SOMOSMASS99
Jatzibe Castro*
Miércoles 4 de octubre de 2023
Consistencia[1]
Su poder consistía en su relación con las élites con mayor poder adquisitivo. Se vanagloriaba de ello en cualquier oportunidad que tenía. Su valía consistía en el sentido altruista que imprimía a sus acciones desde una parte de su actividad productiva. Su cotidiano consistía en ir de un lado a otro dejando una estela dispersa de vanidad mezclada con sencillez aparente, en interacciones entre el esnobismo y la filantropía. Su avidez inconsciente consistía en la egolatría, le gustaba brillar sin importar lo que tuviera que hacer para conseguirlo.
Su consistencia se perdía en su relación con el mundo terrenal, en el entorno inmediato en que existía el equipo itinerante que colaboraba con ella, de por medio un sueldo.
Su cotidiano consistía, sí, en ir y venir, pero cuando se trataba de una de sus múltiples hazañas, estaba no solo desde cerca sino también desde lejos para controlar un orden ilusorio y a unas personas que se esforzaban para que fuera posible. Ella no los escuchaba, no les dejaba ser, mucho menos actuar, lo que pretendía era tenerlos en las redes de su estar presente, aunque superficialmente. Estaba sin estar, estando y estorbando al talento de quienes ella misma elegía y a quienes difícilmente dejaba generar el valor, que se le escurría de entre las manos, porque temía que se desbaratara el acomodo que estaba solo en su imaginario.
¿De qué sirve esa consistencia, que más bien no existe?
Todo empieza en su fuero interno, avasallador por inseguro y superfluo. Porque aun con los estudios y a pesar de ellos, no logra penetrar en las entrañas de ese mundo al que dice querer ayudar y ayuda, en ocasiones, a pesar de ella misma.
La consistencia se le escapa porque no comprende que para construir hay que hacer equipo y que hacer equipo es en colaborar, confiar en el otro y dejarlo actuar, empezando por quienes, bajo su mando, quieren, más allá de obedecer, contribuir a las causas que en su boca, la de ella, suenan a supremacía que voltea hacia abajo desde su pedestal. Mas, quienes han vivido bajo el yugo, y además de sentir la escasez y el desprecio, han logrado penetrar en las entrañas del conocimiento, que asimilan y compaginan con su quehacer, saben lo que hay que hacer, quieren actuar, quieren hacer equipo.
Consistencia sería, si escuchándolos y dejándolos hacer, se dejara sorprender por lo que podrían lograr juntos en la tarea de aportar por los otros, que desde la superficialidad de ella a penas se vislumbra y desde sus entrañas, ellos saben que es posible. La vulnerabilidad con ilustración despierta porque existe la vivencia, que es una maestra con consciencia que, además, la genera. Ese despertar provoca cambios. Si acaso ella lo pudiera ver, avanzaría no solo en su propósito, sino en su aprendizaje y su evolución real. Esa que surge desde el entender al otro, más allá de la mirada propia.
Y seguirá avanzando por los caminos del ayudar, desde su inconsciencia e inconsistencia, acompañada por muchos como ella, que colaboran más por mejorar las condiciones de su dominio, que por comprender y aportar para que exista realmente un mejor mundo en el que todos cabemos sin necesidad de humillación, de consistencia superflua, que lo único que provoca es la falta de empatía y a la larga la consciencia que lleva a la revolución, al cambio con violencia. Ese que ninguno queremos.
Consistencia sería sí, al bajar de su pedestal, reconociera sus miedos, se armara de humildad y construyera con sus poderes reales y los de quienes la acompañan, lo que por ahora solo son voces, anhelos, apenas pinceladas de lo que podría ser una gran obra maestra.
Nota:
[1] La consistencia se considera la cualidad de lo que es estable, la coherencia, lo que permanece y no desaparece fácilmente.
* Jatzibe Castro es pintora y escritora.
Twitter: JatzibeCM
Instagram: Jatzibe_Castro
Fotos de portada e interiores: Joe / Pixabay.

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