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De vecinos indiferentes

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Lunes 11 de diciembre de 2023

 

Lo preocupante no es la perversidad de los malos 

sino la indiferencia de los buenos

– Martin Luther King

 

Lo terrible de los dramas es que suceden cuando no los esperamos.

Y sí, claro, el hecho de que son dramas.

Aquella noche, los vecinos de la cerrada se fueron a dormir como acostumbran  hacerlo: unos arropan niños, otros se ponen su suéter preferido, no importa que no sea piyama, otros apagan las luz a las diez en punto, aquella checa que el esposo esté ya roncando y se come por fin a solas sus galletas cotidianas y aquel otro espera a que por fin el sueño le haga señas, sentado frente a la tele, cigarro en mano.

Por ahí de las doce, ladraron los perros. Son numerosos en esa cerrada, nadie confía realmente en la alarma vecinal. Una señora se asomó a la ventana, vio a los gatos de siempre jugando a media calle, llamó a uno de ellos, quien claro no le hizo caso, -cómo por qué querría regresar a casa si andaba con los cuates-, y regresó a dormir.

Dio la una, y los perros se alebrestaron otra vez. Se prendió una luz. Nada en la calle, pinches perros despertando a todos.

A las 4 en punto, otra vez, pero los ladridos sonaron con desesperación, hasta con eco.

Nadie se asomó, una de las vecinas inclusive se acomodó pensando que lo que quería era dormir. Sí, le pareció oír un chillido, pero estaba ya harta de ir a ver qué les pasaba a los perros.

Por ahí de las 6, la vecina de la casa azul, vio un cuerpecito en la calle. No se inmutó, tenía que atender al esposo.

Nadie más vio, nadie se movió, nadie salió.

Los niños fueron despertados, los desayunos servidos, se prendió el primer cigarro  del día.

Más tarde, mucho más tarde, los de la casa que tiene cámaras verificaron como lo hacen todos los días si la noche se había desarrollado de manera normal. Fue duro.

Porque, sí, el asesinato quedó grabado.

Y sí, la vecina que luego juró después no saber nada, fue la que señaló el lugar del crimen a las autoridades y pidió que levantaran el cuerpo.

 

Las noches siguen igual en esa cerrada, a veces ladran los perros, a veces no. Los niños duermen arropados, están seguros con papá y mamá.

Sólo la señora que decidió seguir durmiendo llora de repente.

Porque el chillido fue el de su gatita, y si los perros ladraban de manera frenética, era porque afuera, una jauría de perros de calles citadinas había matado a la gatita que no quiso regresar a casa porque en ese momento era feliz con sus cuates.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es pintora y escritora.

[email protected]

@GwennFolange

Foto de portada: Pixabay.






Luis López




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4 Comentarios

el 11/12/2023

Ouuffff… duro relato….

Todos hemos perdido a un compañero, pero más cuando nos puede morder un sentimiento de culpa.
Pero, como dices, no fue nuestra decisión. Tal vez de la victima o del verdugo, pero seguro el destino lanzo los dados cargados para recuperar a la pequeña fiestera…

el 11/12/2023

Yo que no insistí. Que no salí a ver. Así fue.

el 12/12/2023

Luego hay mil señales y por andar en lo cotidiano, por flojera o desidia no hacemos algo. Pobre gatita. Pobres de todos a los que la indiferencia de los demás no los auxilia, no los piensa y mucho menos los salva.

el 12/12/2023

Pobres los que vemos y oímos y nada hacemos
Necesitamos despertar



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