde habían iniciado la denuncia. Rregresaron a Tláhuac, donde les señalaron que mejor intentaran ir a Chalco porque ella había salido de ahí. En su desesperación hicieron una ficha de búsqueda casera donde dieron como número de contacto el de Felipe, en el cual, como es de esperarse en estos casos, intentaron extorsionarlo. Toda la supuesta información que les dieron era mentira.

Benita me buscó por Facebook a finales de marzo de 2022. Fue hasta entonces que empezamos a ver la gran cantidad de errores que han cometido con ella y su esposo. Finalmente, después de hacerles pasar por el infierno de la “ventanilla equivocada”, definitivamente la carpeta de investigación fue turnada a Chimalhuacán, donde hasta el momento se está trabajando.

Por los mismos problemas económicos de la familia, Benita tiene dificultades para trasladarse a la Fiscalía. Recientemente les tomaron las pruebas de ADN para hacer confrontas y lograr encontrar a su hija. Una dolorosa parte es justo estar buscándolas sin vida, pero la prioridad es encontrarlas vivas.

Benita es una mujer alta, pocas veces la he visto llorar, aparenta mucha fortaleza, la cual se vio quebrada en aquella visita. Lloró mucho, nos hizo saber cuánto la extraña y sueña que regresa. En uno de esos sueños, le dijo: ‘mamá, ya no llores, ya estoy aquí’.

Felipe la recuerda mucho de cuando era pequeña. Le duele no haber sido más cariñoso con ella, “pero era lo que a nosotros nos enseñaron, a traer la comida y ya, no éramos de andar diciendo cuanto amamos a nuestros hijos, porque los amamos, pero sí hace falta decírselos más, que lo sientan”. Felipe, un hombre fuerte, al que le cuesta sacar sus emociones, con lágrimas en los ojos nos dice cuanto ama y extraña a su hija mayor. 

Como siempre lo hacemos saber, este espacio es solo el medio para llegar a la conciencia de quienes deciden ponerse en los zapatos, en el dolor de estas familias, en el de las Voces de la Ausencia.

Benita y Felipe escriben estás líneas con la esperanza de que su hija Griselda las lea y ya regrese a casa:

 

Querida hija: Dios nos mandó el regalo más hermoso del cielo, ese regalo eres tú, mi pequeña. Tu llegada a mi vida es lo más hermoso que Dios me dio para ser feliz. Quiero que sepas que te amo con todo mi corazón, siempre estaré contigo, te apoyaré en tus decisiones, disfrutaremos juntas tus triunfos. Hija en la vida, tendrás momentos buenos y difíciles, en todo momento tendrás mi apoyo y amor incondicional. 

Quiero ver que disfrutes la vida con tus hijitas como solían hacerlo que seas feliz es todo lo que quiero te amo mi pequeña princesita hermosa, atentamente. Tu mamá. 

Querida hija, sabes que te amo. Cuando estabas en el vientre de tu mamá, te canté canciones de cuna, tal parece que me escuchabas, te movías dentro de la pancita de tu mamá. Cuando te cantaba tomabas mis dedos, los apretabas con fuerza hasta quedar profundamente dormida, recuerdo tus primeros pasos a los dos años corrías por pan con tu tía Sofía, ella lo anotaba a la cuenta. Cuando por primera vez te miré con el uniforme de la escuela me sentí orgulloso de ti. Te amo hija mía con todo mi amor para ti.

Papá.

 

El dolor de ambos padres es insostenible, la angustia por no saber de ella les carcome a diario el corazón. Además de todo este infierno, deben sacar a sus hijos adelante, a los nietos y, sobre todo, no saben cómo hacerles saber a sus nietas, hijas de Gris, qué es la desaparición y que su mamá está desaparecida. Desde las Voces de la Ausencia seguiremos gritando, buscando, levantando piedras para encontrar a nuestras niñas, niños y mujeres desaparecidas.

La indolencia de las autoridades todos los días rebasa nuestro asombro. Autoridades insensibles, que deberían guiar, asesorar con amor y respeto a las decenas de familias que a diario acuden en todo el país a denunciar la desaparición de alguien que aman. Familias que deben moverse, buscarlas, gritar por ellas, porque si no, las autoridades las dejan en el olvido de la torre de carpetas que a diario se acumulan.

Cuando hablé por primera vez con Benita, me dijo: “No tengo dinero, por eso no me hacen caso, por favor ayúdeme”. Sus palabras se clavan en la mente todos los días. “No tengo dinero, por eso no me hacen caso”.

Al preguntar a las autoridades de la Ciudad de México me hicieron saber que habían cometido el error de iniciar la denuncia y tardar meses en turnarla al Estado de México y Puebla: “Estábamos en pandemia, todo se complicó”. 

Y no, no sólo es en pandemia.


¿Eres madre, padre, hermana, hermano, hija, hijo de una mujer víctima de feminicidio o desaparición? ¿Eres sobreviviente de una relación violenta o intento de feminicidio? Búscanos, ayúdanos a visibilizarlas y a contar sus historias: Voces de la Ausencia.


* Comunicadora libre, bloguera mexicana.

@FridaGuerrera

Facebook: FridaGuerrera Guerrera

[email protected]

Voces de la Ausencia @VocesDLAusencia

Imágenes de interiores proporcionadas por Frida Guerrera.

Foto de portada (ilustrativa): Marino Pietropoli (@martino_pietropoli) / Unsplash.






Luis López




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