SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 8 de diciembre de 2023
En el transcurso de su desarrollo los seres humanos han sido capaces de descubrir muchas de las leyes objetivas que gobiernan y determinan el comportamiento del universo y la naturaleza ─o de elaborar hipótesis que conducen a esos descubrimientos─, así como de crear condiciones y medios materiales que, de alguna manera y en cierta medida, han permitido mejorar sus condiciones de vida y la reproducción de su existencia, como parte del proceso que algunos llaman civilización.
La interacción entre los miembros de las diferentes comunidades humanas y de estas con la naturaleza ha forjado, a través del tiempo, en gran medida sus culturas, algunas con rasgos que en la actualidad parecen cuestionar ese proceso civilizatorio.
Entre esos rasgos podrían citarse la guerra, la explotación de otros seres humanos, la discriminación, las clases sociales, el odio y violencia hacia los diferentes, todo ello entre nosotros mismos; pero también existen prácticas y actitudes en las que como «humanos» afectamos y atentamos contra la naturaleza y contra otros seres vivos. En el primer caso, por el afán desmedido de lucro; en el segundo, producto de «tradiciones» o deformaciones culturales en las que quienes las promueven obtienen, generalmente, beneficios económicos.
Una de esas prácticas es la llamada «fiesta taurina», las corridas de toros, «espectáculo» colmado de crueldad en el que la gente acude a celebrar la muerte de un animal, el toro, que ha sido criado y acondicionado para que en determinadas circunstancias ─ajenas a su hábitat─ responda de una manera supuestamente salvaje y agresiva.
Y frente al toro, el torero. Una persona con instrumentos para engañar y, al final, matar al animal. Pero no está solo, cuenta además con todo un equipo de gente con aperos que castigan, desgastan y hacen sufrir al animal de modo tal que llega prácticamente exhausto al momento de su ejecución.
Lo anterior viene al caso por una nota periodística (La Jornada, 07-12-2023) en la que se informa que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) deja sin efecto la suspensión que un juez de distrito había impuesto a las corridas de toros.
Utilizando preceptos legales, que pudieran calificarse de arcaicos, la SCJN canceló la suspensión con el argumento de que «afectaba los derechos legales de las empresas y personas que se dedican a este espectáculo» (misma nota), dado que la misma Corte considera que ese tipo de espectáculo constituye una actividad lícita.
En muchos países es repudiada y castigada la crueldad contra los animales. En México, tenemos legislación que protege a los animales y castiga a quienes ejercen crueldad y maltrato contra ellos, entre otras: Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, la Ley General de Vida Silvestre, la Ley Federal de Sanidad Animal, La Ley de Protección a los Animales de la Ciudad de México y el Código Penal para el Distrito Federal.
No obstante ello, en el caso de las corridas de toros la SCJN da la razón a aquellos que defienden una «tradición» cuyo fundamento, disfrazado de arte, es la crueldad contra un animal, en un «espectáculo» que culmina con su ejecución. Y como colofón, en dependencia del nivel de aprobación de la cruel tarea del torero, los espectadores obsequian a este con algunos apéndices de la víctima.
Tradiciones como esta y otras relacionadas con la crueldad contra los animales, así como las prácticas que derivan en depredación de la naturaleza y en despojo a los más vulnerables, dan cuenta de la escala de valores de una sociedad y muestran la descomposición que hay en ella.
Si deseamos transformar nuestro país y construir una sociedad ─o un mundo─ mejor, tal vez podríamos comenzar por una revisión crítica de los valores que como sociedad practicamos y defendemos; sustituir aquellos que nos dividen y degradan nuestra condición de seres humanos por otros que estimulen la cohesión social, la solidaridad, la fraternidad, el respeto al medioambiente y nos hagan merecedores de tal condición.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Jo-Anne McArthur (@weanimalsmedia) / Unsplash.
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