SOMOSMASS99
Jatzibe Castro*
Miércoles 6 de diciembre de 2023
Hubo un día en qué había tanta y tan densa neblina que se había borrado el gran edificio que había osado robarme un cacho de mi cielo. Estuve feliz de ver la magia que se producía al encontrar, a través de mi ventana, blanco, blanco, blanco, el hueco que había significado durante
tantos años la compañía del cielo y que hacía poco tiempo había sido cubierto por esa mole de construcción aún inacabada.
Muchas veces, durante el tiempo que estuvieron construyendo aquel edificio, el ruido que implicaba su existencia creciente, había interrumpido mi descanso. Además de la pérdida de un poco de mi cielo, ese monstruo me quitaba la paz de mis noches. Era increíble como los personajes que trabajaban en ese invasor de cielos y transgresor de sueños no se tocaban el corazón pensando en quienes descansábamos a altas horas de la noche. Yo si pensaba en aquellos hombres que tenían que trabajar en horarios de descanso para ganarse la vida, aunque, de todas maneras, me enojaba sobremanera no poder dormir tranquila como consecuencia de su trabajo.
Después de muchas noches de desvelo, hubo una de ellas que era tanta mi desesperación al escuchar, como si estuvieran a metros de mi casa: firme martilleo, sierras eléctricas cortando a toda intensidad, varillas cayendo constantemente y todo ello produciendo sonidos que lastimaban la escucha del silencio nocturno, y hasta voces lejanas hablando y riendo a carcajadas como muestra de que los trabajadores disfrutaban haciendo lo que hacían sin pensar en absoluto es quienes dormíamos o intentábamos hacerlo. Cómo decía, era tanta mi desesperación que me levanté de la cama, tomé mi teléfono y busqué a quien llamarle para que me auxiliara y encontré un lugar a donde denunciar lo que estaba pasando. Era un número de atención ciudadana y como no contestaban intenté volver a dormir, llamaría la mañana siguiente. Lo hice y estuve contenta, me atendieron amablemente, tomaron mis datos, registraron mi reporte y me dieron otro número al cual llamar cuando lo necesitara.
Mi regocijo fue transitorio, se acabó al llegar la hora de dormir, cuando, no solo habían llegado los trabajadores del horario nocturno, sino que ya habían empezado a hacer el ruido que acababa con mi tranquilidad y la posibilidad de descanso.
Llamé al número de atención ciudadana y además lo hice al de la alcaldía y puse mi queja en la web, lo que me habían recomendado en una de las llamadas. Me sorprendió la rápida respuesta que me mandaron a mi correo electrónico pidiendo más información. La dirección exacta del edificio no la sabía, pero la ubicación que describí era bastante exacta, además de la clara evidencia que significa que en ese camino solo hay un edificio de más de 15 pisos de alto.
También recibí varias llamadas que me decían que no definía la ubicación exacta y que por eso era difícil atender mi queja. Esto resultaba inverosímil, en especial pensamos en los servidores públicos de la alcaldía, porque era de esperarse que, sobre todo la policía que recorre en sus patrullas las calles de la demarcación, y que son los que, supuestamente habían buscado el edificio, estoy segura, sabían perfectamente de la ubicación de aquella ruidosa mole.
Así pasaron los días y las noches que siguieron, por el día llamadas y correos electrónicos y por la noche ruidos y voces que exacerbaban mi ánimo y mancillaban mi descanso. Incluso hubo un día en que los trabajadores osaron ponerse a cantar a todo lo que daba su voz, y aunque el edificio
está aproximadamente a dos kilómetros de mi casa, parecía una perversa serenata abajo de mi balcón.
Otro de aquellos días que se hacían semanas y resultaron meses, ante la falta de apoyo de las autoridades, decidí tomar al toro por los cuernos. Fui a buscar el lugar. Solicité ver al encargado de la construcción, vino a mi encuentro una ingeniera muy amable que me escuchó, al parecer comprensiva, y me dijo que hablaría con los responsables de la asignación de turnos y sugeriría que en los turnos nocturnos se hicieran trabajos que no implicaran molestia. Además, me dio su número de celular y quedó a mis órdenes.
Tuve varias noches de tranquilidad, estuve feliz por ello y la efectividad de mi interlocutora, pero no duró mucho, así que tuve que llamarla para ver qué sucedía. Respondió amable una vez más, me dijo que le extrañaba porque se había atendido mi solicitud, que seguramente algunos personajes no acataban las instrucciones, entonces le dije que un grupo amplio de vecinos nos estábamos organizando para solicitar la suspensión de la obra porque nos sentíamos indignados por la falta de respeto a nuestro derecho al descanso, por intereses privados que no pensaban en los otros. Me pidió solícita que esperáramos un poco para acudir a las autoridades. Afortunadamente mi amenaza surtió efecto. El ruido nocturno cesó y tuve la certeza de que más vale una amenaza que una solicitud amable.
Ojalá la neblina pudiera borrar en verdad lo que no queremos ver, pero solo es un fenómeno natural pasajero que nos hace pensar que no existe lo que no vemos, aunque sepamos que ahí está.
* Jatzibe Castro es pintora y escritora.
Twitter: JatzibeCM
Instagram: Jatzibe_Castro
Fotos de portada e interiores: Jatzibe Castro.
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