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SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 1 de diciembre de 2023

 

Para los pueblos, el camino al desarrollo nunca ha sido fácil ni libre de serios obstáculos, sobre todo desde que el capitalismo se erigió como sistema económico-político dominante, situación que se agravó a partir del tránsito a su etapa imperialista, con el surgimiento de los monopolios y el fortalecimiento del capital financiero. De ahí que en no pocas ocasiones los esfuerzos y luchas de los pueblos por un mejor futuro parecieran retroceder y tomar caminos contrarios a sus anhelos.

Siempre, las fuerzas más reaccionarias de la sociedad han sido el soporte y sustento político de la clase dominante y, sobre todo, de su sector hegemónico, la oligarquía. Esas fuerzas son las que militan en la derecha del espectro político y utilizan cualquier vía posible para alcanzar el poder.

Cuando la derecha controla el poder político impone condiciones, crea mecanismos y copa sectores estratégicos del Estado y del gobierno que aseguren y reproduzcan el estado de cosas que favorecen al capital y a la clase dominante. Y lo que es peor, se subordina a los lineamientos de los centros de poder hegemónicos

Cuando es oposición, mantiene permanentemente una campaña, generalmente con base en mentiras, para desacreditar al gobierno en turno y poder, de cualquier manera, hacerse nuevamente del control del poder político. Se vale fundamentalmente del control ideológico que ejerce mediante el constante despliegue de su visión del mundo y la realidad, a través de los grandes medios de información y comunicación cuya mayoría en los países capitalistas es propiedad de la oligarquía. Centra sus campañas en errores y fallas del gobierno ─muchas de ellas producto de condiciones heredadas de anteriores administraciones de corte derechista─ y su discurso está plagado de anticomunismo, antisocialismo y, paradójicamente, de serios ataques a la democracia liberal, la que el mismo capitalismo impulsa como la ideal.   

Cuando la derecha neoliberal retoma el poder político ocurren retrocesos en aspectos sociales, laborales, jurídicos y, de manera general, en derechos humanos. 

El ejemplo más reciente es el resultado de la elección presidencial en Argentina, país devastado por el neoliberalismo, y al que tras 12 años de gobierno de corte progresista (2003-2015) siguió otro de derecha que continuó con la devastación y dejó al país en condiciones tales que el que le sucedió ─con el Poder Judicial en contra, y por errores propios─ no logró atenuar los efectos del neoliberalismo, de lo que se aprovechó la derecha para imponer su discurso, ganar adeptos y regresar al gobierno, con Javier Milei. 

En buena parte del mundo el triunfo electoral de la derecha argentina causó euforia entre los dirigentes y simpatizantes de esa corriente política. México no fue la excepción. De inmediato los líderes y los principales impulsores de la oposición política de ese signo le enviaron sus parabienes y empezaron a hacer cuentas alegres con miras a la elección federal del próximo año.

Sin duda el triunfo de Milei alentó a la oposición política de derecha. Sin embargo, el contexto político, económico y social en México es muy diferente al de Argentina. El panorama que la derecha presenta de nuestro país, con base en mentiras y distorsiones de lo que realmente sucede, no soporta la mínima confrontación con la realidad. Y no es que todo vaya muy bien ─aunque la derecha dice que todo va muy mal─, sino que los cambios hasta ahora emprendidos dejan ver que las cosas pueden ir mejor en la medida en que la administración pública se aleje del dogma neoliberal y se acerque más al pueblo y, además, que este se involucre, participe activamente e impulse tales cambios.

A la derecha, como al imperialismo, no hay que darle la menor oportunidad de avanzar. Tendríamos que revalorar y apreciar en su justa medida, entre otras cosas: la importancia de la batalla de ideas; la formación teórica y política de cuadros; la construcción de una coherente política de unidad y alianzas; el fomento de la solidaridad con los demás pueblos ─y de ellos con el nuestro─; la defensa de nuestra cultura y la incorporación a ella de lo más valioso de la cultura universal; nuestra relación con el medioambiente; y, reinterpretar objetivamente las luchas históricas de nuestro pueblo.

La derecha, como el imperialismo, busca dividir interna e internacionalmente a los pueblos, para poder someterlos y conducirlos a condiciones que en la práctica significan una involución, para mantenerlos en el subdesarrollo, explotarlos y vivir de ellos.

Nosotros, el pueblo, aspiramos a construir una patria que sea cada vez más justa, unida, libre, soberana.


* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Imagen de portada: Javier Milei. | Foto: Nueva Data.






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